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CUATRO PALABRAS SOBRE VOCACIONES

La pastoral vocacional contextualizada 

(P. Fernando Negro)

Caminando hacia la elaboración de un Proyecto de Pastoral Vocacional

(P. Andrés Cantos Marcos)

La pastoral vocacional auténtico desafío 

(P. José Luis Cepero)

Cuatro palabras sobre vocaciones 

(P. Dionisio Cueva)

¿Qué ha sido de las mimosas?

(Francisco J. Aísa)

Pastoral vocacional en el Vicariato de Camerún hasta el 2003

(P. Njah Stephen)

Una vela 

 (P. Joaquín Nadal)

Un camino muy importante y necesario a recorrer

(P. Cecilio Lacruz Labiano)

Oda al Padre Jesús Ramo

(P. Fernando Guillén)

Compañeros en la frontera. Moviendo la Tierra

(Manuel Olave, Director
del Colegio de Soria)

 


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Historia de la vocación de un escolapio camerunés

            (P. Javier Negro)

Dos historias vovacionales

     (Javier San Martín)
           (Eloy Fernández)

Lo que los novicios de España dijeron a los Provinciales

(Novicios de España)

El Juniorato de Yaoundé (Camerún)

(P. Ricardo Querol)

Mi progreso vocacional

(Feliciano Mouendji)

 

Sí, sólo cuatro palabras, directas, sinceras, en buena parte doloridas. Y todas referidas al espacio español de nuestra Provincia. La Viceprovincia americana y el Vicariato africano merecen otra consideración por ser bastante más afortunados que estas tierras de Aragón, La Rioja y Soria, tan generosas hasta hace poco en vocaciones escolapias.

Parto de una realidad contrastada. El último escolapio, ordenado entre nosotros, se llama José Ignacio Bilbao. Es sacerdote desde el 21 de abril de 1995. Le han seguido otros candidatos. Solo dos están en camino: Jesús Romero, que profesó de votos solemnes en octubre de 1999 y Juan Mastral, que se consagró al Señor con votos simples en octubre de 1998. Ninguno de los dos es todavía sacerdote... Frente a esta suma, numéricamente pequeña, destaca una resta matemáticamente grande: desde aquella primavera de 1995 hasta el momento en que escribo estas líneas han fallecido 15 escolapios aragoneses y se han ido a caminar por otros senderos 5 más, los cinco sacerdotes y relativamente jóvenes. No hay postulantes en la casa de Zaragoza, ni novicios en Peralta, ni Juniores en Madrid. Sí hay ancianos en todas las comunidades y un numeroso grupo de hermanos necesitados en la enfermería provincial de Cristo Rey. Para ellos nuestro cariño, nuestro agradecimiento y la promesa de una ilusionante esperanza.

Cuando se analiza este preocupante problema vocacional, la radiografía resultante  es muy sencilla. En una cara aparece reflejada una sociedad descristianizada, una familia poco o nada numerosa, unos pueblos sin niños. Se da la vuelta a la radiografía y en la otra cara, ves líneas igualmente profundas: poca generosidad en los padres, escasa madurez en los muchachos, falta de ilusión y decisión, miedo a cierta palabras comprometedoras, el adverbio siempre por ejemplo... Unos días, sí, unos meses también, pero ese para siempre es demasiado.

Y con esa misma radiografía en la mano, otros Institutos tienen postulantes, novicios, juniores y sacerdotes. No sólo los monasterios de vida contemplativa, también los de vida apostólica. Y Provincias escolapias españolas, nacidas del regazo de esta Provincia madre de Aragón

¿Qué hacer, pues? En primer lugar ser sinceros, reconocer la verdad y no engañarnos con argumentos ficticios. ¿Hemos leído los dos últimos documentos,  venidos de Roma, Vita consecrata y Caminar desde Cristo? Comparemos sus argumentos, sinceramente objetivos y orientativos, con estos nuestros, tan mezquinos... En segundo lugar, tomar, sin perder más tiempo, decisiones valientes. Nuestro carisma es de educadores, no de enterradores. No podemos dejar morir tristes a nuestros ancianos. Tampoco podemos pasar de largo junto a los jóvenes generosos que se cruzan en nuestro camino y esperan una mirada de comprensión y una llamada de amigos.

Llevamos años trabajando pastoralmente con muchachos de la escuela secundaria. Yo agradezco a los pastoralistas sus muchas horas en ese trabajo, sus métodos, sus convivencia y retiros, su entrega desinteresada y con frecuencia incomprendida. Pero me parece que el viento del Espíritu sopla en otra dirección. Hay dos principios, que brotan de los documentos citados y de la experiencia positiva de quienes tienen la suerte, entre los mismos escolapios de España repito, de poder asistir con frecuencia a profesiones, ordenaciones y primeras misas. Estos son estos dos principios, fundamentales y proféticos:

La vida comunitaria, vivida en auténtica fraternidad. Importa menos lo que hacemos que cómo vivimos. Los jóvenes de hoy, como aquellos dos primeros del Evangelio, quieren saber antes de dar el paso, qué vida les espera. Como la que les mostremos, será la suya. Y una vida aburguesada, cómoda, desdibujada, sin calor humano, sin diálogo fraterno, con mucho quehacer y poco amor, no atrae a nadie, a los jóvenes menos. Ellos buscan a Cristo y quieren verlo reflejado en la comunidad. ¿Qué grado señala el termómetro en nuestras comunidades? Recuerdo ahora que el Concilio empleó el símbolo del termómetro para marcar la vitalidad de toda Congregación Religiosa. Un joven, que deja un porvenir risueño a sus espaldas para seguir de cerca a Cristo según el carisma de Calasanz, ¿se sentirá feliz en estas comunidades nuestras? A lo mejor hay que volver a abrir el Evangelio para encontrar la palabra conversión.
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Un auténtico movimiento juvenil. Digo juvenil y auténtico. Trabajar pastoralmente con niños es una delicia. Trabajar vocacionalmente con niños no es ni una delicia, ni una solución. La familia y la sociedad han cambiado. La madurez psíquica del adolescente se ha retrasado en un puñado de años. Hay que decidirse a trabajar con jóvenes que pueden dar su voto conscientemente en unas elecciones, elegir una carrera universitaria, tener novia y hacerse preguntas sobre su vocación... ¿Dónde los encontraremos? En un movimiento cristiano auténtico.

Este tipo de trabajo es más difícil que aquel otro con pequeños, que escuchan sin entender. ¡Claro, es más difícil, porque es más crítico y comprometido, porque supone mejor preparación, porque exige un seguimiento individualizado y constante , y porque debe empezar por el principio: por querer y saber dar vida a ese movimiento con jóvenes, auténticos centinelas del mañana!

Dije que serían cuatro palabras. La última es ésta: la vocación es siempre un regalo de Dios. Pero él nos pide, mientras hace el regalo, que sepamos nosotros leer los signos de nuestro tiempo.

(P. Dionisio Cueva, Sch. P.)

 

 

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