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"SABES LEER, ELLOS NO. PODEMOS CAMBIARLO"

José Antonio Gimeno, Sch. P.

   

Con este sugerente lema lanzaba Manos Unidas su campaña para este año. Todos nos sentimos movidos por él. Y es que aprender a leer y escribir, la enseñanza Primaria, no es todavía universal; sólo lo es en nuestros países del norte. En los países de África subsahariana el 70 % de niños no tienen acceso ahora a este derecho fundamental de la educación, y menos aún lo tuvieron sus padres y abuelos. Y cuando vives con ellos allí, percibes qué anhelo tienen de aprender, de que alguien les enseñe. Intuyen que es su futuro y el de sus tribus, como nosotros sabemos bien que así es.

Hace 450 años nació S. José de Calasanz. Dedicó su vida entera, hasta los 92 años, a esta enseñanza de Primaria, gratuita, para todos, en Roma, Italia, Europa. Practicó y transmitió su convencimiento de que esa educación integral, humana y cristiana, desde los primeros años, era el mejor modo de construir la sociedad futura y clave de su desarrollo. Cuando murió, 500 escolapios estaban siguiendo su obra en Europa. Aquellas sociedades empezaron a darse cuenta de la importancia de dar educación al pueblo.

Hoy por fin, una serie de países tienen su Ley General de Educación, obligatoria y gratuita, hasta los 16 años. No es el caso de los países subdesarrollados. En la "Declaración del Milenio" que la ONU proclamó (New York, 2000) y 191 países firmaron, el 2º de los ocho Objetivos de Desarrollo es: "Conseguir que todos los niños del mundo tengan acceso a la Educación Primaria". Y esto antes de llegar al año 2015. Calasanz hubiera saltado de alegría; y nosotros también.

Ya en 1967, Pablo VI en la "Populorum progressio", de la que se cumplen 40 años, afirmaba que en el desarrollo de los Pueblos el motor real es la educación, una educación integral, de mente y espíritu, para favorecer y hacer posible un desarrollo humano con plenitud.

Esto es en lo que los escolapios nos hemos volcado en Camerún fundamentalmente, desde que llegamos allá hace solo dieciocho años, y la línea de futuro que seguimos construyendo. Escuelas de Primaria en la tribu Nkwen para 1.300, escuelas de Primaria en Bamendjou para 1.400, escuela Agropecuaria en Menteh, escuela Técnica de mecánica, electricidad, etc en Bafoussan, en cuya construcción estamos, así como la escuela de Primaria y Secundaria en Yaoundé, y otra de Primaria en Bafia.

Que la educación Primaria sea universal es difícil, pero no imposible. Por ejemplo, los gastos mundiales en defensa fueron en 2006 de 956.000 millones de euros. Con sólo que se redujera un 1% para dedicarlo a la educación Primaria, todos los niños del mundo la recibirían durante un año. Con una reducción del 10% se aseguraba la eliminación del analfabetismo infantil en los próximos diez años. No es problema de poder, sino de querer. Y en las voluntades de los políticos, el pueblo podemos influir.

En el primer mundo, invertimos en educación más de 7.000 dólares por niño y año, en educación. En el África subsahariana, 38 dólares. Tras esto, sobra hablar; solo queda actuar.

Y actuar es lo que hace Manos Unidas (que ayudó en 2006 con 56 millones de euros), Intermón, Médicos Sin Fronteras, Médicos Mundi, y una serie de ONGs no politizadas. Actuar es lo que hacen los todavía miles de misioneros que gastan su vida en ese mundo infradesarrollado, a los que no acceden televisiones ni telediarios, ni reciben estatuillas de plata en fiestas de ricos, ni premios de sociedad; simplemente, no existen.

Pero ahí están ellos, actuando de lleno en el silencio, como hizo María en Nazaret, en Caná, en la espera del Espíritu Santo. Al igual que tantos millones a lo largo de dos mil años. La fe es el alma y motor. Como decía Jesús Castellano, "viven el estilo mariano de hacer caridad en la Iglesia Católica".
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