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“La esperanza no defrauda”
“Esperar cuando no había esperanza, “Poema sin poesía” Cuando he visto un niño llorar…
Cuando he visto su rostro sucio y triste, y las moscas
Cuando he visto un niño desnudo y con hambre, Cuando lo he visto solo, y con sus grandes ojos, sin mirada…
Cuando he visto “una llama” que se apaga,
Me he preguntado, con el corazón roto, …y no me he sabido responder. Perdón, Señor, porque no te he reconocido. Desde el Recuerdo Viene a mi memoria (siempre es la memoria vehículo de vivencias), viene a mi mente, digo, lo que es recuerdo y fue vivencia, de hoy y de hace ya muchos años. Eran nuestros, mis años de estudiante de teología, en aquel pueblo pequeño, en aquella inmensa casa, con espacios abiertos, cuando todo era muy simple: estudio, deporte, rezo y silencio, lectura, y amistad sincera; paseos largos y sustanciosas conversaciones…
Sí, recuerdo aquellas tardes de invierno, después de un partido de futbol, en un,
No me lleva, digo, a aquel tiempo, la nostalgia de lo marchito o perdido, “nada se pierde” -dice el poeta. Confieso aquí la esperanza que, por todos mis poros, transpiraba, y que aún siento. No anhelo lo pasado; gozo con lo que viví y con lo que entonces esperé y he vivido.
Permitidme un recuerdo más: aquella estupenda Biblioteca, llena de
jóvenes, todos en silencio, leyendo o estudiando. Un ambiente
ocasionalmente serio, donde día a día formábamos nuestra
inteligencia y nuestro corazón, con la esperanza de, un día, servir
mejor a la Iglesia y a los niños y jóvenes. Agradezco emocionado la
Recuerdo y releo, algunos libros de aquellos años de presente, hoy, y de esperanza, entonces, que produjeron en mí un grato influjo y una visión que aún mantengo. “La espera y la esperanza” de L. Entralgo, es uno. Habla de la esperanza humana y cristiana; y son la Biblia y San Pablo, sus fuentes, aunque no sólo. Desde ese humanismo cristiano dice que “la espera se hace esperanza cuando el hombre confía, de un modo más o menos firme, en su ser, y cuando descubra que aquello en que su confianza se apoya, es el fundamento gratuito, creador y obsecuente de la realidad. La esperanza sólo puede ser genuina siendo religiosa”. El fundamento de por qué se espera convierte la espera, en un esfuerzo creador, y no en un empeño inútil. Si el fundamento es trascendente y mira a Aquel que, sólo Él, puede salvar definitivamente al hombre, se convierte en esperanza cristiana. “La esperanza cristiana tiene que ser un misterioso, gratuito y sobrenatural acabamiento de la pasión y del hábito de vivir esperanzado” (Prólogo) Según San Pablo… Con mucha frecuencia he leído y he vuelto a leer a San Pablo, y en concreto su carta a los Romanos. ”…Más aún estamos orgullosos también de las dificultades, sabiendo que la dificultad produce entereza, la entereza calidad, la calidad esperanza, y esa esperanza no defrauda, porque el amor que Dios nos tiene inunda nuestros corazones por el Espíritu que se nos ha dado”(5,3-5).
Dos son los elementos o ingredientes que dan realidad a la
esperanza. Por un lado, la certeza de conseguir lo que se espera.
Por otro, el fundamento de esa
Para quien quiera
Donde está el corazón del hombre, allí pone sus esperanzas y su ilusión, y éstas le llevan a luchar y a buscar nuevas dimensiones. “Lo que embellece al desierto -dice S. de Exupery-es que en alguna parte se esconde un pozo de agua”. Ello hace que el que busca siga caminando, aún en el desierto. Impresión Esperar sin que exista más allá de mi tiempo y del tuyo; de tu proyecto y el mío; sin que exista nada más allá de nuestra mirada egoísta, es, ni mirar, ni siquiera vislumbrar unos cielos nuevos y una tierra nueva. Vivir, en nuestro caso, en esperanza, es vivir luchando y construyendo una realidad distinta a la de quienes quieren imponer, injustamente, su egoísmo, sus ascensos, y sus pensamientos vacíos.
Decía Unamuno:”Jamás desesperes aún estando en las más sombrías
Cuando, en la lucha de la acción o del pensamiento, estás dispuesto a abandonar, y el aburrimiento quiera invadirte; cuando todo el esfuerzo parezca una pasión inútil, no cedas a la tentación de la huída. No hacen los caminos y las sendas los que se paran y se sientan, sino los que siguen caminando. Los sueños, las esperanzas no son solamente sueños, cuando están bien fundamentados. Él, Cristo es el fundamento, la “piedra angular” en la que basamos nuestra vida. “Sé de quién me he fiado, y estoy firmemente convencido de que tiene poder para asegurar, hasta el último día, el encargo que me dio” (II Tim.1,12). Se suele decir que cuando nos hacemos mayores, volvemos sobre las lecturas que más nos impactaron en la juventud. Este es mi caso, cuando vuelvo sobre uno de los libros, que guardo con esmero. Fue también en los años jóvenes cuando leí “Literatura del Siglo XX y Cristianismo” de Charles Möeller, el tomo IV, dedicado a cuatro autores, bajo el subtítulo de “La esperanza en Dios Padre”. Dice el autor en la introducción: “Para los testigos que vamos a interrogar, esperar es aguardar un acontecimiento que interesa a todos los hombres, a todos al mismo tiempo… nos aproximan a la visión litúrgica de la esperanza”. Al citar “Antígona”, de Anouilh, dice que “en el drama se lucha porque se espera salir de él, permaneciendo en el dominio de la esperanza: la felicidad es difícil, abrupta pero puede ser alcanzada…; en la tragedia -dice- se sabe que ya no hay esperanza”. En el drama, en la dificultad, siempre puede haber un rayo de luz; siempre puede amanecer; es posible la esperanza. ”En cada amanecer -dice Clarasó- hay un vivo poema de esperanza, y, al acostarnos pensemos que amanecerá”. La esperanza nos hace rejuvenecer, y tiene capacidad, incluso, “de hacernos ver de manera distinta el pasado” L. Rosales. Preguntas para examen
¿Quién mató la esperanza que brilló en aquellos ojos limpios? ¿Quién mató la esperanza de quien emprendió una empresa bella? ¿Quién cortó las alas de quien alzó su vuelo buscando la luz? ¿Quién devolverá la esperanza al corazón herido. “La gran esperanza que nos mantenga en el camino, solo puede ser Dios”. Benedicto XVI, “Spe Salvi” n.31 La esperanza prometida Existen algunos salmos con los que te identificas más y los rezas con más sentimiento. Este es para mí el caso del Salmo 136. Encuentro en él, sentimientos complementarios. Por un lado, una santa nostalgia envuelta en una pizca de tristeza. Por otro, un sentimiento de inconformismo, unido a una cierta rebeldía. Y en tercer lugar, queda patente el sentimiento de venganza hacia el opresor. Si la primera parte es un lamento, en actitud de espera pasiva e infructuosa, la segunda es un canto de optimismo y de esperanza de quien no se resigna ante el drama que sufre el Pueblo de Dios.
“…Si me olvido de ti, Jerusalén,
Mi lengua se me pegue al paladar, El Pueblo de Dios reacciona con esperanza, y se rebela contra su pasividad. El fundamento de su esperanza radica en Yahvéh. No se apagará aquella fe y confianza que la promesa de Dios encendió en Abrahán. No importa que los signos de hoy sean contrarios a la misma. “El ocaso de una gran esperanza es como el ocaso del sol; con ella se extingue el esplendor de nuestra vida”. “Que se me pegue la lengua al paladar…” grita, el pueblo de Dios, cautivo. “Es Dios quien habló a Abrahán, y su palabra es eterna. “Dios le habló así: por mi parte he aquí mi Alianza contigo… serás padre de una muchedumbre de pueblos… Te haré fecundo…una Alianza eterna, de ser yo el Dios tuyo. Después de hablar con él, subió Dios, dejando a Abrahán” Gn. Nos dejó, Dios, su Alianza, y se marchó. Nos dejó el encargo de guardar su proyecto y de luchar hasta llegar a la “tierra de Promisión”, que Él había prometido a su descendencia. Dios, que es fiel, volverá, cuando esa promesa se borre del corazón, y con ella toda esperanza. Volverá y renovará su alianza eterna.
“Cuando Dios vio a Moisés le llamó
La Promesa hecha a Abrahán vuelve a reavivarse al resplandor de la
llama
”Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz guardaréis mi Alianza… Vosotros seréis mi propiedad…” Siempre estará acechando la tentación de la infidelidad; el desierto es lugar de tentación, lugar de prueba; se sentirá inclinado ante “el becerro de oro” y ante otros dioses. Pero, es también, lugar de encuentro del hombre con Dios. Por Moisés y los Profetas fue guiando Dios a su Pueblo, siempre en esperanza. Los pastores de mi pueblo no cuidaron del rebaño; más aún se aprovecharon de él; bebieron su leche; dividieron el rebaño y lo dispersaron. Ez.34. Pero Jesús dice: “Yo soy el buen Pastor y cuido de mis ovejas… las reuniré”. Jesús, el Mesías, es la fuente de nuestra la esperanza. Cuando esa promesa se realice, en Jesús, Dios habrá tomado carne de hombre, carne de infidelidad, pero también de promesa y de esperanza. Dios habrá plantado su tienda junto a la nuestra y entonces se realizará lo que dice Isaías,
“Ya no te llamarán abandonada, Me gustaría…
Solo unos deseos más… ¡perdón!
Y, ¡final! La esperanza es un Don que hay que pedir y cultivar. Sólo quien tiene esperanza y crea esperanza, puede buscar y andar por caminos nuevos; necesitamos indagar en nuestra fe; entrar en nuestro interior y pararnos; buscar los caminos nuevos de esperanza, como nos dice Jeremías:
“Paraos en los caminos y mirad, Jer.6,16 |