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HISTORIA DE LA VOCACIÓN DE UN ESCOLAPIO CAMERUNÉS


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Historia de la vocación de un escolapio camerunés

            (P. Javier Negro)

Dos historias vovacionales

     (Javier San Martín)
           (Eloy Fernández)

Lo que los novicios de España dijeron a los Provinciales

(Novicios de España)

El Juniorato de Yaoundé (Camerún)

(P. Ricardo Querol)

Mi progreso vocacional

(Feliciano Mouendji)

 

La pastoral vocacional contextualizada 

(P. Fernando Negro)

Caminando hacia la elaboración de un Proyecto de Pastoral Vocacional

(P. Andrés Cantos Marcos)

La pastoral vocacional auténtico desafío 

(P. José Luis Cepero)

Cuatro palabras sobre vocaciones 

(P. Dionisio Cueva)

¿Qué ha sido de las mimosas?

(Francisco J. Aísa)

Pastoral vocacional en el Vicariato de Camerún hasta el 2003

(P. Njah Stephen)

Una vela 

 (P. Joaquín Nadal)

Un camino muy importante y necesario a recorrer

(P. Cecilio Lacruz Labiano)

Oda al Padre Jesús Ramo

(P. Fernando Guillén)

Compañeros en la frontera. Moviendo la Tierra

(Manuel Olave, Director
del Colegio de Soria)

 

Vine por aquí en el 92; y me he dado cuenta de que todo sigue camerun1.gif (51024 bytes) prácticamente igual que hace 11 años: carreteras sin asfaltar, ausencia de una casa mínimamente digna para la mayoría de la gente, escuelas que son auténticos cuchitriles, enfermedades, sobre todo el SIDA, que mantienen la edad media de vida en el país alrededor de los 40 años, sin una atención sanitaria mínima... Por lo tanto, el subdesarrollo es más agudo, ya que quien no avanza retrocede.

Por otra parte, esta gente mantiene los valores que nosotros hemos perdido con nuestra cultura consumista: la sonrisa permanente, la paciencia, la delicadeza en el trato humano, la contemplación, la aceptación del sufrimiento, la vivencia de la presencia de Dios en todo momento, la gratitud y la gratuidad, la servicialidad, humildad... Pero os quiero hablar de otra cosa.

Mi visita a Camerún ha sido como Provincial escolapio. La he dedicado práctica y exclusivamente a hablar con los religiosos (unos 35, entre todos) individualmente y también comunitariamente, además de entrevistarme con 3 obispos, en cuyas diócesis estamos y servimos los escolapios. Y, en esas entrevistas, me ha sorprendido gratamente la pequeña historia de un escolapio que está a punto de acabar sus estudios teológicos y hacer la profesión definitiva como escolapio. Más o menos, os transmito lo que él me contó con calma y sin prisas, una tarde de domingo. Omito el nombre por razones de respeto a algo tan sagrado como es la historia de una vocación. Se expresaba así:

"Yo quise ser, ya de pequeño, sacerdote, sobre todo sacerdote diocesano. Por esta razón entré en el seminario menor de la diócesis. Pero al acabar la secundaria me di cuenta de que no quería ser diocesano, ya que no me atraía la vida que iba a esperarme: mucha burocracia, alejamiento de las personas, presencia social de poder...: es lo que veía en los sacerdotes diocesanos de mi ciudad. Dejé el seminario y continué el bachillerato en el Instituto público. Mis padres, los dos profesores y profundamente cristianos, me aconsejaban en la historia de mi fe y me decían: "Si tú estás llamado a ser sacerdote, lo serás; no te preocupes, ten paciencia y verás claro un día, pues Dios no hace nacer vanamente expectativas en las personas".

Volví a hacer retiros y jornadas de reflexión vocacional organizadas por la diócesis, pero en cada una de ellas veía más claramente que no era mi camino ser sacerdote-párroco. Pensé también en ser sacerdote de alguna orden religiosa para ver si ese era mi camino; y miré en dos congregaciones; pero los vi también muy centrados en la misma posición que los sacerdotes diocesanos.

Yo empezaba a darme cuenta, ahora lo sé, de que iba detrás de un carisma específico que respondiese a mi necesidad de ser válido a las personas en concreto desde mi vida y mi fe.

Oí hablar de los sacerdotes "piaristas" (escolapios) de Bamenda y fui a verlos un día, sin que ellos lo supiesen, sin hablar con ninguno de ellos, solamente viéndolos de lejos, en la iglesia, en la calle, en el trato con la gente..., pero tampoco lo que vi me atrajo. No vi sus escuelas, ni su vida más allá de las paredes del templo y de su casa.

Y sufría mucho en mi interior, pues buscaba y no encontraba. Pensé en llevar una vida de matrimonio como cualquiera de mis compañeros de clase y de Bamenda; y tampoco esto me atraía. Pero si no había más remedio...

Llegó entonces, a través de mi padre, un librito pequeño sobre la vida de  San José de Calasanz; y al acabarlo de leer, me dije: esto es lo que yo querría hacer: vivir y actuar como este hombre. Y lo que hice fue ponerme a dar clases, una vez acabado el bachiller, como profesor de primaria en una escuela publica, pues aquí en Camerún esto se puede hacer. De este modo vi que ése era mi camino y que recorriéndolo, iba a ser feliz: la educación, mi vida entre y para los niños de mi región y de mi país. Pero no sólo ser profesor, pues también me seguía llamando intensamente el ser sacerdote.

En esta situación, un amigo de instituto me dijo un día: yo sé que tú sufres y que estás buscando un sentido a tu vida; y sé que te atrae ser sacerdote... ¿Por qué no intentas ser sacerdote "piarista"? Yo los conozco, conozco a los de Futru, y si yo pudiese ser sacerdote, sería sacerdote piarista; pero canónicamente no puedo porque tengo un hijo. Este amigo me acompañó a la misión de Futru Nkwen y hablé con el P. Fernando y el P. Emilio, quienes, con sólo su presencia y comunicación, me transmitieron algo especial que hizo desaparecer en mí aquel primer rechazo que sentí hacia los piaristas por juzgarlos como los demás, sin ver en ellos su especificidad. Me dieron a conocer la celebración de una próxima convivencia vocacional con jóvenes, a la que me invitaron y accedí.

Al final de este retiro, fui seleccionado por los piaristas para comenzar, si yo quería, el Prenoviciado escolapio en Futru. Yo me sentía feliz porque había encontrado mi camino en la vida. Hoy me siento orgulloso y contento de ser sacerdote escolapio y deseo acabar pronto para ejercer mi servicio a los niños allá donde los Superiores me indiquen. Me gustaría dedicarme sobre todo a los pequeños; no me atrae tanto la escuela superior, sino la primaria. Ojalá que pueda dar mi vida a los niños, cada día, educándolos y recibiendo de ellos la vida que hay en ellos: es mucha y magnifica."

(P. Javier Negro)

 

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