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LA PASTORAL VOCACIONAL CONTEXTUALIZADA

La pastoral vocacional contextualizada 

(P. Fernando Negro)

Caminando hacia la elaboración de un Proyecto de Pastoral Vocacional

(P. Andrés Cantos Marcos)

La pastoral vocacional auténtico desafío 

(P. José Luis Cepero)

Cuatro palabras sobre vocaciones 

(P. Dionisio Cueva)

¿Qué ha sido de las mimosas?

(Francisco J. Aísa)

Pastoral vocacional en el Vicariato de Camerún hasta el 2003

(P. Njah Stephen)

Una vela 

 (P. Joaquín Nadal)

Un camino muy importante y necesario a recorrer

(P. Cecilio Lacruz Labiano)

Oda al Padre Jesús Ramo

(P. Fernando Guillén)

Compañeros en la frontera. Moviendo la Tierra

(Manuel Olave, Director
del Colegio de Soria)

 


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Historia de la vocación de un escolapio camerunés

            (P. Javier Negro)

Dos historias vovacionales

     (Javier San Martín)
           (Eloy Fernández)

Lo que los novicios de España dijeron a los Provinciales

(Novicios de España)

El Juniorato de Yaoundé (Camerún)

(P. Ricardo Querol)

Mi progreso vocacional

(Feliciano Mouendji)

 

 

Sin lugar a dudas, la Pastoral Vocacional se da cuando hay testigos concretos que gozosamente viven una llamada, respondiendo con generosidad desde la fe que actúa en el amor. Todo lo demás ha de verse como complemento a esta realidad. De lo contrario nos perderemos en organización, planificación y estructura, pero no nos encontraremos con el "misterio" que es lo que realmente mueve el corazón de una persona y la reta a remar mar adentro.

Estamos en tiempos de crisis vocacional. El actual presidente de la CONFER España, Ignacio Zabala, acaba de decir que los restos de la crisis vocacional que la elevada edad de sus miembros (la media es de 64 años) plantean a las congregaciones en España aparecen como serios interrogantes de futuro. Analizando un poco someramente este fenómeno crítico podemos constatar que sus efectos se dejarán sentir de manera fulminante de aquí a 10 años, o quizás antes, cuando no seamos capaces de asumir lo que llevamos entre manos y cuando nuestros estilos de vida o son diferentes o acabaremos muriendo.

Nuestra sociedad postmoderna está creando tipos de personalidad donde hay disgregación, más que armonía interna o externa. Una disgregación, que como dice Cencini y lego el documento Nuevas Vocaciones para una nueva Europa, en este continente "culturalmente complejo y privado de precisos puntos de referencia, semejante a un "panteón, el modelo antropológico que prevalece es el del hombre sin vocación... Muchos jóvenes ni siquiera conocen la gramática elemental de la existencia, son nómadas: Circulan sin pararse en el ámbito geográfico, afectivo, cultural, religioso; Ellos lo intentan. En medio de la gran cantidad de informaciones, pero faltos de formación, aparecen distraídos, con pocas referencias y pocos modelos". (Roma 5-10 Mayo 1997, núm. 11 c)

Además esta sociedad postmoderna vive lo que se llama la religiosidad sin Dios, basada en el sentimiento religioso que es capaz de digerir ciertos ritos religiosos "a la carta" aún sin tener fe. Y para mí el gran factor es la familia, una familia a la deriva en muchos casos, con padres angustiados, muchas veces separados que parecen "subsistir" en la tormenta asistiendo a un panorama que se les escapa sin tener los vectores para encontrar un rumbo que dé sentido a sus vidas y a las de sus hijos. Ello ha ocasionado que no exista hoy una cultura vocacional, no ya que invite o anime a los hijos hacia la elección del sacerdocio o la vida religiosa, sino al sentido de elección misma como "vocación" o "llamada" que nace del fondo de las entrañas. Claro, que aquí también juega un factor muy esencial los valores de una sociedad liberal a lo bestia en la que "tanto vales cuanto tienes o produces".

El Dios de Jesucristo está claro que no es el Dios que compite con nuestra felicidad, como Nietzche proclamó hace muchos años. Al contrario, es Él nuestro mejor aliado en la vida, el mejor amigo para nuestro camino interior, el más fiel colaborador en nuestro crecimiento. Y es que el Dios de Jesucristo se empeña en reconstruirnos y armonizarnos por dentro para que seamos lo que estamos llamados a ser: personas felices en la plenitud de una tarea a realizar, tarea irrepetible que nadie podrá hacer en esta vida por nosotros. Y sólo se vive una vez. Ésta me parece a mí que ha de ser un enfoque fundamental en nuestra pastoral vocacional.

Si no trabajamos la pastoral familiar, auguro un difícil trabajo vocacional, si no imposible. Desengañémonos: el niño aprende a rezar, rezando, a amar, siendo amado, a tener el sentido de Dios teniendo cerca de él personas (sus padres) que le invocan y quieren imitarlo. Y el poso, bueno o malo, positivo o negativo, dejado en la infancia es determinante para el resto de la vida. De esto los escolapios sabemos mucho, por escolapios precisamente. Dios "puede sacar hijos de Abraham hasta de las piedras", es verdad, pero la pedagogía normal de Dios es una pedagogía familiar. Él mismo es por definición familia, Trinidad.

Juan Pablo II considera este aspecto como componente de la nueva evangelización. Es cultura de la vida y de apertura a la vida, del significado del existir, pero también del morir. Esta cultura es volver a valores integradores tales como: la gratuidad, apertura al misterio, sentido de lo imperfecto del hombre, apertura a lo trascendente, la disponibilidad a dejarse llamar por Otro, la confianza en sí mismo y en el otro, la libertad, el afecto, la comprensión, el perdón, la responsabilidad, la capacidad de soñar, de asombrarse, de apreciar la belleza, el altruismo, la solidaridad... (Nuevas Vocaciones para una nueva Europa, núm. 13b) Todo aquello que sintetiza lo que es la belleza interior. Parafraseando a Dostoviesky, "La belleza salvará al mundo".

Es la pastoral de choque por lo que se es sin más, por la capacidad de ser testigos, personalmente y comunitariamente. Es la Pastoral que en efecto usó el Señor  cuando llamó a sus apóstoles y discípulos... El contagio que hizo cambiar de vida al Mateo de los impuestos, al Zaqueo usurero y estafador, a la Magdalena o a la Samaritana ambas prostitutas. El Señor, en su pedagogía no nos ama allí donde nosotros querríamos estar en el ámbito de la "perfección" sino allí donde estamos, conscientes de nuestra fragilidad y nuestro pecado. Y esto lo hay que vivirlo para proclamarlo, para ser buena noticia, la de la justificación sin obras que, por muy protestante que parezca, es la base fundamental de la "conversión" al Dios de Jesucristo.

El contagio, la calidad de vida, la alegría de ser lo que se es, el testimonio sin hacer teatro para agarrar a nadie, ése es el núcleo central de la pastoral, la estrella, el sol con brillo propio alrededor del cual deben girar los demás planetas que podemos llamar programas, planificaciones, directorios, calendarios, programaciones... todos ellos necesarios, claro que sí, pero alrededor del sol y no viceversa. Aquí el galileismo calasancio nos viene como anillo al dedo.

No es neutral la imagen que tengamos de la Iglesia para llamar, acompañar y compartir las vocaciones de los jóvenes. Desempolvemos el Vaticano II, descubramos la maravilla de ser y pertenecer a la Iglesia Pueblo de Dios, y como dicen los Obispos Africanos a la Iglesia Familia de Dios. En una familia, todos somos importantes y las relaciones que deben emerger son de diálogo, aceptación mutua, fiesta, celebración, acompañamiento en el dolor, ánimo mutuo, tuteo. Y si alguien tiene un "cargo", que lo viva como servicio, que eso es lo que nos enseñó el Maestro.

El Reino de Jesús va por delante de nosotros, de la Historia y de la Iglesia misma. El Reino de Jesús viene del futuro a nuestro presente. Al hablar de esto me viene a la mente aquella película de "Vuelta al futuro". Sí eso es precisamente lo que el Reino de Dios hace, llega a nosotros, es más grande que nosotros y nos hace avanzar, a veces a pesar de nosotros mismos, hacia su plenitud. Hay que conectar con este Reino, el proyecto de Jesús, para que nos entusiasmemos (endiosemos, esto significa entusiasmarse) y seamos capaces de invitar, acoger y acompañar a muchos hermanos pequeños en la Vida Escolapia, que seguramente tiene que ser muy diferente de la que vivimos hoy.

Hoy día tenemos las ideas muy claras. A escala institucional se nos han dado los materiales esenciales para echar a andar en esto de la Pastoral Vocacional y la Formación:

Directorio escolapio de Pastoral Vocacional (Roma, 27 Nov. 1992)
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 La Formación del escolapio, FES (Roma, 27 Nov. 1991)
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Directorio escolapio de Formación Permanente (Roma 25 Ago. 1994)

Ahora nos queda la vida, la experiencia, el usar estos "mapas" para hacer la ruta. Quizás no los hemos hecho nuestros, no los hemos personalizado. Nunca es tarde. Y sobre todo tenemos que hacer crecer nuestro sentido de pertenencia a la Escuela Pía, nuestra Madre.

No recuerdo exactamente en qué poema de Dom Pedro Casaldáliga aparece el entrecomillado que encabeza nuestro último punto. Pero creo que de eso se trata, de ser testigos de los valores del reino, tan humanos y tan divinos a la vez. Redescubrir que "santidad" y "humanidad" no son términos contradictorios, sino aliados y complementarios. Estamos llamados a la vida, en proceso constante de crecimiento, en estado permanente de formación, aunque tengamos la edad de Nicodemo. Jesús nos reta a crecer y, no sólo eso, a "nacer de nuevo". Acabo citando el documento "caminar desde Cristo" (Congreg. Para los Inst. de Vida Consagrada y las Soc. de Vida Apost., 19 Mayo 2002): "Uno de los frutos del camino de formación permanente es la capacidad diaria de vivir la vocación como don siempre nuevo, que se acoge con un corazón agradecido. Un don al que hay que corresponder con una actitud cada vez más responsable, y que hay que testimoniar con mayor convicción y capacidad de contagio, para que los demás puedan sentirse llamados por Dios para aquella vocación particular o por otros caminos. El consagrado es también por naturaleza animador vocacional; en efecto, quien ha sido llamado, tiene que llamar. Existe pues una unión natural entre formación permanente y animación vocacional" (Núm. 16 a)

(Fernando Negro Marco Sch. P.)

 

 

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