Página inicial | Editorial | Colaboraciones | Página central | Experiencias | Noticias | Foros | Enlaces

La pastoral vocacional contextualizada 

(P. Fernando Negro)

Caminando hacia la elaboración de un Proyecto de Pastoral Vocacional

(P. Andrés Cantos Marcos)

La pastoral vocacional auténtico desafío 

(P. José Luis Cepero)

Cuatro palabras sobre vocaciones 

(P. Dionisio Cueva)

¿Qué ha sido de las mimosas?

(Francisco J. Aísa)

Pastoral vocacional en el Vicariato de Camerún hasta el 2003

(P. Njah Stephen)

Una vela 

 (P. Joaquín Nadal)

Un camino muy importante y necesario a recorrer

(P. Cecilio Lacruz Labiano)

Oda al Padre Jesús Ramo

(P. Fernando Guillén)

Compañeros en la frontera. Moviendo la Tierra

(Manuel Olave, Director
del Colegio de Soria)

 


.
Historia de la vocación de un escolapio camerunés

            (P. Javier Negro)

Dos historias vovacionales

     (Javier San Martín)
           (Eloy Fernández)

Lo que los novicios de España dijeron a los Provinciales

(Novicios de España)

El Juniorato de Yaoundé (Camerún)

(P. Ricardo Querol)

Mi progreso vocacional

(Feliciano Mouendji)

 

En la Navidad del año 2000, hace más de tres años, se celebró en Roma el  Encuentro de Pastoral Vocacional, al que asistieron los coordinadores de diversas demarcaciones. Su significado se resumía en la expresión "En Roma, las mimosas ya han florecido", indicando la primavera que puede comenzar para la Orden si aprovechamos la riqueza de ese acontecimiento. Y en efecto, las conclusiones del Encuentro llegaron a los Superiores Mayores e incluso al Capítulo General, y creo que se puede afirmar que durante este tiempo se ha percibido en la mayor parte de la Orden un cierto movimiento, lento pero seguro, en este ámbito.

El Capítulo General del 2003 ha colocado como primera política (línea de acción, como se lee en la planificación de la Congregación General) la titulada "Corresponsables de nuestro futuro: Pastoral Vocacional y Formación", y con ello se entiende que ésta ha de ser una de las primeras preocupaciones para todos.

Me consta que se trabaja por las vocaciones, pero la realidad indica que tenemos que replantearnos seriamente muchas cosas. No sé por qué, pero siempre que he oído en los Capítulos u otros momentos hablar de las vocaciones, ha sido siempre con un tono de urgencia o de lamento, que luego no llega nunca a plasmarse en líneas operativas. En parte, porque seguimos con la idea del Coordinador de vocaciones como la persona en quien delegamos absolutamente toda nuestra responsabilidad o culpabilidad.

Tal vez nuestro planteamiento debería ser mucho más profundo, y comenzar a poner las bases de un futuro distinto. Quizás tendríamos que comenzar a preguntarnos por qué nuestra vida consagrada no es significativa para los jóvenes a quienes educamos en nuestros centros. O tal vez habría que revisar nuestro ministerio sacerdotal en el Pueblo de Dios, y nuestra vida comunitaria o fraterna, y nuestra misma consagración... Sería demasiado largo pretender abordar todos estos puntos, y no lo pretendo siquiera.

Vivo últimamente una hermosa realidad en la Viceprovincia. Aquí veo a jóvenes que llevan un proceso personal de descubrimiento y maduración vocacional. Es cierto que se puede presentar el evangelio con toda su fuerza y su radicalidad, y que no existe el rechazo que caracteriza a una gran parte de Europa, pero también es cierto que la situación que viven muchas familias da una gran inestabilidad a la mayoría de los jóvenes.

Hay un elemento que me parece fundamental, y se trata del acompañamiento. En el caso de alguno de nuestros candidatos, se ha prolongado por varios años y ha supuesto un auténtico proceso personal. En ocasiones el objeto del mismo es asumir la situación personal que viven y sus carencias. En otras, tiende a identificar los signos de vocación que aparecen en la propia vida para tomarlos como pistas en el camino.

Dedicarse al acompañamiento vocacional conlleva disponibilidad de tiempo, cercanía con los jóvenes y su situación, capacidad para proponer un itinerario personal de maduración en la fe, un grupo de referencia... Son muchas las horas invertidas en el acompañamiento antes de llegar a un discernimiento vocacional, y no siempre aparecen a los ojos de muchos. Pero sin duda se trata de un elemento clave.

No quisiera con lo dicho llevar a la idea de que en nuestra Viceprovincia abundan las vocaciones. Estamos en una situación que no se extiende a otras congregaciones religiosas, y ni siquiera al mismo seminario diocesano. Las cifras son elocuentes, y hablan de un reducido número de formandos o seminaristas. La situación socio-cultural es un elemento más, que no considero determinante para la promoción de vocaciones. En este sentido, el trabajo que se lleva a cabo en otras demarcaciones ayuda a comprender la importancia de un trabajo serio, organizado, audaz, profundamente evangélico, y corresponsable.

En una ocasión escuché a alguien afirmar que la actual crisis de vocaciones es el instrumento del que se sirve el Señor para hacer desaparecer un estilo de vida religiosa caduco e inmovilista. Yo, en cambio, prefiero depositar mi confianza en que nuestra Orden es obra de Dios, y que Él no dejará de enviar nuevos obreros a su mies. Esa es la raíz de nuestro trabajo en la pastoral vocacional y en la formación inicial. Las mimosas seguirán en flor si en nuestra vida consagrada vivimos en una primavera que no nos pertenece y que recibimos como don.

 

 

Página inicial | Editorial | Colaboraciones | Página central | Experiencias | Noticias | Foros | Enlaces