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MARÍA CALASANZ BOMETON - 97AÑOS

P. Augusto Subías, Sch. P. (Peralta de la Sal)...

 

San José de Calasanz el día de su fiesta 25 de Agosto de 2006 intercedería por esta longeva y gran persona, familiar del Santo, para que entrara en la Gloria en el mismo día de su celebración, porque el tránsito de María a la eternidad ocurría a las 6 de la mañana del día 25.

Avisado por la familia, que María acababa de fallecer en Tarrasa, donde vivía hace años con unos sobrinos, me retiré unos momentos ante el Sagrario: Oré por ella, con la convicción de que la oración por Maria revertía a mi favor, a favor de Peralta y favor de toda la Escuela Pía. Y ante el Tabernáculo y la imagen de la Virgen Madre, di suelta libre, primero a mi emoción y a mi imaginación después. Y soñando, pensé: la hermana mayor del Santo se llamaba igual que ella, "María Calasanz"; sólo que aquella murió joven y ésta esperábamos que cumpliera el siglo, por lo menos.

Mi imaginación seguía divagando y añadí: José Calasanz, le diría a esta pariente en Tarrasa: ya que este año no has ido a mi pueblo, Peralta, vente conmigo al Cielo. Desperté de mi sopor, y consolado por la oración, me dije: "esta mi idea no está muy lejos de la realidad en este tránsito humano al otro mundo". En ello no hay nada de ciencia ficción.

Pero los que estáis leyendo estas líneas, me diréis: ¿Quién era María Calasanz?. -Os lo voy a contar: Nacida el 25 de Mayo de 1909, en Lagunarrota (Huesca), cuyos antepasados eran primos hermanos de nuestro Santo Fundador-. En ambas familias coinciden nombres propios: María, José, Margarita, Jerónima.

Pasó su infancia y pubertad en su pueblo natal, con escuela primaria incluida; en Zaragoza en su período laboral, rodeada de sobrinas que la querían mucho, aprendiendo ella a querer y a dejarse querer; y, por fin, en Tarrasa en sus años de jubilación, con otros sobrinos, que se han desvivido por ella, pues se lo supo ganar, ya que ella sabía vender por doquier bondad y confianza, hasta que ha sonado la llamada del Señor.

Y, aunque ella sabía la existencia de Peralta de la Sal y que estaba a unos 65 kms. de Lagunarrota, sólo en sus últimos años de su vida se le ocurrió visitar Peralta. Su primera visita ocurrió el 3 de julio del 2002. La trajeron sus sobrinos de Tarrasa y estuvo todo el resto del mes; los dos años siguientes pasó en esta Casa Cuna, Julio y Agosto; su última visita fue en el 2005 y a ella le supo a poco pasar con nosotros esos dos meses de estío.

Tanto fue el afecto que cogió no sólo al lugar, sino sobre todo a las personas, que era una gozada su presencia, alegrándonos con sus alegrías y sintiendo el pesar de sus cuitas: Era el gozo de la Casa y de los moradores de Peralta con quienes compartía en el Club de los Ancianos unas dos horas diarias.

Enterada que en el Pueblo vecino de Fonz, vivía una Baronesa (tataranieta de la hija de Pedro María Ric, gran admirador de la Escuela Pía), tuvo gran deseo de conocer cómo era la Baronesa de Valdeolivos. Cumplido su deseo, fue tal la impresión de sencillez y de amabilidad que produjo María a la Baronesa que ésta preguntaba, con frecuencia, por Maria Calasanz de Lagunarrota. Y hasta unas ancianas de la Residencia, también de Fonz, con quienes compartió breves momentos la recuerdan y se preguntan: ¿Cuándo vendrá María? Pero tronchó el Señor esa nuestra dicha. El sabe por qué.

No dudé un instante en acudir a su entierro a pesar de mi edad y la distancia. Presidimos el Funeral tres sacerdotes: su Párroco de Tarrasa, el Párroco de San Gil de Zaragoza, amigo de la familia, y un servidor en representación de la Escuela Pía y de Peralta.

El dolor, la emoción y el recuerdo me acompañaron. Fue un momento particular de mis 90 años que me anima a vivir con esperanza; y agregué con garbo: Señor, danos un corazón grande para amar... al menos como el de María Calasanz.

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