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Oración comunitaria

(M. Por un Mundo Mejor)

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Lectio divina

(M. Por un Mundo Mejor)

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"Decálogo" para recordar sanamente...

(Francisco Álvarez)

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¡Qué bien que hayas venido!

(J. E.)

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Encender el fuego

(Joan Escales)

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  INTRODUCCIÓN 

La lectio divina nació como oración personal en la soledad que permite, con todas las características de la oración “en secreto” (Mt.6,6), tener un encuentro transformante con el Señor, ser discípulos dóciles suyos, crecer en el deseo y en la vida de comunión con Él, activar la profunda y radical libertad que ayuda a vivir en la alegría, sabiendo ofrecer por amor y con amor las tribulaciones y teniendo paz y esperanza en quien se encuentra en ella.

Concretamente hay que tener siempre presente que es fundamental respetar una serie de condiciones de tiempo, ambientales y psicológicas, que, sumadas todas, facilitan la toma de conciencia y el recogimiento orante y adorante de la presencia de Dios Trinidad:

Hay que elegir una hora concreta en el arco de la jornada o de la semana.

Se debe establecer también la duración de esta experiencia de oración: no dedicar menos de media hora cada vez.

Colocarse en un ambiente habitual dedicado a la oración: iglesia, capilla o en la propia casa, a campo abierto..., pero siempre en un lugar silencioso, idóneo y prefijado para la oración.

  INVOCACIÓN INICIAL 

Antes de comenzar a leer (primer momento), hecha una elección bien precisa del texto, invocar a la Santa Trinidad o al Espíritu Santo con una oración de la liturgia o escrita por uno mismo con expresiones bíblicas y litúrgicas (“Dios mío, ven en mi auxilio” – “Tú eres mi pastor, nada me falta” – “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” – etc...)

  LECTURA / PROCLAMACIÓN 

Leer con respeto, lentamente, con deseo de acoger y conocer la Palabra del Señor, experimentado eso de “vender todo” (Mt 13,44-46), pensamientos, sentimientos, deseos, etc., para así conquistar el tesoro y la perla que es Él mismo, sentido y razón de la vida de mi persona.

  MEDITAR 

Para meditar, retomar cuanto se ha leído, utilizando como estímulo y pista ºde meditación una serie de preguntas semejantes a éstas:

¿Cuándo se ha expresado el Señor de este modo por medio del hagiógrafo, de la persona que ha escrito este texto? ¿Cuáles eran los problemas o situaciones que interpretaba y a las que daba orientación o respuesta?

¿Hay otros textos bíblicos, citados en las notas de la Biblia, o al margen (textos paralelos) que pueden ayudarme a comprender mejor el mensaje del texto?

¿Qué hechos o compromisos se subrayan como itinerario positivo para la fe y la caridad, o son denunciados como inoportunos, arriesgados, o a evitar?

Este texto ¿me interpela personalmente en recuerdos de mi pasado, o en alguna constante de mi modo habitual de pensar, de mi actuar y sentir, o de mi modo de comportarme acostumbrado?

  ORACIÓN 

Orar después implica la capacidad de explicitar un diálogo con el Señor que llega a ser cada vez más agradecimiento, alabanza, súplica, petición de sus dones y de perdón, intercesión para otras personas, memoria de intercesión para la comunidad, para la Iglesia...

Puede ayudarnos la consideración de la intercesión de Abraham (Gn.18,16-33) y de los cuatro primeros discípulos que “pronto le hablaron de la suegra enferma de Pedro” a Jesús (Mc.1,30b)

  CONTEMPLACIÓN 

Contemplar es cesar el diálogo y centrarse en una experiencia gozosa de adoración que, sin palabras, reconoce y vive la identidad única y trascendente del Señor; y conduce a dejar resonar frontalmente por dentro una Palabra precisa, o a acoger el sentido cristiano (capacidad de ir concreta y eficazmente a Jesús) de un acontecimiento, de un hecho, de un proyecto...

COMPARTIR 

Después de la meditación y de la plegaria silenciosa, el compartir ha de ser hecho desde lo profundo de uno, en clima de oración.

Hay que evitar hacer disertaciones teológicas o sociales.

Además resulta inoportuno hacer alguna referencia a alguna persona concreta presente o no presente (a lo que ha dicho previamente, a un hecho de su vida a un consejo que dio, o a “como ha dicho N.”, o a un comportamiento suyo partiendo de la Escritura...).

La comunicación puede ser sobre la expresión de lo que la Escritura puede decir, o del ánimo y valor que transmite, de la paz interior que proporciona, de algo constructivo para mi vida, del crecimiento personal que aporta...

Si la experiencia fraterna del compartir resultase difícil dentro del grupo o de la comunidad por alguna tensión fuerte más o menos consciente, es mejor hacer dicho compartir, a modo de “oración de los fieles”, en el que todos los presentes son invitados a expresar una intención que tiene resonancias con el texto bíblico.

  COMPROMISO 

Es oportuno acabar con cierta prontitud y respeto religioso, siendo fieles al tiempo establecido, proclamando un salmo que se dirija particularmente al corazón o con una oración elaborada por nosotros mismos, siempre con expresiones bíblicas y litúrgicas de acción de gracias por el don recibido.