POEMAS EN EL COMIENZO..

  DE UN NUEVO CURSO

P. Antonio Alconchel, Sch. P...

 

.

.

La religiosidad de los jóvenes: creencias, ritos y comunidad

(Juan González-Aneo)

.

.

Tener un ligue

(P. Félix Jiménez)

.

.

Análisis de la Pastoral Juvenil en Secundaria

(Colegio San Valero)

.

.

Juventud e Iglesia, una perspectiva histórica

(Francisco Carmona)

.

.

La experiencia de Dios entre los jóvenes

(Alejandro Fernández)

 

(Francisco Carmona)

Camerún: Cercanía para una Pastoral Juvenil

(P. Darek Bacalarz)

.

.

.

 

El educador deportivo de un colegio escolapio

(P. Javier Negro)

.

.

La reconciliación

(P. J.Antonio Gimeno)

.

.

La primera confesión

(P. Victorino Ruiz Sola)

.

.

Los niños y los jóvenes: Alegría de Calasanz. Alegría de Dios

(Enviado desde Camerún)

.

.

Cuadro Resumen de Itinerario de Proyecto de Pastoral Jaire

(G. Juveniles E.P. Aragón)

.

.

 

.

.

.

.

La Física en tiempos de Calasanz

(Manuel Olave)

.

.

Poemas en el comienzo de un nuevo curso

(P. Antonio Alconchel).

.

.

Contemporáneos de Calasanz - Cronología de una larga vida (III)

(P. Pedro Sanz Navío) 

.

.

 

.

.

 

.

.

 

,

.

 

I  ¡BIENVENIDOS!  ¡BIEN-VENIDO!

Nos dijo a todos: "¡Bienvenidos!”. Y nos largó su mano, y estrechó la de cada uno. Sentimos el calor de su presencia y la fortaleza de su persona; y lo llenó todo, como quien tiene la plenitud.

Nos llamó: ¡eh, tú...!; ¡Y tú…!; ¡Y tú, también!. -A todos por su nombre, con su figura y cada entorno.

Se sintió cercano y con su persona nos infundió valor y fuerza.

Con fuerte voz, desde la eternidad, gritó: "he aquí que estoy".

Y se acercó con paso firme -eterno caminante- y entre la tienda de los hombres, plantó la suya. Acampó en nuestro. mismo campo, en nuestra misma vida, donde se lucha, donde se sufre; donde se goza y se vive.

¡Bienvenidos!, se oyó su voz.

¡Bien-venido!, resonó el eco por todo el campo, que estaba plantado de muchas tiendas; de muchas vidas.

Algunos que estaban más lejos y no sabían de dónde venía el grito, se sumaron y dijeron también, ¡Bien-venido!.

Y en ese su eterno y largo camino, sigue diciendo: ...y tú ¡Bienvenido!; Y, tú también, sé ¡Bienvenido!... Hasta cada uno llegó su voz, y se hizo aliento y fuerza en cada corazón.

A los que estaban junto a Él les dio un encargo: "decidles: ¡ha venido!, entre vosotros. ¡Preparaos!. Pronto llegará y se hará presente".

Y muchos comenzaron a correr la voz y a animarse. Unos, los que sentían frío en el alma, decían: "¡estupendo!", e iniciaron el camino para ir a su encuentro. Otros, los que casi no podían andar, los débiles, se sintieron fuertes y corrieron también a su encuentro.

Cada cual a su manera, todos hicieron el camino, y llegaron hasta Él. A todos, cuando llegaron junto a El, los acogió, les estrechó la mano y les dijo, con calor en su palabra y fuerte voz: “¡Bienvenidos!”.

Y se sintieron bien; como en su casa. Y celebraron una gran Fiesta, la Fiesta del Amigo.

II  S E M B R A R

(Parábola: "El que tenga oídos que oiga").

 ...y se acercó a su padre, que miraba a sus campos, junto a la puerta, y le dijo:

"Es tiempo de labrar, que pronto será tiempo de sembrar.

 Allí, junto a la puerta, estaban las herramientas y aperos de labranza.

Es tiempo de sembrar, - pensó el padre- , y habrá que abrir los surcos; seleccionar semillas y sembrarlas...¡ y esperar...!

Tal vez el tiempo venga bueno; el tiempo anuncia lluvias.

Será un año de cosecha; ¡...que la tierra es buena...!

 Y no esperó más. Cargado de ilusiones, se fue a sus tierras.

Sus pensamientos y esperanzas mezclaba con la tierra, y los regaba con su esfuerzo.

Comenzó con lo más lejano...aquella loma; ¡no es fácil esa tierra!; habrá que cuidarla; tal vez sea necesario...¡también en ella puso su esperanza!.

Pasó un tiempo, y cada mañana, el padre, dirigía su mirada a sus tierras, y ponía en ellas mucha fe.

Allí estaban ya, todos los campos levantados. Unas tierras eran más negras; las otras más royas. Aquéllas más blancas; incluso algunas, algo salitrosas. ¡No importa -se decía el padre- todas hay que sembrarlas!.

También, una mañana, comenzó a sembrar la mejor semilla.

Y el surco, como un abrazo, se cerraba.

Y cada semilla llevaba, no sé si treinta o sesenta, o es posible que hasta cien esperanzas.

Hubiera querido echar, en cada una, un poco de aquella agua de su frente y que todas germinaran.

Pero de la tierra y de las semillas, él, siempre esperaba.

Y se sentó a la puerta de su casa...y esperó.

Que el tiempo pasa, ¡y cuenta !, para recoger las esperanzas.

Todo fue brotando y creciendo.

Creo que hubo que ir quitando algunas hierbas; pero se pudo decir:

"...de buenas semillas y buena tierra,
buenos frutos".

 La leí una mañana en el corazón y aquí la dejo.
.