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Oración comunitaria

(M. Por un Mundo Mejor)

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Lectio divina

(M. Por un Mundo Mejor)

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"Decálogo" para recordar sanamente...

(Francisco Álvarez)

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¡Qué bien que hayas venido!

(J. E.)

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Encender el fuego

(Joan Escales)

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Como en el número anterior (Vida Fraterna), también en éste (Espiritualidad), considero importante que el re-conocimiento y la reflexión de lo que nuestros Capítulos (General y Provincial) han dicho sobre nuestra línea política eje de nuestra vida (Espiritualidad en esta ocasión) para este sexenio, del que ya llevamos casi dos años recorridos, sean impulso para nuestras vidas y no se queden en papel mojado.

En el caso de nuestra Espiritualidad, aunque a nivel de evidencia todos aceptamos la importancia de la Espiritualidad en las vidas personal e institucional de todos, por razón de vida en sí misma, no hay tantas aportaciones como en el área de nuestra vida en fraternidad, o de la misión, del laicado, etc. Y, por otra parte, casi todas las aportaciones sobre nuestra espiritualidad son repeticiones de consideraciones ya conocidas previamente o insistencias para vivir con más intensidad y actualización lo que ya nos hemos dado o en Capítulos anteriores o en las Constituciones y otros documentos propios.

¿No será que todavía no le hemos dedicado aún el tiempo necesario, las energías, las personas y los medios necesarios para definitivamente "hincar el diente" al estudio y a la posterior difusión de nuestra espiritualidad específica calasancia y escolapia? ¿Conocemos las características propias de nuestra espiritualidad? ¿No estamos bebiendo en sólo fuentes comunes, importantes y necesarias, pero incompletas para nuestra vivencia y experiencia personal e institucional evangélica y cristiana escolapia? ¿Es igual nuestra espiritualidad que la de todo y sólo bautizado, que la de un jesuita o franciscano,…?

Después de esta reflexión pasamos a refrescar lo que acaban de decir nuestros Capítulos:
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 CAPÍTULO PROVINCIAL

Únicamente en las aportaciones de la Comisión Capitular sobre Vida Religiosa hay esta afirmación: Es muy difícil potenciar nuestra espiritualidad calasancia sin recuperar el espíritu de oración y pobreza con verdadera transparencia".

Es una invitación a relacionar nuestra espiritualidad con la oración y la vida en pobreza. Hay una conexión importante que va más allá de la sola oración: la del compartir, la austeridad de vida, la relación con los pobres, ser conscientes de que estamos de paso, de que nuestros bienes son de y para todos, y otras aplicaciones en esta línea muy calasancia: la pobreza, nos harían mucho bien personal e institucional, creo yo.
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 PROGRAMACIÓN BIENAL DE LA PROVINCIA

Hay una particular novedad en la invitación a avivar nuestra espiritualidad, en nuestro caminar comunitario espiritual clásico, que consiste en adentrarnos en el compartir la interioridad espiritual en comunidad mediante métodos nuevos idóneos para ello (Lectio Divina, compartir comunitario de problemas, gozos, dificultades…) y en nuevos estilos de oración: de contemplación, interiorización y de silencio interior. Y todo esto con la actitud de una búsqueda, entre todos, de una comunidad de vida antes que una comunidad de trabajo que es lo que hemos primado de hecho. Y es que si falta la espiritualidad, la vida es actividad más que seguimiento, la misión deviene en tarea, la vocación en función (M.Légau), la comunidad en grupo de trabajo, la Iglesia en institución meramente funcional…
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 CAPÍTULO GENERAL

La segunda política pretende impulsarnos a

"Crecer en la vivencia de la espiritualidad calasancia".

Los planes operativos para ello son:

"Favorecer en nosotros experiencias de fe, con actitudes de escucha y silencio, para crecer en la conciencia de ser comunidades de fe".

El Capítulo nos presenta también otros planes operativos ya conocidos y puestos en práctica en nuestra Provincia: Ejercicios Espirituales anuales, retiros espirituales comunitarios (al menos tres al año) y otros encuentros de tipo espiritual. Otra cosa es que todos seamos fieles a estas experiencias y que las realicemos a nivel de Provincia o de Comunidad. Los Superiores cuando ven religiosos que no hacen estos Ejercicios o/y Retiros, suelen ponerse nerviosos o se tensionan en la relación con esos religiosos. Yo me pregunto más bien por lo que hay o puede haber detrás: ¿hay realmente una actitud de desidia o de abandono en el cultivo de la interioridad y de la capacidad contemplativa de la persona, del religioso y más concretamente del escolapio? ¿No será también que no acabamos de ofrecer lo que realmente necesita nuestra interioridad en esos Ejercicios y Retiros? ¿Éstos no pueden ser, en muchos casos, meras prácticas de un mero cumplimiento? Sea como sea, nunca evidentemente puede haber una justificación para un raquitismo espiritual o una vida interior arguellada. Todos estamos comprometidos en hacer una comunidad de fe, en vivir experiencias de fe compartidas, en comunicar a los hermanos lo que el Espíritu va haciendo crecer en cada uno de nosotros y en recibirlo con una actitud de profundo respeto, con gran gratitud y con gozo porque Dios sigue actuando en cada persona y comunidad.
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 PROGRAMACIÓN BIENAL DE LA CONGREGACIÓN GENERAL

Los objetivos que nos proponen para conseguir profundizar en nuestra espiritualidad son:

"Conseguir una celebración de la Eucaristía participada, jugosa y profunda, tanto cuando se celebra en comunidad como en servicio pastoral" (al menos una semanal o quincenal, nos dicen en las actividades).

"Hacer de los Ejercicios Espirituales anuales una honda experiencia espiritual personal y comunitaria".

Mi reflexión va dirigida sobre todo al objetivo de la Eucaristía comunitaria participada, jugosa, viva. Me parece que estamos renunciando al canto "porque somos pocos", a los símbolos porque "hay que ser sencillos" (y caemos en la pobreza o miseria litúrgica: capillas de algunas comunidades que no tienen el lugar idóneo y adecuado para la proclamación de la Palabra; o un altar que es más armario de libros, cálices, vinajeras…, que verdaderas mesas o aras eucarísticas o esculturas de la Virgen o de San José de Calasanz, o cuadros suyos con colores ajados por el paso del tiempo y el sol sobre ellos, ausencia de flores, velas sucias y viejas, cálices sin dorado de hace mucho tiempo, manteles sucios, etc.). Es cierto que no está aquí la esencia de la espiritualidad y que quedarse ahí es hipocresía, pero los signos son expresión de lo que vivimos y, a la vez, también tienen su arte de causa para vivir mejor lo interior. ¿No se cuida, o debe cuidarse, acaso el detalle en la relación interpersonal, y en los gestos y símbolos de la fiesta? El detalle en la relación es expresión y a la vez causa de buena calidad en la misma.