Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento comienzan con una referencia explícita al Espíritu:

"...Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las agua" (Gén.1)

"No temas, María... El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra..." (Lc.1)

Y en el salmo 63:

"Mi aliento está pegado a ti y tu diestra me sostiene".

Este número está dedicado a nuestra Espiritualidad. Sin ella quedamos reducidos a biología, a dinámica física, a energía cuántica, a pura materialidad, a mero grupo, a activismo, a ascética triste, a puro cansancio que desgasta sin sentido. Con ella, somos vida, ilusión, comunidad , sentido, liberación, entrega amorosa.

El instrumentum laboris del reciente Congreso mundial sobre la Vida Religiosa nos deja algunos puntos hermosos que iluminan el estado de la espiritualidad de los religiosos y religiosas:

De una espiritualidad sana y vigorosa brotan las mejores perspectivas para una auténtica renovación de la vida consagrada hoy y para una revitalización de su misión. Percibimos en nuestro mundo una fuerte sed de lo sagrado, un anhelo de espiritualidad, de sentido y de trascendencia ("Pasión por Cristo y pasión por la humanidad", n.41).

En la medida en que no hay noticias de Dios, el vacío de su eco y de su presencia inquieta el corazón de los hombres y los deja en un estado de nerviosismo y de tristeza existencial que les pone en movimiento individual y colectivo en busca del sentido del camino borroso:

De noche iremos,
de noche,
que para encontrar la fonte
sólo la sed nos alumbra"

(S. Juan de la Cruz)

¿No nos pasa esto también a nosotros los religiosos que, también nos vemos como en una noche oscura que atravesamos en mayor o menor soledad calladamente, cada cual con su pensamiento y sentimiento sin compartir?

La sed de Dios y de espiritualidad propia de nuestro tiempo, junto con la tendencia idolátrica y secularista, nos ofrece la oportunidad de purificar nuestra visión de lo religioso, encontrar nuevos caminos para expresarlo, viviendo así nuestra pasión por el Dios de la Alianza. La Vida Consagrada recuperará entonces su identidad, si aparece y actúa como testigo de Dios, anunciadora de su Reino; si se implica en procesos serios de espiritualidad, para poder escuchar inteligente y empáticamente las emociones y sentimientos del corazón humano (id, nº 43).

El enemigo de la libertad, como del amor, es el miedo; éste es el que nos esclaviza y nos sume en el sinsentido del vivir. El Espíritu lo vence y nos hace libres. "Habéis recibido un Espíritu de hijos para llamar a Dios Abba". El hijo no vive en temor.

Tiempos críticos, pero tiempos de purificación y de creatividad también para nuestra espiritualidad, individual e institucional.