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  E D I T O R I A L

CELEBRACIÓN DEL CAPÍTULO GENERAL

 EN PERALTA DE LA SAL

P. Javier Negro, Sch. P.

   

Celebrar el 46 Capítulo General de la Orden en Peralta de la Sal, en la casa natal de Calasanz, en su santuario, es un honor grande para nuestra Provincia, para la casa y para el pueblo de Calasanz.

No nos pasa por alto imaginar la cara y las palabras de Calasanz si alguien le hubiese profetizado que en su pueblo y en su casa iba a tener lugar tal evento. Tenemos derecho a soñar y a imaginar no sólo esto, sino también imaginar y soñar el mensaje que a sus capitulares mandaría hoy. Alguien ha dicho, al sugerirle este sueño, que Calasanz hoy está mudo, que no habla. ¿Tampoco habla acaso hoy Jesucristo o su Espíritu?

Está claro, sin embargo, que nos adentramos aquí en un mundo diverso y plural de respuestas a la pregunta de cuál es el mensaje que Calasanz hoy nos dirige. Ya sería muy positivo hacer este ejercicio interior de discernir los pasos de orientación de Calasanz hoy.

En Vita Consecrata se nos dice:

“¡Vosotros no solamente tenéis una historia gloriosa que recordar y contar, sino una gran historia que construir!

Poned los ojos en el futuro, hacia el que el Espíritu os impulsa para seguir haciendo con vosotros grandes cosas” (VC 110)

Una actitud necesaria no sólo en los Capitulares, sino en toda la Orden: todos mirando hacia delante, no unos a otros, hacia el futuro que el Espíritu nos impulsa para seguir haciendo grandes cosas. ¿No sería éste tal vez el mensaje de Calasanz hoy a la Orden en su casa, en la casa de la infancia, en la casa paterna, donde hace poco celebrábamos su nacimiento con la idea del “aquí comenzó todo”; análogo a la alusión bíblica a la Galilea de los gentiles de la que también se dijo: “aquí comenzó todo”?

Tal vez el Espíritu nos va sorprender si evitamos actitudes de derrotismo, de tristeza crónica, de abatimiento del “pondus diei et estus”, de añoranzas de “tiempos pasados fueron mejores”, de falta de fe, en el Espíritu que sobre Calasanz sopló ya en su pila bautismal de Peralta, en el Dios de la Vida y de la historia, en cuyas manos existimos, trabajamos y soñamos.

Los Capítulos son un tiempo privilegiado para la escucha de mí mismo, del otro y de Dios, para el discernimiento a base de oración y diálogo, para responsabilidad, para el compromiso con la historia de Dios, para la generosidad hacia la llamada de Dios y de la Orden.

Siempre que hay innovación hay miedos; es lógico, pues toda innovación remueve esquemas, estructuras, anclajes incluso vitales, proyectos meramente personales o individuales o grupales. Pero el miedo es sólo un sentimiento, que no pude paralizarnos en nuestra historia ni personal ni institucional. El miedo nos habla de cosas que hay tras él: necesidades de autonomía, de ser alguien, de ser amado, de paz interior, de validez, que sólo se pueden gestionar y cubrir mediante un proyecto de vida y de Orden profundo y actual y mediante la experiencia del encuentro verdadero con el Resucitado, cuyo mensaje siempre es: “no temáis, la paz con vosotros, como el Padre me ha enviado, así os envío yo…”