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UNA BUENA NOTICIA

P. Dionisio Cueva, Sch. P.

 

Desde hace aproximadamente 20 días tengo sobre la mesa un precioso libro, editado en Zaragoza el 8 de diciembre de 2008, y que lleva por título TESTIGOS DE NUESTRA FE. La persecución religiosa en la Archidiócesis de Zaragoza (1936-1939). El volumen, bellamente ilustrado, y redactado por especialistas, suma 457 páginas. Y la realidad que ofrece supera lo que promete el título.

No te voy a cansar, lector amigo, describiendo y analizando esa realidad. Me gustaría, pero voy a evitar la tentación. Lo que quiero decirte, y brevemente, es que en esa realidad hay un manojo de noticias escolapias. Y esas sí quiero que no las pierdas, por si no te es posible hacerte con el libro.

Bueno, pues aparte la transcripción textual de los documentos oficiales, en los que figuran el P. José Luis Cepero como Delegado episcopal para las Causas de los Santos, y el P. Dionisio Cueva como miembro de la comisión histórica, hay más nombres y más hechos. Déjame ir por partes

En las pp.67-72, el P. Cepero describe, con precisión documental y con claridad histórico-jurídica todo el proceso diocesano “super martyrio” de los siervos de Dios. Son unas páginas densas de fechas, documentos, nombres y actuaciones sistemáticas, desde la apertura de la Causa en 2001 hasta el traslado de los Procesos a Roma en 2007. El autor ha tenido la virtud de saber conjugar datos y estilo en  un relato que se lee con curiosidad y provecho. En la primera página aparece la fotografía del autor.

Las páginas 216-231 nos presentan las fotografías y biografías de diez Escolapios mártires: Domingo Blanch Alós, Ramón Encuentra Latorre, Manuel Guíu Piazuelo, Marcelino Jimeno Vicente, Domingo Jordán Valls, Tomás Lacarra Mendoza, Dionisio Pintado Suils, Ramón Royo Zapater, Pedro Serrate Munteis y Saturnino Lacuey López. Miembros de las comunidades de Alcañiz, Zaragoza y Barbastro. Firma el trabajo el autor de este artículo.

Pasemos de los maestros a los alumnos. Los enumero, con amor y veneración, en sencilla letanía: Ezequiel Foz Burgués (+ 20-08-1936) Coadjutor de Valjunquera, “estuvo como alumno interno en las Escuelas Pías de Alcañiz”. Manuel Emilio Lafuente Cólera (+15-08-1936), Beneficiado de Alcañiz, “realizó los estudios primeros en el colegio de los PP. Escolapios de Alcañiz”. Antonio Navarro Salvo (+14-09-1936), Coadjutor de Alcañiz, “comenzó los estudios en el colegio de los Padres Escolapios de Alcañiz. Acabados los estudios de Primera Enseñanza y de Latín, ingresó en el Seminario” Lorenzo Puértolas Vidal (+31-07-1936), Adscrito a Alcañiz,  “estudió en los PP. Escolapios”. Joaquín Prats Baltueña (+30-07-1936), Religioso Dominico. “estudió en el colegio de los Padres Escolapios (de Zaragoza) y luego sintiéndose llamado al sacerdocio cursó latín y humanidades de 1925 a 1929”.

Fueron más, pero me detengo en los cinco expresamente citados en el libro. Cinco antiguos alumnos, cuatro del colegio de Alcañiz y uno del colegio Escuelas Pías de Zaragoza. Cinco mártires. Cinco futuros santos. Cinco abogados seguros en el cielo. Enhorabuena a los dos colegios.

Hay más datos escolapios en este libro. Pero te he prometido ser breve. Déjame añadir dos detalles más.

Uno. El 18 de agosto de 1936 un numeroso grupo de sacerdotes y religiosos fueron encarcelados en el calabozo de la casa consistorial de Valdealgorfa, y allí “los confesó el padre Clemente Merino Piquer, residente en el Colegio de los Padres Escolapios de Barbastro. Antes de la ejecución, el Padre Clemente Merino Piquer les dio la bendición”.

Y dos. En el capítulo titulado La “Pasión” de las cosas, aseguran sus autores: “El templo de los Escolapios quedó derruido casi en su totalidad, y lo que quedó en pie, en difíciles condiciones de habitabilidad. Era de poco valor artístico”. Las dos afirmaciones son ciertas. Pero en ese templo habían aprendido a rezar, en él recibieron su primera comunión, en él manifestaron su amor a Calasanz y a la Virgen, en él fortalecieron su fe aquellos muchachos que supieron morir, años después, al grito de ¡Viva Cristo Rey! y perdonando de corazón a sus verdugos.

¿Verdad, amigo lector, que conocer estos hechos y estos nombres supone para los dos una buena noticia?