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Oración comunitaria

(M. Por un Mundo Mejor)

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Lectio divina

(M. Por un Mundo Mejor)

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"Decálogo" para recordar sanamente...

(Francisco Álvarez)

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¡Qué bien que hayas venido!

(J. E.)

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Encender el fuego

(Joan Escales)

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Cada vez que se proclama la Palabra de Dios en la asamblea de los fieles, llega a ser Palabra, viva, es presencia de Cristo, ya que es Él quien habla cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura (S.C.7).

A través de la aceptación de la Palabra, el Espíritu de Dios “recoge” a cada uno y a todos en la unidad, según el don personal de Cristo a cada uno.

La Palabra llega a ser signo eficaz de la comunión entre nosotros: es verdadera “comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo” (1 Jn. 1,1-3). Así se construye aquella comunión humano-divina en la que reside el Misterio de la Iglesia.

 ORACIÓN COMUNITARIA QUE PROPONEMOS

La oración comunitaria que proponemos consiste simplemente en decir, en medio de los hermanos y en voz alta, lo que la Palabra de Dios nos interpela para nuestra salvación y lo que provoca en nosotros como respuesta de fe (cfr. Col.3,16).

De tal modo se enriquece la oración personal, que llega a ser más plenamente escucha de Dios, que habla de muchos modos y maneras (Hebr. 1,1).

Además, este tipo de oración es un vehículo del don de nosotros mismos y de la aceptación de los hermanos, de modo que es a Dios a quien comunicamos , a la vez que se enriquece en cada uno la posesión de Dios.

Se trata de un alimento mutuo a partir de la Palabra, que nos compenetra y une en cuanto miembros de la comunidad, pasando del uno al nosotros a través del diálogo.

Se comprende así la fuerza del diálogo de la fe, que madura a cada uno y a todos, poniéndonos en contacto con la propia fuente primigenia, la Palabra; y, confirmando la esperanza, da un nuevo impulso a la caridad.

  Estilo

Se comienza con un verdadero silencio externo, al que sigue el silencio interno para alcanzar el ambiente de oración.

Después se proclama el texto evangélico.

A medida que cada uno va trabando relación personal con el Mensaje, expresa sencillamente en voz alta la resonancia que la Palabra de Dios provoca en él. Tal vez no todos tengan algo que decir; pero sí todos tienen algo que escuchar.

No se trata, por tanto, de hacer una homilía, ni de hacer una catequesis; ni siquiera es una reflexión dialogada sobre el Evangelio. Es plegaria en común.

  Método

Puede variar, según las experiencias diversas, pero proponemos algunas sugerencias:

  • Puede resultar útil determinar previamente, de común acuerdo, el texto bíblico.

  • Al principio, parecen más idóneos los Sinópticos y gran parte de la predicación kerigmática de Hechos de los Apóstoles. Después, las exhortaciones pastorales de las cartas de Pablo, Pedro, Santiago; las cartas de Juan y su Evangelio; otros pasajes del Nuevo y del Antiguo Testamento.

  • Tal vez convendrá desentrañar primero, muy brevemente, el contexto inmediato y mediato del pasaje bíblico, cuando sea necesario, para comprender el sentido literal del texto, con el fin de eliminar los obstáculos para la comunicación religiosa.

  • El número de los participantes no deberá superar las diez o doce personas. En un grupo más numeroso es difícil que todos puedan expresarse y, además, llevaría excesivo tiempo.

  • Proclamado, al principio, el texto elegido, no se debe obligar a nadie a hablar. Se requiere la máxima espontaneidad, sin miedo al silencio, por prolongado que sea.

  • No se debe proceder por preguntas y respuestas.

  • La oración comunitaria concluye o con una plegaria cuanto se ha dicho, o con invocaciones espontáneas de los participantes.