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Algo nuevo está brotando

(José María Arnáiz)

(Javier Negro)

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Otro golpe de timón en la Escuela Pía

(Primitivo Arnáez, Sch. P.)

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Aclaraciones al proceso de unión de Andalucía y Vasconia

(Manuel Rodríguez Espejo)

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Más aclaraciones al proceso de unión de Andalucía-Vasconia

(Daniel Mª González)

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Ya tengo 50 años

(Fernando Negro, Sch. P.)

 

 

Organizarse bien para servir mejor: Reestructuración

(Javier Negro)

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"¿No se abrasaba nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba la escritura?" (Lc 24,32)

Los de Emaús van por el camino arrastrando el alma. De la noche a la mañana han roto los jefes el faro y están como náufragos en mar tormentoso. Todo se acabó de la forma más ignominiosa. De esto precisamente van hablando por el camino cuando un Hombre se les junta y les habla con palabras que encendían el corazón. Les reanimó, les devolvió los ánimos. Cosa parecida les ocurrió en el cenáculo al resto de los apóstoles. He aquí una de las fascinantes tareas del responsable de la comunidad.

Con razón se le denomina también, precisamente, a quien la preside, "animador de la comunidad". Animador, el que anima, da ánimo, estimula. Si no queremos caer en un absolutismo de la autoridad es preciso recordar que la función de animar a la comunidad corresponde a todos sus miembros. Ello no se opone, sino que, más bien, requiere que haya una persona que, sin monopolizar la animación, sea el factor dinámico e impulsor. Más que sus compañeros, quien preside la comunidad tiene especialmente la misión de reanimar. Ha de ser un hombre de la esperanza. Ha de contagiar optimismo y entusiasmo. Ha de ser hombre de lo positivo. El que descubre los valores antes que las deficiencias; los logros antes que los fracasos. El que valora posibilidades y no resalta las limitaciones. Es el que valora la colaboración de los demás y no se arroga él exclusivamente los triunfos.

Hay responsables de comunidad que infunden a los hermanos mayor confianza en sí mismos por la benevolencia con que acogen sus palabras, sus actitudes, sus opiniones, su participación. Y hay superiores cuya sola presencia bloquea, por sus aires de 'superioridad', por su sentido de la crítica y de la ironía...Hay superiores que apabullan y superiores que levantan. "Animad a los apocados, sostened a los débiles", exhortaba S. Pablo a los responsables de la comunidad de Tesalónica (lTes 5,14).

La función primordial de quien preside la comunidad religiosa es estar al servicio de la persona de sus hermanos; que sea humano y humanizador. "Ellos han de dar particularmente cuenta ante Dios de sus hermanos" (Heb 13,17).

El animador de la comunidad no es un guardián del orden, de las leyes, de la institución, sino de las personas. No es un gendarme de la eficacia y prestigio del Instituto, sino una mediación de Dios para el crecimiento de las personas y para la misión de la comunidad. La autoridad es, por encima de todo, servidora de la fraternidad para que cada uno de los hermanos logre poco a poco su verdadera madurez humano-cristiana. (Vita Consecrata, nº 43 y todo el capítulo II: "Signum fraternitatis" de V. C.)

Para que el que preside la comunidad pueda ayudar a sus hermanos a crecer y pueda ser ayudado por ellos, es preciso que sea el que provoque el diálogo fraterno serio y enriquecedor en el que se intercambien puntos de vista y situaciones vitales. S. José de Calasanz ya lo aconsejaba por Cartas a los superiores: "Logrará mucho más con una admonición paterna en la habitación que con muchas en público... En esto consiste, en gran parte, el gobierno del superior"(25 ago 1629). "Las correcciones en la habitación, de solo a solo, suelen producir 6ptimo efecto" (23 feb.1630) Y S. Antonio Mª. Claret imponía a los superiores de sus comunidades la obligación de visitar semanalmente en su habitación a sus hermanos de comunidad para interesarse por ellos y ofrecerles sus servicios y salir al paso de sus necesidades.

La entrevista personal periódica es ámbito que crea amistad, confianza, cercanía, comunicación. La falta de costumbre provoca al principio un cierto pudor entre los interlocutores, pero la habituación la convierte en un momento liberador. Es el momento en el que se ponen en común ideas, sugerencias, sentimientos, iniciativas y aspiraciones que no tienen lugar en las reuniones, o intercambios comunitarios. Es el tú a tú, el cara a cara que, sin necesidad de que sea confidencia de amigos íntimos, permite compartir en cierta profundidad.

Al que preside la comunidad le podrá faltar tiempo para otras mil ocupaciones, pero jamás le ha de faltar tiempo para dialogar pausada y serenamente con los miembros de su comunidad. Y esto, aunque el diálogo se anuncie hiriente y oneroso. El mantener distancia con respecto a sus 'súbditos' puede resultarle, de momento, cómodo al superior, pero es siempre una infidelidad grave a sus hermanos. No se les puede escuchar de pie y mirando el reloj.

"Tratad a los demás como queréis que os traten a vosotros"(Mt 7,12)

Lo principal de la comunidad religiosa es la persona del religioso No lo olvidemos. El Superior debe saber "perder su vida" por los demás religiosos... Sin duda alguna que la encontrará y con creces, si sabe olvidarse de sí mismo, de sus propias enfermedades, de sus propias limitaciones..., si como el Buen Pastor sabe buscar sus propias ovejas que Dios le ha encomendado. "Donde no hay amor, pon amor y encontrarás amor".

El Superior debe saber escuchar a todos y a cada uno de los hermanos de su propia Comunidad, sin acepción de personas.

El religioso -joven o mayor- necesita hablar y ser escuchado por alguien que Dios ha puesto para guiarle en el camino de perfección.

El Superior no debe pedir en público o en las reuniones semanales de familia "mucha disponibilidad, trabajo y arrimar el hombro..." Debe primero, en privado," a solas, sin testigo"(Fray Luis de León) entablar el diálogo fraterno, constructivo, sin crispaciones... Interesarse por la salud física, psíquica y espiritual del religioso; por sus familiares, por sus problemas, etc." y todo lo demás se os dará por añadidura".

Si el Superior sabe escuchar con atención y caridad y es sumamente p r u d e n t e ), disipará muchos males y creará en su propia Comunidad un ambiente de paz, de caridad y de bienestar.

Vivimos en familia, en comunión fraterna, y debemos amarnos unos a otros como el Señor nos amó. "A la tarde te examinarán en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición" (San Juan de la Cruz).

"¿No se abrasaba nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba la Escritura?" (Lc 24,32).

ALGUNAS NOTAS DE CONSULTA.

  • Lc 24,13-32

  • Flp 2,1-5 y 12-16

  • 1 Pedro 5,1-5

  • Constituciones de la Orden de las Escuelas Pías (año 2004).

  • Todo el capítulo 111:

  • "Nuestra vida comunitaria".

  • Números: 9. 13. 28. 122. 123

  • Reglas Comunes (año 2004): nº 229.