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LOS CAPÍTULOS GENERALES, ¿SIRVEN? ¿Y PARA QUÉ? José Mª Arnaiz, SM Exsecretario de la Unión de Superiores Mayores |
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He participado en siete Capítulos generales (CG) de los marianistas -hasta ahora los hemos tenido cada cinco años- y en unos cincuenta de otras congregaciones. Desde esa experiencia me hago la doble pregunta del título de este artículo. El primero de los marianistas, con apenas treinta años, lo viví en 1971. El primero de otras congregaciones en 1978 y el más reciente sólo hace unos meses. Algunos institutos religiosos en los que he colaborado son relativamente pequeños; de apenas setecientos integrantes y otros de los más numerosos de la Iglesia. Mi tarea ha consistido en facilitar el proceso con la iluminación de algunos temas, crear un ambiente de discernimiento o guiar el proceso capitular. No hay ninguna duda de que en los últimos años se han intercambiado entre las congregaciones oración, experiencia, reflexión y ayuda para conseguir que este acontecimiento, que vivimos con más o menos frecuencia, sea un verdadero kairós. Ahí van algunos comentarios; nacen de la experiencia personal y también de la ajena. ¿Qué es lo más delicado de un CG? De las tres tareas propias de un CG -tomarle el pulso al estado de la congregación, establecer un plan de acción para el próximo período y elegir las personas que van a gobernar el instituto religioso- el más delicado es el último. Es el más delicado y el que mejor mide la profundidad y calidad humana y religiosa de los integrantes de un CG. Para bien vivir este momento se precisa la adecuada preparación y la atinada conducción. Creo que en general la vida consagrada es una de las instituciones eclesiales que sigue el mejor camino, método y proceso para establecer en los cargos las debidas personas. Normalmente se hace mediante la elección directa. Sin embargo, también hay que decir que no faltan las debilidades y errores humanos en quienes participan en estos procesos y tanto en los electores como en los candidatos. Los intereses personales llegan a primar sobre el bien del Instituto y con alguna frecuencia se llama voluntad de Dios a la búsqueda de la propia. Por el contrario, una elección bien hecha deja a los capitulares en muy buen pie. ¿Qué hacer y qué no hacer en un CG? A veces las tareas del CG se confunden con las del consejo general o de los capítulos provinciales o de asambleas las más diversas. Un CG tiene su identidad y rol propio; no debería entrar en la programación de las actividades. Tampoco tiene que hablar o decidir o legislar algo que sólo atañe a una provincia o grupo. Creo que sus funciones principales se sitúan en el nivel del motivar; dejará a las congregaciones con razones para actuar, moverse; para hacer, dejar de hacer o hacer distinto. En el nivel de la inspiración; algo nuevo, en palabras y acciones tienen que traer a los integrantes del Instituto; enganchará con el CG anterior pero no puede ser una fotocopia del mismo; es otro momento de la historia del grupo y del mundo. Por tanto se necesitan alternativas, palabras claras e inspiradas; hay que hacer hablar de nuevo al Fundador o a la Fundadora, al Evangelio o al Papa de turno. Así se recupera la frescura vital de la simplicidad evangélica y carismática. En el nivel de la acción tiene que haber llamada clara y precisa a dejar de hacer algunas de las cosas que se hacían, a hacer de modo diferente las mismas o a comenzar o poner acciones distintas. Se tienen que plantar árboles nuevos y no sólo ponerse a la sombra de los existentes. Pero esas acciones serán grandes; no pequeños gestos de reunión de comunidad aunque bien pueden mover a ellos. Un CG tiene que entrar en el nivel de la formación inicial y permanente; ese campo se debe tocar siempre, ya que siempre hay que convertirse. En fin, no puede faltar el nivel de gobierno y el modo de ejercer el servicio de animación en los diversos niveles. ¿Qué modo de ejercer la autoridad necesitamos en estos días? Todo esto se vuelca normalmente en un instrumento de trabajo que elabora la comisión preparatoria y que el capítulo asume, trabaja, completa, mejora y aprueba; instrumento que orienta y da unidad a los trabajos de los CG No hay duda que del CG viene lo que al CG va y siempre mejorado. ¿De lo económico se habla o no se habla? Se habla y más de lo que lo hacemos habitualmente. Los recursos humanos y económicos de una congregación tienen que interesar a los integrantes de un CG Para empezar hay que informar de cuál es el costo del capítulo que se celebra. Sé de una congregación que no pudo tener CG por no tener recursos para afrontar los viajes; y de otra que lo acortó por razones económicas. Bien podría decir que hay CG que no pesan lo que valen o lo que cuestan. Un tema de CG es poner los recursos de un Instituto al servicio de la misión; no lo es menos importante llegar a una economía cien por cien comunitaria, propia de personas maduras que compartan realmente los recursos económicos de las distintas latitudes, grupos, provincias. Sobre este tema se debe pensar y proceder en grande. ¿CG largos o breves? Por supuesto que es distinto un CG femenino que uno masculino. Son varias las diferencias. En general, los de mujeres tienden a prolongarse más, en igualdad de condiciones, que los de los hombres. Antes todos eran más largos y ahora todos procuran ser más breves. Lo menos que se puede decir de esto es que hay que aprovechar lo mejor posible el tiempo, y los temas deben ser debidamente abordados. No hay duda de que una buena preparación de un CG permite acortar su duración. También es verdad que la cuidada programación de la comisión capitular se puede encontrar con sorpresas. Cuando menos se lo espera, el capítulo se traba. Es muy importante que el que conduce logre con claridad y paciencia sacar del impasse. Por supuesto, en el seno de un CG no hay que dedicar tiempo a decidir lo que se debe hacer; la agenda tiene que estar establecida con antelación; es una de las tareas más delicadas de las comisiones preparatorias y de los consejos generales. La metodología a seguir y el proceso a hacer deben haber sido preparados cuidadosamente por la comisión preparatoria. Al CG le corresponde aprobarlos y ponerlos en práctica. ¿CG numerosos o reducidos? Por supuesto los CG quedan constituidos de acuerdo a las constituciones de cada Instituto. Pero ¿qué criterios se siguen para establecer esas normas? Creo que la preocupación se tiene que poner más en que sean representativos que en que sean numerosos. Últimamente se ha advertido una tendencia a reducir el número de los participantes y para ello se han buscado las fórmulas más diversas conservando siempre el debido equilibrio entre los que son elegidos y los que forman parte del Capítulo por derecho; aunque hay que indicar que en la mayoría de los casos éstos o éstas han sido nombrados después de consultar a los miembros de la Provincia o de la Zona. Por supuesto que cada uno de los que eligen a los capitulares puede elegir al delegado que quiera, pero ayuda a dar el voto a la debida persona contar con un adecuado perfil de capitular. ¿Documento o no documento? Discusión inútil. Un CG tiene que dejar plasmada su propuesta en un texto. El gran desafío que tenemos por delante es que el texto sea muy bueno. Y para ello que sea breve, que tenga su inspiración en el Evangelio y en la tradición de la congregación, que sea testimonial, propositivo, de lenguaje directo y claro, que no falten las imágenes y sea creativo y despierte la creatividad. Un texto así solo lo hacen hombres y mujeres de esa calidad de vida. Casi me atrevería a decir que un texto de más de diez o doce páginas ya nos deja con dudas de que sea bueno. ¿A quién va dirigido? Un Capitulo general tiene que acertar a describir bien quiénes son sus destinatarios. ¿Para quién evalúa? ¿Para quién decide? ¿Cuáles son las verdaderas necesidades del Instituto en ese momento? Creo que una pregunta que no puede faltar en el proceso de preparación de un capítulo es la siguiente: ¿cuál es el desafío que ahora tiene la congregación? Y esa pregunta debe llegar a cada integrante de la congregación y de cada miembro tiene que obtenerse algún tipo de respuesta. De ese modo los capitulares saben a quién hablan y de quién hablan y para qué lo hacen. Por supuesto, el tono y los contenidos de un CG tienen que llegar a lo internacional, a todos los religiosos y religiosas desde lo concreto y local. Las congregaciones somos transnacionales desde mucho antes que las transnacionales de mercado cobraran el auge que tienen. Un CG supone un gasto enorme de recursos humanos y materiales; tendríamos que tomarnos muy en serio la importancia del "impacto" que podemos tener incluso a nivel eclesial o social. ¿Cómo hacer del Capítulo un todo? El CG tiene que ser un todo en la preparación y en la celebración; será un único proceso en la celebración y puesta en práctica; no puede faltar un mismo hilo conductor en la evaluación y ponderación del estado de la congregación, en las elecciones y en la elaboración del plan de acción. Sirve mucho dar con una expresión provocadora de esa gran intuición. Se debería elegir tanto para General como para consejeros a quienes mejor pueden responder al desafío que la congregación tiene en este momento; y a quienes son capaces de llevar adelante el plan de acción del mismo Capítulo. Para ello cuando se realizan las elecciones este plan tiene que estar al menos pergeñado. Las etapas tienen que armarse adecuadamente y por supuesto bien integradas estarán las celebraciones, la oración, el descanso, las iluminaciones que se piden. ¿Cuándo y dónde tener un Capítulo? Son dos preguntas importantes. Por supuesto, la respuesta de libro sería que cuando nos lo indica la Regla. Y creo que las reglas deberían indicar cada siete u ocho años. Cuando son muy frecuentes, como ha sido el caso de los marianistas, lo menos que se puede decir es que no hay el tiempo suficiente para implementar lo decidido; se constata fácilmente que los años se van en preparar los CG y en informar y transmitir lo que se produjo. Es muy escaso el tiempo que queda para ponerlos por obra. Una congregación debe vivir en función de la vida y de la misión y no de los CG. Se están buscando las mejores fórmulas para evitar la excesiva frecuencia, cosa que no siempre resulta fácil por el tema de la permanencia en los cargos. Es importante el lugar dónde se celebra. Tiene que ser lo más céntrico para la mayoría de los miembros; si no, los viajes serán muy caros. Es mejor si es emblemático para la congregación. No pueden faltar condiciones y espacios en las casas donde se celebra. Ofrecerá posibilidades para cumplir los objetivos propios de un CGT. En un momento se priorizaron lugares que permitieran a los capitulares tomar contacto y conciencia de las realidades más diversas de las congregaciones. Poco a poco se ha ido dejando esto para otro tipo de encuentros y reuniones y se ha dado prioridad a los lugares más adecuados para esta tarea que pide reflexión, reuniones, trabajo prolongado, atención a los diferentes idiomas, servicio de secretariado, de información y comunicación. No hay duda de que los actuales recursos de los medios de la informática y de la comunicación en general, nos ofrecen posibilidades para realizar encuentros, que sin sustituir los CG, contribuirán a acortarlos todavía más. Lo que estos medios pueden ayudar en los procesos de animación y gobierno tanto general como provincial o regional está todavía sin estudiar y ensayar. ¿El mejor Capítulo de la historia del Instituto? Es el calificativo que algunos ponen siempre al capítulo de turno; en consecuencia todos son los mejores, y eso no puede ser verdad. Los hay de más peso y de menos; existen los que atinan mejor con la debida respuesta que se tiene que dar a las necesidades del Instituto y a los desafíos de la Iglesia y de la sociedad. Por supuesto que la pregunta sobre la eficacia real de los CG es oportuna. No siempre maduran cosas nuevas ni se llega a buenas propuestas. ¿Merece la pena seguir organizándolos cuando nos suponen tanto y nos dejan tan poco? ¿Dónde se ve su fruto? Nos exigen mucho dinero y energía. ¿Compensa el esfuerzo que se hace? ¿No habrá otros modos más sencillos para elegir a quienes nos van a gobernar y hacer un plan de gobierno? Los cuestionamientos sobre la necesidad de los CG que se daban sobre todo en Roma hace una década, duraron poco. No hay duda de que los CG son necesarios e indispensables. Además están mandados. Sólo queda prepararlos bien, vivirlos con intensidad y entrega, continuar la labor iniciada en los días de capítulo con la misma creatividad y generosidad y así sacar mucho fruto. Así se convierten en tiempo de gracia para los que en él participan y para quienes de él recibirán inspiración y propuesta de una nueva andadura en la que no faltará el vigor de la alegría. Años ha pudimos leer una estupenda reflexión del Cardenal Pironio sobre los CG como un momento y acto eclesial. No es un momento fuerte sólo para los miembros de la congregación; lo es también para laicos, sacerdotes y obispos; una congregación no puede ser una burbuja en la Iglesia; en ella y para ella vive; tampoco en la sociedad. El CG tiene que proceder en convergencia y en sinergia con la sociedad, y sobre todo con la Iglesia; es un momento de Iglesia. |