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LA FORMACIÓN DEL PROFESORADO EN NUESTRA PROVINCIA

P. Crispín Megino Rillo, Sch. P.

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“¿Estaba aún enamorado de Lía? Si dudaba, era que no lo estaba, pero, claro, si sufría, era que sí lo estaba. Recorrí unas cuantas veces el mismo círculo vicioso para llegar a la absurda conclusión de que estaba y a la vez no estaba enamorado de ella”.

Jorge Gómez Soto en “Se vende”

 

Actividad: Ordena el razonamiento que sigue el protagonista que piensa en su problema.

Y los alumnos hicieron el siguiente orden en el razonamiento:

  1. Me pregunto si aún estoy enamorado.

  2. Si sufro, estoy enamorado.

  3. Si dudo, no estoy enamorado.

  4. Estoy y a la vez no estoy enamorado.

Y el profesor invitó a seguir y dijo 5? Y un alumno avispado añadió: Me pregunto si aún estoy enamorado. Y siguió: 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12… Y los alumnos comprendieron qué era un círculo vicioso en el razonamiento.

Apliquemos este razonamiento a la situación de la formación permanente del profesorado en nuestra Provincia en el que debe entrar también el aspecto cristiano y calasancio. Reduzcámoslo a cuantas menos variables mejor y empecemos el razonamiento ordenadamente.

  1. No hacemos acciones formativas con el profesorado porque no hay un plan de formación.

  2. No hay un plan de formación porque no nos ponemos a hacerlo.

  3. Dado que no hay un plan no tenemos acciones formativas.

  4. No hay un plan porque no nos ponemos a hacerlo.

Y así se nos pasa el tiempo manteniendo el pabilo vacilante, menos mal.

 

Sugerencias para un plan de formación del profesorado

1.- Tenemos unos cursos de formación en Peralta y Roma con un programa y un horario de calidad; dichos cursos se vienen haciendo desde hace casi 20 años en nuestra Provincia; debemos consolidar la presencia de nuestro profesorado en dichos cursos porque se consigue crear un clima agradable, de reflexión y concienciación.

Pero debemos reflexionar: ¿Hemos conseguido que fueran a dichos cursos los más veteranos de nuestros centros? La jubilación anticipada juega a nuestro favor y podemos concluir que la inmensa mayoría de nuestros profesores han vivido la experiencia de dichos cursos calasancios. Por lo tanto “Chapeau”. Y que continúe anualmente esta experiencia en Peralta y de vez en cuando en Roma.

 

2.- La Congregación General ofreció 9 temas de formación permanente después de haber ofrecido anteriormente otra tanda de temas para ir desarrollando en distintas sesiones de formación en nuestros centros al profesorado que se encuentra en el primer estadio del laicado, o sea, a todo el profesorado de nuestros centros. La Provincia ha distribuido dichos temas para que se desarrollen en tres cursos consecutivos; llevamos dos cursos en el desarrollo de dichos temas y ya nos quedaría uno para terminar los 9 temas.

Es otra acción positiva que requiere también una reflexión: En el primer curso de desarrollo de estos temas, el curso 2006-07 se desarrollaron los tres temas preparados por el equipo de laicos de la provincia con sendas charlas en los respectivos claustros de nuestros colegios; bien preparadas en ppt y bien acogidas.

En el curso 2007-08 se desarrolló de la misma manera la charla del primer trimestre y las otras dos se dejaron para que las desarrollasen los encargados de laicos de cada colegio, si bien fueron preparadas en sendos ppt por el equipo provincial. Aquí también debemos decir: “chapeau” por lo que se hace. Pero preguntémonos: ¿en cuántos colegios se hicieron en el segundo y en el tercer trimestre y cómo resultaron?

 

3.- ¿Y qué hacemos con el material de la Congregación General sobre el tema de “misión compartida” que a mi juicio es también válido para todo el profesorado de nuestros centros? ¿No podría meterse en el futuro plan de formación? ¿Cómo darle cabida con realismo y procurando que llegue  a todo el profesorado de nuestros centros? Aquí no podemos decir “chapeau”; sencillamente no hay sobrero. ¿No se podría ofertar, mensualmente, o trimestralmente algo a nuestro profesorado que no tendría que ser de un modo uniforme para todos pero en el que se sintieran implicados todos a distinto nivel y dedicando los correspondientes tiempos? ¿O por qué no proponerles que se haga un plan individual de formación en el que tenga cabida la formación cristiana y calasancia y que presenten alternativas para llevarlo adelante en cada curso escolar?  Debemos reflexionar sobre este tema; en primer lugar los escolapios religiosos y después los “escolapios laicos” que viven el mismo carisma de evangelizar educando aunque con otras vivencias personales. O tal vez, los dos tipos de “escolapios” a la vez deberían reflexionar este punto; quizá convenga decir que laico no equivale sencillamente a seglar.

 

4.- Y en el tema de formación cristiana general ¿no podríamos iniciar algún proceso de teología para seglares con aplicaciones de los temas al campo pastoral?

Reflexionemos: ¿Lo vemos conveniente? ¿Es tan difícil? ¿No podríamos aprovechar nuestra estructura formativa para trabajar estos campos? ¿No podríamos ir aquí por la misma línea de trabajo que la propuesta en el punto 3?

¿No podríamos contar con tiempos de formación del mes de julio para alternar ofertas de formación cristiana y calasancia en distintas modalidades con ofertas de formación  técnica para el ejercicio docente general? ¿No seríamos capaces de discurrir algo? Yo creo que sí.

Si nos detuviéramos a pensar en todo esto seríamos capaces y tendríamos las personas suficientes y adecuadas para implementar también estas dos líneas de trabajo sugeridas en el punto 3 y 4.

Y ya tendríamos un plan considerando los cuatro puntos anteriores; habría que ponerle una temática y unas propuestas flexibles individualizadas o grupales de realización; entonces también diríamos “chapeau”: habría unas líneas de trabajo, unas personas que las fueran impulsando, realizando y evaluando; ¿no sería esto un buen plan de formación si se lanzase para los cuatro próximos cursos?

Tengamos en cuenta que ya casi faltan solo dos cursos para el próximo capítulo provincial y en cambio, estaría bien que lanzásemos planes de largo alcance que estén por encima de las personas concretas que ostenten ciertos cargos; sería una manera de asegurar unas acciones formativas dentro de un plan coherente y cohesionado.

 

¿Qué hacer con las jornadas de formación en sábado?

Si se implantasen los cuatro espacios formativos aludidos anteriormente con sus tiempos y calendario convendría estudiar la conveniencia de organizar algo en sábado; todas las instituciones incluidos sindicatos, partidos políticos, organizaciones empresariales hacen sus congresos en fines de semana, pero podemos abrir el panel de las apuestas.

Puede seguir haciéndose algo con carácter general para el profesorado o pueden reforzarse los cuatro pilares anteriores asegurando su ejecución generosa en los tiempos y temas y en tal supuesto se podrían dejar los sábados para colectivos concienciados (reuniones de secretariado de Educación, de Laicos, de Rectores y Titulares, de Administradores y Secretarios dado que tienen otra jornada laboral anual, de Apas, de responsables de departamentos, de Asociaciones Deportivas, de Cofradías, de Catequistas de los Grupos Calasanz, de responsables de esto o de aquello relacionado con los Colegios y la Provincia, de… o para profesorado que viese en esa asistencia una oportunidad única de formación por la importancia del tema tratado (prácticas de laboratorio, pizarras digitales, departamentos de idiomas... u otras cosas que no se puedan hacer en los Colegios o convenga reforzar la interrelación entre el profesorado de distintos Colegios).

La renuencia que se observa en ciertos profesores y ciertos escolapios debería someterse a reflexión desde el hecho de que los mismos sindicatos, partidos políticos, administraciones públicas y empresas celebran sus congresos y grandes acontecimientos en viernes, sábado y domingo. Reflexionar sobre todo esto y tomar decisiones pensando a longe y no solo pensando en las distancias cortas nos daría seguridad y claridad en el lanzamiento de nuestros planes. También habría que hacer un seguimiento del proceso formativo desarrollado por cada uno de nuestros profesores, es decir, un seguimiento personal de su formación profesional, humana y calasancia desde la confección “consensuada” de un plan individual de formación.

 

Conclusión

Por mi parte animo a quien tiene autoridad legal a que se erija en promotor para idear y realizar un plan envolvente, flexible, individualizado y/o grupal en cuyos resultados pudiéramos confiar todos. Que reúna a la gente que tenga que decir algo sobre este tema y que dinamice la situación. Más adelante ya refrendaría dicho plan el Secretariado de educación o estudiaría las estrategias mejores para llevarlo a realización. Pero, primero que sea la Provincia a través de los escolapios tanto religiosos como laicos quien reflexione y dé sugerencias para que alguien presente un plan a la Congregación quien, a mi entender, no debería situarse al margen. No obstante, tal vez convenga aceptar que lo importante no es que haya un plan sino que haya un equipo que esté dispuesto no sólo a hacerlo sino a dirigirlo y desarrollarlo en los próximos cursos.

Y entonces saldríamos del “círculo vicioso”. Si se está en una línea de trabajo formal, serio y consistente que cuenten conmigo para echar una mano.