LA  EXPERIENCIA  DE  DIOS .

  ENTRE  LOS  JÓVENES

Alejandro Fernández Barrajón.....

   (Extracto del artículo aparecido en la revista "Todos Uno" - octubre 2005)

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La religiosidad de los jóvenes: creencias, ritos y comunidad

(Juan González-Aneo)

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Tener un ligue

(P. Félix Jiménez)

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Análisis de la Pastoral Juvenil en Secundaria

(Colegio San Valero)

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Juventud e Iglesia, una perspectiva histórica

(Francisco Carmona)

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La experiencia de Dios entre los jóvenes

(Alejandro Fernández)

 

(Francisco Carmona)

Camerún: Cercanía para una Pastoral Juvenil

(P. Darek Bacalarz)

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El educador deportivo de un colegio escolapio

(P. Javier Negro)

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La reconciliación

(P. J.Antonio Gimeno)

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La primera confesión

(P. Victorino Ruiz Sola)

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Los niños y los jóvenes: Alegría de Calasanz. Alegría de Dios

(Enviado desde Camerún)

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Cuadro Resumen de Itinerario de Proyecto de Pastoral Jaire

(G. Juveniles E.P. Aragón)

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La Física en tiempos de Calasanz

(Manuel Olave)

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Poemas en el comienzo de un nuevo curso

(P. Antonio Alconchel).

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Contemporáneos de Calasanz - Cronología de una larga vida (III)

(P. Pedro Sanz Navío) 

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1.- EXPERIENCIA DE DIOS:

  • La fe cristiana, lejos de ser una creencia o una ideología es, por encima de todo, una experiencia. La iniciativa nunca es nuestra, es de Él, y siempre nos deja descolocados. Dios es un provocador.
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  • La experiencia de Dios, como componer una canción, es una experiencia posible, pero no es fácil... Necesita inspiración y decisión. La experiencia de Dios comienza siempre de forma extraña, desconcertante, misteriosa.
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  • Muchos jóvenes, en épocas anteriores, se han alejado de Dios por sobredosis de espiritualismo. La experiencia de Dios no siempre va acompañada de la mano de la Iglesia.
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  • Tener experiencia de Dios es sentirlo en todo nuestro ser y en todo nuestro quehacer. No sólo en los laudes y en el día de retiro. Tenemos el peligro de confundir la experiencia de Dios con las actividades religiosas.
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  • La experiencia de fe significa poner a punto los sentidos para que no se atrofien y encontrar así el sentido del vivir. La fe nos introduce en un mundo real del misterio y nos aleja del mundo oscuro del enigma.

2.- TIPOS DE  JÓVENES ANTE LA EXPERIENCIA DE DIOS:

  • El indiferente : "nada es cierto, todo es posible"; no practica.
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  • El ateo militante: no ha descubierto a Dios y se ha sentido defraudado de las mediaciones religiosas, institucionales e individuales.
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  • El numerario: no son coherentes con la fe que dicen tener, consumen religión a impulsos: bodas, comuniones, funerales, alguna fiesta.
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  • El cumplidor: tienen buenos principios pero en el fondo más profundo, en general; se quedan en la cáscara de la ley, les falta profundidad: semilla caída en el pedregal.
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  • El viva la vida: Aparenta muy creyente pero sin implicarse en Dios: concurren en grandes encuentros religiosos mundiales o estatales y a lo mejor hasta diocesanos, pero sin constancia en un proyecto de fe, coherente y existencial.
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  • El nostálgico: atrapado en las formas del pasado: intransigente, dogmático, ortodoxo del pasado; suelen quedarse en las formas y son esencialmente conservadores.
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  • El agresivo: es un creyente frustrado y litiga con fuerza contra creyentes que rechaza y dice con convicción: soy creyente pero no practicante, creo en Dios pero no en la Iglesia ni en los curas.
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  • El coherente: se pregunta y se exige, pecador pero convertido; comprometido con acciones de solidaridad, orante y amante de la comunidad cristiana y de la Iglesia; abunda en comunidades cristianas, en grupos parroquiales o de comunidades religiosas.

3.- ELEMENTOS INTEGRANTES DE LA EXPERIENCIA DE DIOS:

  • Irrebatable: cuando uno ha vivido la experiencia de Dios y la hace suya, ésta se convierte en un dato impreso profundamente que nadie puede arrebatar, a pesar del ambiente hostil, de la distorsión social, del escándalo de algunos,... Se ha convertido en una verdadera experiencia fundante de la persona.
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  • Comunitaria: la fe cristiana es esencialmente comunitaria en cuanto que la fe exige el ámbito comunitario en el que se desarrolla con toda naturalidad. Donde hay una verdadera experiencia de Dios ha una apertura inmediata a lo comunitario y social. No puede ser de otra forma: el padre de todos quiere a todos hermanos.
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  • Misteriosa: la dimensión de Misterio es la que mejor define la experiencia de Dios: atrae, oculta, inquieta, pacifica interiormente, lanza,... No vale ni cabe aquí la explicación aclaratoria de todo.
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  • Totalizante: abarca todo nuestro ser y todas sus dimensiones. Dios nos seduce y el creyente se deja seducir. La experiencia de Dios es una auténtica invasión de la persona.
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  • Imperdible: no vale eso de "he perdido la fe"; las experiencias fundantes de amor, de fe, de pertenencia... nunca se pierden ni se encuentran; se es amante, creyente, válido, etc o no se es; pero no se trata de cosas que se pueden perder o encontrar.
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  • Contemplativa: pocas palabras en la experiencia de Dios. El silencio es un cauce privilegiado para la experiencia de Dios. Contemplar más que pensar y hacer. El enemigo número uno de la experiencia de Dios es el ruido: más el interno que el exterior: la psicosomatización de muchos problemas, preocupaciones, angustias, temores, proyectos vividos demasiado apasionadamente... no dejan lugar a Dios en el interior de la persona.
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  • Razonable: que no racional; como la experiencia de amar. El creyente se siente atrapado por un universo de sentido que encaja en todas sus piezas, aunque no todas sean explicables o abarcables.
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  • Comprometida: la fe ha sido siempre transformadora, social, comprometida, mártir de la justicia y de la lucha por los derechos humanos. Brota esto espontáneamente del Evangelio y de la Vida Cristiana. No existe auténtica experiencia de Dios si no va acompañada de3 una pasión por el mundo.

Es verdad que está en todas partes,
pero hay que verle,
sin preguntar dónde está,
como si fuera mineral o planta.
Quédate en silencio,
mírale la cara.
El misterio de que veas y sientas
¿no basta?
Ahí está Dios, en ti.
Pero tienes que verlo tú.
De nada sirve que te lo señale,
que te diga que está en la ermita,
de nada.
Has de sentirlo tú,
Trepando, arañando,
Limpiando las paredes de tu casa.

Gloria Fuertes