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Tan solo hace unos días que había
terminado la carrera y acababan de
De los escolapios sólo conocía su existencia por una escueta referencia a un pedagogo español del siglo XVII que había fundado un instituto en Roma para enseñar a los niños marginados. - Tengo que informarme sobre estos escolapios – pensé -; no puedo acudir a la entrevista sin saber quienes son. En la biblioteca apenas encuentro nada; probemos en Internet: www.google.com .... Escolapios .... Páginas en español ... Búsqueda en Google. ¡10 de aproximadamente 29300 páginas en español de escolapios! Es lo que tiene; sólo de ver el número te abrumas. Entonces me acordé de Javier, un amigo de la Escuela de Magisterio, que trabajaba como profesor en un colegio de escolapios. - No tendrás algún libro sobre los escolapios - le pregunté sin vacilar después de saludarle por el móvil - . - Pues sí - me respondió con una seguridad inusitada de la que entonces no me percaté -; quedamos a tomar algo y te lo llevo. Al observar los dos libros finos que me alargaba tras saludarnos en el bar donde habíamos quedado, pensé que mi amigo podría ponerme al día de manera más rápida y concreta. Pero, Javier no estaba por la labor y, con gran sorpresa por mi parte, rehusó contarme nada hasta que no me los hubiera leído. De regreso a casa un poco contrariado, me acomodo en el sillón y miro de reojo los libros sobre la mesa. "Experiencia cristiana y espiritualidad calasancia"; "Espiritualidad y Pedagogía de San José de Calasanz"... Los títulos no eran muy alentadores. Probemos con el segundo. De pedagogía algo entiendo. Veamos: período fundacional, consolidación, crisis, ... aportaciones pedagógicas nacidas de su experiencia. Esto, suena bien. ¡Calasanz hacía ya selección y formación del profesorado! ¡Amplió el currículo vigente orientándolo hacia la cultura humanística y hacia materias como las matemáticas, la caligrafía o la música, que daban acceso a oficios remunerados! ¡Promocionó la innovación en la metodología!
Sin darme cuenta surge en mi ánimo
una predisposición favorable hacia
¿Tendría Calasanz este conflicto? Empiezo a leer y me entero de que ya en Roma, Calasanz se apuntó a varias ONG’s de la época. ¡Vaya, pues sí que debía tener el conflicto en cuestión, porque siendo sacerdote como ya era, tenía el gusanillo de la acción social! Sigo leyendo y resulta que cuando se le presenta la oportunidad de conseguir lo que había ido a buscar a Roma, la desprecia por enseñar a leer y escribir a los niños más pobres del barrio más pobre. ¡Toma solución al conflicto! Es como si me apunto de voluntario en una ONG importante para promocionarme socialmente y cuando me ofrecen un puesto de responsabilidad, renuncio y me pongo a luchar contra el analfabetismo en un barrio de chabolas. Y encima, no contento con su entrega, convence a unos amigos para vivir en comunidad entregados a la misión de enseñar a los niños pobres. Vamos, que se montó una ONG que ¡ya tiene más de 400 años! No puede ser, habida cuenta que la mayoría de los voluntarios de hoy mantienen su compromiso durante unos pocos años y luego si te he visto no me acuerdo.
Algo tuvo que pasar para que
surgiera en Calasanz esa espiritualidad
Desde este momento la figura de Calasanz me resulta tan sugerente que me siento llamado a bucear abiertamente en su vida interior, sondeando en cómo se forjó esa transformación de su espiritualidad convencional en la espiritualidad específica que plasmó en las constituciones. ¿De dónde surgen esos valores de abnegación, entrega, sencillez, humildad, desprendimiento, ... que aún hoy resultan tan carismáticos? Poco a poco creo descubrir que la palabra clave es conversión. Llegó a Roma para ascender ... y descendió hasta donde sólo con la fuerza del espíritu se puede descender. El contacto con la marginalidad romana obró el milagro de esa conversión, tan drástica como la del más abnegado de los misioneros. Abrazó la pobreza como muestra de su seguimiento de la propuesta evangélica más radical y apostó por una pedagogía específica, entendida como cooperación con el plan de salvación que nos trasmite Jesús. ¡Qué hermosas las palabras con que Calasanz nos propone el camino a seguir! ¡Y qué actuales! "... Abajarse a dar luz a los niños, en particular a los que son como desamparados de todos, que por ser oficio tan bajo y vil a los ojos del mundo, pocos quieren abajarse a él y suele dar Dios ciento por uno." Ante mis ojos va apareciendo un hombre de esperanza, buscador de la transformación social, constructor de la paz, promotor de la felicidad, cooperador de la verdad, abierto a todos los credos e ideas, ... Varios siglos después de la "Gaudium et spes", este hombre singular ya había entendido la vocación humana como comunicación con Dios, fraternidad con los demás y transformación de la sociedad.
Algo empiezo a descubrir. La
misión educadora de Calasanz tiene
Resulta maravilloso comprobar cómo se desarrolla esta capacidad en Calasanz a lo largo de su vida y, sobre todo, en el período de discernimiento que precede a la redacción de las Constituciones. Al día siguiente, quedo con Javier. En seguida, se da cuenta de mi pequeña conversión y sustituye su medida contención de la primera cita por una desbordante exaltación de la espiritualidad cristiana como fuente de la pedagogía calasancia, haciendo suyas hermosas palabras que ya había leído en los libros que me dejó: - Seguir a Jesús – me dice con pasión -, no es adherirse a una propuesta ideológica, ni comprometerse con un perfeccionismo moral personal, ni vincularse a un sistema eclesiástico. Seguir a Jesús es tender a una sola cosa con su persona, consentir que su Espíritu se sitúe en lo más profundo de nuestra intimidad. Calasanz así lo entendió y entregó su vida a una acción educadora transformadora de la sociedad, en un momento histórico enormemente necesitado de la actuación pastoral y social que él promovió. - Javier, ¡ni que fueras escolapio! – exclamo sin poder evitarlo -. Una amplia sonrisa se dibuja en sus labios mientras se despide con un cariñoso apretón de manos. Aquella tarde tengo la entrevista con el director del Colegio. Tenía que haberlo sospechado. Al otro lado de la mesa, Javier me recibe con la más acogedora de sus sonrisas. Sobran las palabras.
Este es mi tercer año como
compensador en el colegio y lo tengo claro: salvando las distancias, ...
he encontrado en Soria la manera definitiva de servir a Dios haciendo el
bien a los niños, y no lo dejaré por nada del mundo. |
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