JUVENTUD E IGLESIA,..

  una perspectiva histórica

Francisco Carmona, sociólogo....

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La religiosidad de los jóvenes: creencias, ritos y comunidad

(Juan González-Aneo)

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Tener un ligue

(P. Félix Jiménez)

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Análisis de la Pastoral Juvenil en Secundaria

(Colegio San Valero)

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Juventud e Iglesia, una perspectiva histórica

(Francisco Carmona)

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La experiencia de Dios entre los jóvenes

(Alejandro Fernández)

 

(Francisco Carmona)

Camerún: Cercanía para una Pastoral Juvenil

(P. Darek Bacalarz)

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El educador deportivo de un colegio escolapio

(P. Javier Negro)

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La reconciliación

(P. J.Antonio Gimeno)

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La primera confesión

(P. Victorino Ruiz Sola)

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Los niños y los jóvenes: Alegría de Calasanz. Alegría de Dios

(Enviado desde Camerún)

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Cuadro Resumen de Itinerario de Proyecto de Pastoral Jaire

(G. Juveniles E.P. Aragón)

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La Física en tiempos de Calasanz

(Manuel Olave)

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Poemas en el comienzo de un nuevo curso

(P. Antonio Alconchel).

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Contemporáneos de Calasanz - Cronología de una larga vida (III)

(P. Pedro Sanz Navío) 

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El sociólogo Francisco Carmona, coautor del informe "Jóvenes 2000 y Religión", expuso durante su presentación "que la relación actual que mantienen los jóvenes con la Iglesia católica no es buena, sólo uno de cada tres se identifica hoy como católico practicante, uno de cada diez asiste a misa el domingo y sólo «un diez por ciento de estos jóvenes buenos católicos cree que la Iglesia está ofertando ideas y valores válidos para orientarse en la vida».

Aquí se presenta el ensayo descriptivo e interpretativo que hizo de la evolución de la religiosidad juvenil española desde 1960, año en que se hizo la primera encuesta a la juventud española, hasta nuestros días. En él se describe el cambio de la religiosidad juvenil y se interpreta desde la trayectoria de la presencia e influencia de la Iglesia en el seno de una sociedad, que ha pasado rápidamente desde una sociedad premoderna a una situación posmoderna.

El capítulo parte del hecho de que la relación actual que los jóvenes españoles mantienen con la Iglesia católica no es buena. Un joven de cada tres se identifica como católico practicante, uno de cada diez dice que asiste a misa el domingo, y sólo un diez por ciento de estos jóvenes buenos católicos cree que la Iglesia esté ofertando ideas y valores válidos para orientarse en la vida.

En 1960, por el contrario, la práctica totalidad de los jóvenes españoles se identificaba como católico practicante (95%), el 58% de la población juvenil no faltaba nunca a misa el domingo, más de la mitad de la población juvenil estaba enrolada en organizaciones religiosas, y hasta un 10% había pensado en ser sacerdote o religioso.

Se ha intentado estudiar tanto la evolución de la Juventud como la evolución de la propia Iglesia, pero ubicándolas en el marco de la sociedad española; se ha dividido el periodo en tres etapas significativas por su coherencia interna y, en cada etapa, se ha investigado la religiosidad juvenil, como parte del mundo de los jóvenes y se ha interpretado desde la situación de la sociedad española y desde la vida y acción de la Iglesia.

En la primera etapa, 1960, los jóvenes, miembros en su gran mayoría de la Generación de 1946, eran creyentes en su totalidad, mayoritariamente católicos practicantes y no concebían que alguien que se llamara católico viviera al margen de la Iglesia. Eran chicos plenamente integrados en la Iglesia, conocían bastante bien la cultura católica, acataban su autoridad normativa y muchos formaban parte del tejido asociativo católico. Pero estos jóvenes estaban vinculados con la Iglesia porque encontraban en la religión un sentido para su vida y los más inquietos, gracias a los grupos educativos y apostólicos, fueron descubriendo en la cosmovisión católica metas, valores y modelos para realizar sus proyectos de futuro en lo personal, lo social y hasta en lo político.

En la segunda etapa la Iglesia hace frente al mundo moderno. La Modernidad implica racionalización de la creencia, respeto a la autonomía y la consiguiente aceptación de la laicidad y el pluralismo social. En esta etapa la sociedad española se incorporó al mundo moderno en lo social y en lo político y la organización católica quiso hacer lo propio con el proyecto pastoral de Iglesia Evangelizadora e impulsando el cambio en todos sus miembros. Esta decisión, alentada por Pablo VI pero entorpecida desde dentro, dividió la comunidad católica y abortó la plena realización del proyecto.

Los datos sobre la religiosidad de los jóvenes de 1968, pertenecientes en su gran mayoría a la Generación de 1946, ofrecen un panorama espléndido. En su gran mayoría se identifican como católicos, el 77% de ellos es católico practicante, el 73% comulga varias veces al año, y una importante minoría, un 22%, lo hace varias veces al mes.

Los jóvenes representados en la III Encuesta, realizada en 1975, pertenecen en su gran mayoría a la Generación de 1960. Según los datos de ésta, el número de católicos había descendido entre los jóvenes al 80% y un 20% de ellos se identifican como indiferentes, ateos o silenciaban su respuesta; pero el 62% de la juventud española era católica practicante y un 5% de ella integraba el grupo de buenos católicos. Este proceso de desmoronamiento de la identidad católica siguió su curso.

En 1982, año en que finaliza la etapa del cambio, según los datos de la V Encuesta, el 79,15% de los jóvenes se identifican como católicos, pero el número de católicos practicantes ronda sólo el 34%, y el de católicos no practicantes se ha incrementado en 27 puntos, pasando del 18% al 45 %.

Para muchos analistas estos cambios a la baja eran consecuencia del final del Franquismo y otros siguen apuntando al Posconcilio, pero no se debe olvidar el profundo cambio estructural que vive la sociedad española y que un importante sector de la Iglesia española obstaculizó la implantación del Concilio en España.

Jóvenes 99, quinto Informe de la Fundación Santa María sobre la juventud española, refleja la situación religiosa de la mayoría de las cohortes juveniles de la Generación de 1977. En 1999, un 35% de ellos se identifican como católico practicantes, un 32% como católicos no practicantes, y un 33% se declaran agnósticos, indiferentes y ateos.

En términos cuantitativos parece que el cambio ocurrido en la religiosidad juvenil en los años de democracia no ha sido muy grande; un 67% se declaran ahora católicos mientras que en 1982 eran un 75,15%, el porcentaje de no practicantes ha pasado del 45% al 32% y el número de no católicos se ha incrementado en 13 puntos, pasando de significar el 20% en 1982 al 33% en 1999.

Pero si se hace un análisis más fino, teniendo en cuenta los que realmente asisten a la misa dominical, el diagnóstico es pesimista y el pronóstico resulta hasta alarmante.

Sólo un 12% de la población juvenil asiste a la misa dominical y en su mayoría son: chicas, hijos de familias adineradas y votantes de derechas. Peor aún es la relación que éstos mantienen con la Iglesia y, no tanto por el talante de los agentes de Iglesia sino porque son muy pocos los que encuentran en la palabra de la Iglesia ayuda religiosa para orientarse en la vida y hallar respuesta a sus problemas.
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