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MERECE LA PENA REFLEXIONAR SOBRE...

(Trata de algunas ideas sobre la Vida Religiosa)

Crispín Megino Rillo, Sch. P.

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En el presente número de la revista Peralta se nos invita a participar bajo el epígrafe de “recepción del Capítulo General”. En principio todos recibiremos la documentación con los brazos abiertos porque andamos inquietos por redescubrir y construir aquel modelo de vida comunitaria que siga haciéndonos presentes entre los niños y los jóvenes, realizando la MISIÓN ESCOLAPIA, que, cómo quería San José de Calasanz, no debemos dejar por nada del mundo sino que debemos procurar seguir siendo con ellos “necesarios e imprescindibles” cooperadores de la verdad.

Nos dice al Padre General en su “salutatio” del mes de octubre: “Me gustaría contribuir a fortalecer en todos nosotros nuestra pasión por la Misión Evangelizadora a la que hemos consagrado nuestra vida y en la que estamos comprometiendo a tantas personas. Somos personas para la Misión y a ella nos dedicamos con todas nuestras fuerzas (C.12). Me gustaría dedicar mis esfuerzos a provocar en vosotros una sana y más fuerte “tensión misionera”, transmitiéndoos con claridad, y ojalá que con coherencia, que somos corresponsables con Aquel que nos ha llamado, y eso exige totalidad, plenitud, entrega generosa. Queridos hermanos, no da igual hacer las cosas de un modo u otro, ni somos llamados a entregarnos a medias (C.18)”.

Un encomiable propósito sin duda. Me atrevo a traer a la reflexión de todos, para hacer una adecuada contextualización, algunas consideraciones que el Cardenal Rodé, prefecto de la Congregación para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica, pronunció en Boston con ocasión de un encuentro con religiosos y religiosas de América del Norte el 27 de septiembre de 2008. Se trata de un texto brillante en el cual, con gran claridad y valor, el Cardenal Rodé analiza las causas de la actual crisis de la vida religiosa y propone algunas ideas para una correcta renovación. El texto completo se puede encontrar en distintos lugares de Internet.

Extracto algunas ideas.

“1.- La vida religiosa, siendo un don del Espíritu Santo a cada religioso y a la Iglesia, depende especialmente de la fidelidad a sus orígenes, fidelidad al fundador y fidelidad al carisma particular. La fidelidad a este carisma es esencial ya que Dios bendice la fidelidad y “resiste a los soberbios” (Santiago 4, 6). La completa ruptura de algunos con el pasado va, por lo tanto, contra la naturaleza de una congregación religiosa y, en sustancia, provoca el rechazo de Dios.

2.- Apenas la secularización (el naturalismo, dice él) fue aceptado como el nuevo camino, la obediencia se ha convertido en su primera víctima porque ella no puede sobrevivir sin fe y esperanza. La oración, especialmente la oración comunitaria y la liturgia sacramental, ha sido minimizada o abandonada. La penitencia, el ascetismo, se han convertido en cosas del pasado. Todo se ha convertido en un problema a discutir”.

Quizá en esta línea, el Padre General en su “salutatio” del mes de noviembre nos recuerda aquello de que: “Sin mí no podéis hacer nada”. "Os invito a fortalecer nuestra vinculación personal con Jesús, tratando de crecer en eso que llamamos “vida centrada en Cristo” y que todos sabemos que es nuestro desafío más importante. Pero entendamos bien esta propuesta: Jesús reñía cariñosamente a Marta no porque trabajara mucho, sino porque trabajaba descentrada de lo esencial. Es bueno que seamos capaces de hacer una lectura escolapia y misionera de este precioso pasaje evangélico (Lc 10, 38-42): nuestro sacerdocio se realiza en la misión, pero sólo si estamos centrados en Jesús. De lo contrario, nuestro sacerdocio es sólo una tarea más”.

“Como soluciones el Cardenal propone:

  1. Comunión con la Iglesia. Benedicto XVI la ha formulado de este modo: “Pertenecer al Señor: he aquí la misión de los hombres y de las mujeres que han elegido seguir a Cristo casto, pobre y obediente, para que el mundo crea y sea salvado”.

  2. Continuidad con el carisma del fundador. Este punto es de capital importancia, y es la clave para renovar y revitalizar nuestras congregaciones, para atraer vocaciones y realizar nuestras obligaciones en relación a los jóvenes que eventualmente entran en nuestras familias religiosas. El Concilio insiste sobre este punto.

  3. Deben amar su congregación e identificarse con el carisma del fundador, poseer un amor espiritual por sus deberes, ser conscientes de las fuerzas y debilidades de los jóvenes de hoy, y tener la completa asistencia de los superiores.

  4. Promoción vocacional indirecta es todo lo que construye la vida de Cristo en la Iglesia y puede ser sintetizada en tres dimensiones de vida: espiritualidad, catequesis y apostolado o ministerio. Nosotros debemos centrar la atención sobre estas dimensiones de la vida cristiana en los dos lugares que más influencian la vocación a la consagración: la familia y el corazón, mente y alma del joven.

  5. Hacemos promoción vocacional directa de muchas formas: hacemos propaganda, hablamos en escuelas y universidades, escribimos, invitamos, ofrecemos retiros y experiencias, y así sucesivamente. Esto debe y puede continuar y aumentar si es posible, utilizando todos los medios que hoy tenemos a nuestra disposición.

  6. Se necesitará mucha honestidad, humildad, valor, apertura de mente, diálogo, sacrificio, perseverancia y oración, como nos ha recordado el Papa Benedicto. En el Evangelio, Jesús nos ha advertido que dos son los caminos: uno es el camino estrecho que conduce a la vida, el otro es el camino amplio que conduce a la perdición (cfr. Mateo 7, 13-14).

  7. Quiero decir que hoy nosotros estamos inquietos y preocupados por muchas cosas, como Marta (Lucas 10, 41). Reuniones, conferencias, debates sobre la justicia social, comunicados de prensa y cosas de este estilo, llenan nuestro calendario. Pero hay una cosa y una sola cosa que, en última instancia, cambia el mundo: la íntima transformación de la persona por medio del contacto con la gracia de Cristo”.

Y aquí añado, por último, otra cita de la “salutatio” del mes de diciembre del P. General: “No hay duda de que las Escuelas Pías somos para la Misión. Para ella fuimos engendrados y a ella somos permanentemente enviados. Pero esta convicción se puede vivir, se vive, de muchas maneras. Deseamos invitaros a vivirla y encarnarla con verdadera entrega, discernimiento y entusiasmo, a pesar de que en ocasiones no es fácil. Necesitamos fundamentar esta convicción y hablar de esto entre nosotros. “Anunciar el Evangelio no es para mí mérito alguno, sino mi obligación. ¡Pobre de mí si no anunciara el Evangelio!” (I Cor 9, 16).”.

Puede que, en todo este recetario del Cardenal Rodé y en las citas insertadas de las “salutatios generalicias”, encontremos pautas de actuación para nuestra renovación espiritual, para nuestra pastoral general y para nuestra pastoral vocacional.

Ojalá y en todas las áreas, se creen en nuestra Provincia equipos de escolapios valiosos y solventes (religiosos y laicos) que encarnen estos deseos y valores; será, a mi modo de entender, una buena manera de “recibir” al Capítulo General.