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U N A V E L A |
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(P. Fernando Negro)
(P. Andrés Cantos Marcos)
(P. José Luis Cepero) (P. Dionisio Cueva) (Francisco J. Aísa)
(P. Njah Stephen) (P. Joaquín Nadal)
(P. Cecilio Lacruz Labiano) (P. Fernando Guillén)
(Manuel
Olave, Director |
Aquel padre había escalado muchas cuestas de enero. Era ya muy anciano y no pudo retrasar más la necesidad de hacer testamento. Decidió dejar su herencia al hijo más inteligente. A cada uno de ellos le entregó una moneda de mucho valor para que comprasen algo con que llenar la casa. El mayor compró paja, pero no logró llenar la vivienda. El segundo adquirió plumas y tampoco alcanzó el objetivo. El menor compró una pequeña vela y, al anochecer, la encendió y llenó la casa de luz. Contemplamos el amanecer de un nuevo año. Corren entre nosotros felicitaciones y deseos de aventura. Es nuestra manera convencional de darle la bienvenida a este huésped de doce meses que llega para quedarse en nuestra casa de vivir. El naciente 2004 es esa común agenda de la esperanza que acabamos de estrenar. Con el paso de los años podemos tener los ojos gastados, pero no tristes. Se nos ha concedido un gran regalo, hemos recibido - en forma de calendario- una herencia que consta de 366 perlas. Existe la opción de dedicarnos a dilapidar esta auténtica fortuna atiborrándola de paja o saturándola de plumas. O podemos - mejor, debemos- empeñarnos en llenar los días de luz, uno tras otro, sin desmayo. Cada uno tenemos en nuestras manos la posibilidad de no tirar todo un año a la papelera de la esterilidad, del aburrimiento o del desamor. Disponemos de una ocasión de oro para activar la inteligencia del corazón. No la desaprovechemos: encendamos todos los días una vela de esperanza. Hay mil modos de hacerlo: viviendo en relación, no en manada; huyendo de la mediocridad; cuidando el amor a través de pequeños detalles, no cayendo en la tentación de la prisa, ya que, no por mucho agitarse la sangre, circula con mayor velocidad por las venas del cuerpo y por las arterias del alma la savia de la vida ... A lo largo del año nos ocupamos, sin duda, en muchas facetas, todas ellas buenas y necesarias. Pero tal vez ninguna tarea sea tan fecunda como la de entregarnos cada día a encender una vela. No en vano quienes nos profesamos cristianos sabemos muy bien que la fe es una llama encendida en otra llama. Y que, a más luz de vida, más potente se vuelve el faro, más se multiplica el evangélico candelero, más claramente se muestra el invisible resplandor de la presencia de Jesús en el mundo. FELIZ y LUMINOSO AÑO NUEVO. (P. Joaquín Nadal) |
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(P. Javier Negro) (Javier San Martín)
(Novicios de España)
(P. Ricardo Querol) (Feliciano Mouendji) |
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