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Hip, hip, hurra!  ¡Cada vida importa!

(Narra y describe lo sucedido y vivido en Madrid un

17 de octubre de 2009 a favor de la vida humana)

Crispín Megino Rillo, Sch. P.

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"Nuestra época tendrá que arrepentirse,

no tanto de las perversidades de los malos,

como del ominoso silencio de los buenos."

M. Luther King

“La vida humana es un valor supremo desde la concepción hasta la muerte natural. Y, a partir de esta afirmación, tenemos que desarrollar una acción decidida contra el hecho real del aborto combatiendo las causas, ayudando eficazmente a las familias, asistiendo legal y socialmente a la madre soltera, tanto a la que desea quedarse con su hijo como a la quiere darlo en adopción. Por la misma razón que nos oponemos a todo atentado a la vida: pena de muerte, torturas, hambre, armamentismo, guerras, destrucción del entorno natural…, nos oponemos al aborto y a su legalización. La izquierda debe hacer que el vientre de la madre sea el lugar que la naturaleza ha hecho que sea el lugar más protegido. Rechazamos esa postura vergonzosa contra la vida de la que la izquierda, en la medida que han avanzado los conocimientos de la embrionología, tiene que liberarse. No sólo somos de izquierda y rechazamos el aborto, sino que lo rechazamos precisamente por ser de izquierda”.

Cuando aguardaba en la Puerta del Sol de Madrid el arranque de la manifestación en defensa de la vida humana, apareció un nutrido grupo de jóvenes con camisetas y pancartas blancas acercándose hacia la calle de Alcalá y repartiendo manifiestos. La izquierda se hacía presente en la manifestación. El texto que he reproducido es parte de este manifiesto. Esto mismo firmaron dirigentes de organizaciones políticas, sociales y sindicales que en 1982 se declaraban de izquierdas del PSOE, UGT, CNT, CCOO, Partido Comunista de España y Juventudes Socialistas y que publicaron en un comunicado amplio en el diario YA el 26 de octubre. Este posicionamiento choca de plano con las propuestas del actual anteproyecto de la Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo.

No me daba tiempo a analizar, mentalmente y de memoria, qué está pasando en la izquierda para dar estos bandazos ideológicos y comprobar lo alejada que se encuentra hoy día de los pronunciamientos de 1982; sin duda la profunda crisis económica que padece el país es una buena aliada para dar explicación a la aparición de este anteproyecto de Ley. Podríamos enumerar también los continuos testimonios de hombres de izquierdas que han ido apareciendo en la prensa en estos meses anteriores para ver que hay una fractura en la propia izquierda sobre el tema. No obstante, hoy quiere imponerse a toda costa este Anteproyecto desde la reunión que tuvo la Vice-presidenta-portavoz del Gobierno y los representantes de los lucrativos negocios abortistas que saltaron a la luz con las trituradoras de la clínica Ginemedex. El gobierno, a pesar de calificarse de “socialista”, había sucumbido a los cantos de sirena de los programas políticos y económicos neoliberales y capitalistas; toda una contradicción con su tradicional e histórica defensa de los débiles.

No empezaba mal la cosa. Yo estaba allí un poco acomplejado no me fuera a chocar con ciertos políticos que habían anunciado su presencia en la manifestación y me topé de bruces con una izquierda organizada cuyo descubrimiento me resultó sorprendente y gratificante. Con ello certifiqué una vez más que la defensa de la vida no es un asunto de izquierdas y derechas, sino un derecho humano, el primer derecho que tiene cualquier ser humano. Afirmado este derecho, todos los demás derechos tienen sentido; negado, en cambio, no hay opción a hablar de derechos humanos.

En el mismo manifiesto de este “Movimiento Cultural Cristiano”, se informaba que, el pasado 8 de octubre, la Casa de Cultura y Solidaridad acogió, una vez más, un acto contra el aborto bajo el valiente título "El aborto no es un derecho, es un genocidio”.

Afortunadamente, en el siglo XXI, la polaridad izquierda-derecha ya no pasaba por la economía (dos puntos de presión fiscal arriba o abajo), sino por la bioética, la cultura, el modelo de familia, la educación... Y aquí hay que insertar todas las propuestas sociales últimas del gobierno desde el matrimonio homosexual hasta la ley del aborto pasando por los temarios de la Educación para la Ciudadanía en cuya presentación se dice expresamente que busca la construcción moral de los alumnos. De momento parece que han ganado, pero poco a poco la ciudadanía se va dando cuenta de los engaños y embustes y va sacando la cabeza tímidamente. Una larga lucha, que van a ganar los ciudadanos antes que los partidos políticos y que, ojalá consigan antes que tarde, hacer pasar a la historia la realidad del aborto como en otro tiempo pasó con la esclavitud, los campos de concentración nacis con sus cámaras de gas, o con la bomba atómica lanzada sobre Japón en la segunda guerra mundial; a fin de cuentas, poca diferencia hay entre unas atrocidades y otras.

Comencé a sentirme privilegiado por poder contar todo esto al haber acudido a la manifestación. Después de estar una buena media hora a la sombra observando el espectáculo en la Puerta del Sol, decidí hacer un recorrido desde Sol hacia la Puerta de Alcalá, muy pegado a la pared dado el inmenso gentío que acudió a Madrid. Aún no eran las cuatro y ya estaba todo abarrotado de gente y de pancartas. Fui avanzando lentamente hacia la plaza de la Cibeles y descubrí la cabecera de la manifestación que estaba preparando su salida a la altura del Banco de España. Renuncié a avanzar más adelante y di una vuelta por la gran pancarta azul que colgaba de unos inmensos globos amarillos y que llevaba este slogan: “Cada vida importa”.

En un momento determinado, ya eran las 17:00 h, suena "Libertad sin Ira" de Jarcha y el público canturrea la música; también aparece por las tres pantallas gigantes la escena final de Bella, la película de Eduardo Verástegui que ha salvado unas cuantas vidas; y mientras los tres protagonistas se alejan por la playa, y se anuncia el Congreso Pro-vida que habrá en Zaragoza del 6 al 8 de noviembre, empiezan a sonar distintas canciones: "Walk of Life" de Dire Straits, "The Who" y "Life is Life".

A estas alturas me encuentro frente a la Cibeles a la sombra buscada, escorado un poco a la derecha. Comienzan los testimonios desgarradores de mujeres que fueron obligadas a abortar y de otras que tuvieron más suerte o más ayuda o más valor y decidieron negarse a abortar. En esta manifestación las mujeres son protagonistas por estos testimonios y por la segunda pancarta llevada por representantes de la plataforma “Mujeres por la vida”. Impresiona el testimonio de Esperanza Puente (portavoz de RedMadre), que nos cuenta cómo hace 14 años la engañaron en el centro abortista y cómo se dio cuenta de su error cuando vio los restos de su hijo descuartizado. "Era igual que nosotros, que todos los que estamos aquí, pero pequeñito". “El óvulo fecundado, dice el manifiesto de la izquierda aludido al inicio de este artículo, no es parte del cuerpo de la madre sino que es un ser humano distinto al que hay que proteger”. Todas estas asociaciones de ayuda a la mujer embarazada han salvado, en estos 25 años, 156.000 vidas de niños inocentes.

Después de estos testimonios de vida y esperanza, se oye la canción "Color Esperanza”. Es el turno de Eduardo Verástegui; hay un griterío tremendo y su voz pausada llega al micrófono para hablar de nosotros, los hombres, y reivindica su responsabilidad compartida en la vida de los hijos que hayan engendrado; y también nos dice que éste no es un acto de partido sino de defensa del hombre y de la mujer.

Tras recordar al más de millón de muertos por el aborto en los últimos 25 años en España, suena en su honor la interpretación de Pedro Alfaro del Preludio de la 1ª Suite de Bach y es, en ese instante preciso, cuando 5.000 globos blancos recuperan su libertad y vuelan hacia el cielo de este Madrid convertido hoy en Capital of Life como reza el sublema de “Cada vida importa”.

Isabel Durán, Isabel San Sebastián y Cristina López Schlichting leen el manifiesto oficial de la Marcha por la Vida y exigen a los que nos gobiernan que, si quieren legislar, tengan en cuenta primero la vida del niño y la ayuda a las mujeres embarazadas que desean tenerlo, y que ninguna se vea abocada a abortar por falta de información o alternativas. El manifiesto es refrendado por los asistentes con el acompañamiento de la canción "Nada de eso fue un error".

Aún queda la última intervención de Benigno Blanco que tras hacer un llamamiento: «A los políticos, parlamentarios, gobernantes y oposición les decimos que el derecho a la vida es demasiado importante. Tenéis que protegerlo», nos compromete para que esta manifestación no quede en un testimonio más o menos vistoso, sino que sea un testimonio permanente, profundo, honesto y valiente. Y en ese momento me comprometo a impulsar un plan para una adecuada educación de la afectividad y de la sexualidad entre los alumnos de la ESO siguiendo las carpetas de la Editorial Encuentro.

He vivido un éxito colectivo a pesar del silencio ominoso que sobre esta manifestación han tendido, en la realidad educativa en la que me muevo, aquellas Asociaciones que no han hecho nada para que la adhesión de los responsables de alguna de ellas llegara a sus afiliados, como ya pasó cuando se implantara el conjunto de asignaturas de “Educación para la ciudadanía” y de otras Instituciones que no han tenido a bien “señalarse” ante los poderes públicos por su apoyo a esta convocatoria por la vida y han preferido el silencio y/o el discurso de lo políticamente correcto.

Al bajar de nuevo hacia la Puerta del Sol para coger el metro me siento contento conmigo mismo y orgulloso de haber juntado mi persona a la de un millón y medio de gargantas, un millón y medio de corazones, tras el lema “Cada vida importa”. Aún se escuchan a lo lejos las voces de Katrina & The Waves cantando la esperanzadora "Walking on Sunshine", mientras las entrañas del metro de Madrid me engullen hacia la estación de Atocha Renfe.

Y acabo este artículo con esta aportación de Monseñor Munilla que está llena de sentido común y sabiduría popular dirigida a ciertos gobernantes: ¡Me fío mucho más de quien ha tocado fondo en la vida, por muy bajo que haya caído, y que ha hecho la experiencia humilde del retorno a la sensatez, que de aquel otro que se cree que va a reinventar una nueva civilización, y se muestra seguro en la soberbia de su ideología!".