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Como en el
número anterior (Vida Fraterna), también en éste
En el caso de nuestra Espiritualidad, aunque a nivel de evidencia todos aceptamos la importancia de la Espiritualidad en las vidas personal e institucional de todos, por razón de vida en sí misma, no hay tantas aportaciones como en el área de nuestra vida en fraternidad, o de la misión, del laicado, etc. Y, por otra parte, casi todas las aportaciones sobre nuestra espiritualidad son repeticiones de consideraciones ya conocidas previamente o insistencias para vivir con más intensidad y actualización lo que ya nos hemos dado o en Capítulos anteriores o en las Constituciones y otros documentos propios. ¿No será que todavía no le hemos dedicado aún el tiempo necesario, las energías, las personas y los medios necesarios para definitivamente "hincar el diente" al estudio y a la posterior difusión de nuestra espiritualidad específica calasancia y escolapia? ¿Conocemos las características propias de nuestra espiritualidad? ¿No estamos bebiendo en sólo fuentes comunes, importantes y necesarias, pero incompletas para nuestra vivencia y experiencia personal e institucional evangélica y cristiana escolapia? ¿Es igual nuestra espiritualidad que la de todo y sólo bautizado, que la de un jesuita o franciscano,…? Después
de esta reflexión pasamos a refrescar lo que acaban de decir nuestros
Capítulos: CAPÍTULO PROVINCIAL
Únicamente
en las aportaciones de la Comisión Capitular sobre Vida Religiosa hay
esta afirmación: Es muy difícil potenciar
Es una
invitación a relacionar nuestra espiritualidad con la oración y la vida
en pobreza. Hay una conexión importante que va más allá de la sola
oración: la del compartir, la austeridad de vida, la relación con los
pobres, ser conscientes de que estamos de paso, de que nuestros bienes
son de y para todos, y otras aplicaciones en esta línea muy calasancia:
la pobreza, nos harían mucho bien personal e institucional, creo yo. PROGRAMACIÓN BIENAL DE LA PROVINCIA
Hay una
particular novedad en la invitación a avivar nuestra espiritualidad, en
nuestro caminar comunitario espiritual clásico, que consiste en
adentrarnos en el compartir la interioridad espiritual en comunidad
mediante métodos nuevos idóneos para ello (Lectio Divina, compartir
comunitario de problemas, gozos, dificultades…) y en nuevos estilos de
oración: de contemplación, interiorización y de silencio interior. Y
todo esto con la actitud de una búsqueda, entre todos, de una comunidad
de vida antes que una comunidad de trabajo que es lo que hemos primado
de hecho. Y es que si falta la espiritualidad, la vida es actividad más
que seguimiento, la misión deviene en tarea, la vocación en función (M.Légau),
la comunidad en grupo de trabajo, la Iglesia en institución meramente
funcional… CAPÍTULO GENERAL La segunda política pretende impulsarnos a "Crecer en la vivencia de la espiritualidad calasancia". Los planes operativos para ello son: "Favorecer en nosotros experiencias de fe, con actitudes de escucha y silencio, para crecer en la conciencia de ser comunidades de fe".
El Capítulo
nos presenta también otros planes operativos ya
PROGRAMACIÓN BIENAL DE LA CONGREGACIÓN GENERAL Los objetivos que nos proponen para conseguir profundizar en nuestra espiritualidad son: "Conseguir una celebración de la Eucaristía participada, jugosa y profunda, tanto cuando se celebra en comunidad como en servicio pastoral" (al menos una semanal o quincenal, nos dicen en las actividades). "Hacer de los Ejercicios Espirituales anuales una honda experiencia espiritual personal y comunitaria". Mi
reflexión va dirigida sobre todo al objetivo de la Eucaristía
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