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MI PROGRESO VOCACIONAL


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Historia de la vocación de un escolapio camerunés

            (P. Javier Negro)

Dos historias vovacionales

     (Javier San Martín)
           (Eloy Fernández)

Lo que los novicios de España dijeron a los Provinciales

(Novicios de España)

El Juniorato de Yaoundé (Camerún)

(P. Ricardo Querol)

Mi progreso vocacional

(Feliciano Mouendji)

 

 

La pastoral vocacional contextualizada

(P. Fernando Negro)

Caminando hacia la elaboración de un Proyecto de Pastoral Vocacional

(P. Andrés Cantos Marcos)

La pastoral vocacional auténtico desafío 

(P. José Luis Cepero)

Cuatro palabras sobre vocaciones 

(P. Dionisio Cueva)

¿Qué ha sido de las mimosas?

(Francisco J. Aísa)

Pastoral vocacional en el Vicariato de Camerún hasta el 2003

(P. Njah Stephen)

Una vela 

 (P. Joaquín Nadal)

Un camino muy importante y necesario a recorrer

(P. Cecilio Lacruz Labiano)

Oda al Padre Jesús Ramo

(P. Fernando Guillén)

Compañeros en la frontera. Moviendo la Tierra

(Manuel Olave, Director
del Colegio de Soria)

 

Recuerdo que siendo pequeñito es cuando tuve por primera vez la idea de ser sacerdote. No sé si es legítimo hablar de vocación en este momento. Pienso que se trataba normalmente del deseo o del sueño de un niño. En realidad, admiraba a un sacerdote, el cura de mi parroquia. Lo que me fascinaba en este hombre de Dios era su manera de hablar y principalmente los gestos rituales que hacía durante la celebración eucarística. Todo era coordinado, bien hecho. Tenía entre nueve y once años. La fascinación fue muy grande de modo que, en cada misa, hacía todo lo posible para sentarme en el primer banco y contemplarle sin problema.

Después de esta primera etapa, que puedo llamar "infancia vocacional", pienso que mi deseo de ser sacerdote tomó más amplitud durante mi preparación para recibir mi primera comunión. El catequista, durante los cursos de catequesis, nos hablaba de Dios con mucha convicción, de tal manera que poco a poco sentía en mi pequeña persona que la mejor manera de vivir cerca de Dios era ser cura. El estado de ánimo que había obtenido desde mi primera comunión no me dejaba, hasta mis primeros años de colegio.

Efectivamente, al ir al colegio, no vivía con mis padres, vivía con mi tía cuyo marido era catequista. Mi tía, una mujer muy espiritual y piadosa, era también muy metida en las actividades de la parroquia. Cuando le hablaba de mi proyecto de ser sacerdote, ella me decía: "hablaremos claramente de eso después". Yo pensaba que no estaba de acuerdo. Mi sorpresa fue que, dos semanas después,  me preguntó si continuaba pensando en mi proyecto. Mi respuesta fue positiva.

Dos días después fuimos a casa del sacerdote a quien mii tía manifestaba cuanto sabía de mi vocación. El cura me preguntaba si era verdad. La respuesta fue la misma que la que había dado a mi tía. Me aconsejó rezar mucho y trabajar mucho en la escuela hasta obtener el bachillerato. Entre tanto, le visitaba y teníamos entrevistas.

Cuatro años después, yo cambiaba de ciudad para continuar mis estudios en el instituto. Vivía sólo y aunque continuaba yendo los domingos a misa, mi disciplina espiritual era diferente. Los estudios fueron mi primordial preocupación.

Pero antes de obtener mi diploma de fin de curso en el instituto, este sacerdote fue destinado a otro sitio. Al final de mis estudios secundarios, decidí continuar en la universidad y, durante las vacaciones, iba a ver a mi tía y descubría que había un nuevo sacerdote en la parroquia: un polaco. Con él iniciaba nuevas entrevistas. Él me aconsejaba terminar mis estudios universitarios antes de entrar en el seminario, porque no era bueno cortar los estudios. Pero también a este sacerdote le cambiaron de destino antes de finalizar mis estudios universitarios.

Un día, cuando menos lo pensaba, uno de mis primos me habló de un padre escolapio y se ofreció a acompañarme para verlo. Después de todas las decepciones anteriores, no estaba muy animado a acompañarle. Pero, al final, acepté y me integré en el grupo vocacional de los escolapios. Es así como entré en contacto con la Orden de las Escuelas Pías.

Hice un año de prenoviciado, otro de noviciado, dos de juniorato I (estudios de filosofía) y ahora estoy estudiando mi segundo curso de teología.

Me siento bien en el camino que he elegido y creo que, rezando, Dios me sostendrá en mi vocación. Sé que, como otra tarea, no va a ser fácil, pero, a pesar de las dificultades, con Dios todo es posible y más teniendo esperanza.

Feliciano Mouendji Massongo

 

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