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Algo nuevo está brotando

(José María Arnáiz)

(Javier Negro)

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Otro golpe de timón en la Escuela Pía

(Primitivo Arnáez, Sch. P.)

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Aclaraciones al proceso de unión de Andalucía y Vasconia

(Manuel Rodríguez Espejo)

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Más aclaraciones al proceso de unión de Andalucía-Vasconia

(Daniel Mª González)

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Ya tengo 50 años

(Fernando Negro, Sch. P.)

 

 

Organizarse bien para servir mejor: Reestructuración

(Javier Negro)

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INTRODUCCIÓN:

Día 30 de abril: Jornada de formación convocada por CONFER-ARAGON. Ponente: un "primera espada": JOSÉ MARÍA ARNÁIZ, marianista, secretario general de la USG (Roma), coordinador del Congreso Internacional de Vida Religiosa celebrado en noviembre de 2004.

Luces para un discernimiento subtitularía yo todo lo que sigue a continuación, que es una amalgama de ideas que él lanzó a lo largo de esa jornada (la mayor parte del contenido) y otras personales que me surgían mientras le oía y tomaba mis apuntes. Y con esta condición hay que leer estas líneas, escritas más para suscitar reflexión y luz que para afirmar. A la hora de tomar decisiones son fundamentales los criterios de actuación. Y en esta línea pienso que pueden tener cierto valor y que son apropiadas para este número de Peralta, en que la "Reestructuración" es el núcleo temático que interesa.

NACER DE NUEVO:

"Algo nuevo está naciendo". Hay que "apuntarse" a eso nuevo. Lo de siempre no motiva, ni provoca esperanza; es decir los caminos de siempre nos llevan a las metas de siempre y no nos llevarán más que a lo de siempre; con los mismos criterios y modos de actuación sólo tendremos los mismos resultados. Son necesarios cambios de proyecto, de actitud, de mensaje, de medios.

A pesar de todo, éste, aunque arduo, es el mejor momento histórico para la fe y para la esperanza en Europa; el hecho histórico de un nuevo papa en la Iglesia suscita también impulsos nuevos de vida, expectativas nuevas y posicionamientos nuevos como en su tiempo los suscitó Juan Pablo II.

El Congreso Mundial de V.C. ha sido un viento fresco de Vida para la Vida Religiosa. Ha sido un canto a la misma V.C. y una apertura a la búsqueda de lo nuevo, suscitando esperanza. Se va viendo cada día más claramente que la V.R. le hace más bien el servir que el recibir tributos y honores.

En la Iglesia universal los religiosos/as hemos bajado sensiblemente: de un millón cuatrocientos mil a un millón. En el papado de Juan hablo II han aumentado los Obispos (unos mil cuatrocientos más), los catequistas, los laicos comprometidos y sobre todo los nuevos movimientos. Los religiosos/as somos los únicos que hemos bajado. Y, sin embargo, "algo" nuevo y esperanzador está naciendo y se está moviendo en la V.R.

Para "apuntarse" a lo nuevo, lo primero que hay que hacer es clarificar los signos de los tiempos; luego, verlos existir sensiblemente, discernirlos, convertirlos en punto de partida de la nueva etapa y finalmente celebrarlos. Estos cinco verbos expresan los cinco pasos del nuevo proceso que somos invitados a recorrer.

HACIA UN NUEVO MODELO:

La samaritana y el samaritano son los dos iconos que expresan muy bien por dónde van los nuevos tiempos y el nuevo proceso. Reflejan bien el camino que hoy debe recorrer la V.R.: del pozo a la posada, de la interioridad al servicio, de la oración a la misión, de la capilla a la plaza.

Seguramente el modelo de V.R. europeo está ya terminado. No es que sea malo, es que no está diciendo nada ni siquiera a la mayoría de los religiosos/as que lo viven (abatimiento, apatía, tristeza, rutina, derrotismo, aletargamiento plácido en un estado durmiente demasiado duradero), sobre todo a los más jóvenes y a los nuevos religiosos; y tampoco dice mucho a los religiosos africanos, asiáticos y americanos. En esos continentes hemos hecho fotocopias del modelo de V.R. europeo.

Lo importante es encontrar el otro modelo, el que nos sirva, el que nos dé vida y suscite en nosotros la esperanza y la alegría de vivir la vida y nuestro carisma, el que avive nuestra vida fraterna en comunidad, el que en definitiva sirva a los tiempos nuevos, a la Iglesia nueva y a la sociedad nueva, fundamentalmente porque nos sirve a nosotros mismos.

ACTITUDES NECESARIAS PARA BUSCAR Y ENCONTRAR:

En este proceso es esencial la actitud y el arte de la escucha y del diálogo a todos los niveles: individual y colectiva e institucionalmente. Y también hay que orar, discernir y empezar a hacer a recorrer los primeros pasos, como el niño que empieza a andar por primera vez.

Creatividad y fidelidad son dos palabras clave hoy para nosotros. Creatividad en la orquestación de cambios estructurales nuevos y fidelidad en la actitud del centinela que nunca duerme porque siempre está oteando el horizonte desde un corazón enamorado e inquieto por su señor.

DESAFÍOS:

Para uno que se ha jugado radicalmente la vida, como es el religioso/a, los desafíos no le tendrían que acobardar. Pero… ¿los conoce?, ¿le inquietan?, ¿tiene pasión ("padece") por los hombres y mujeres de hoy sus preocupaciones?, ¿tiene pasión por Dios, "padece" a Dios?.

Los desafíos actuales del mundo a la V.R. están claros: la pobreza, la paz, la espiritualidad, la evangelización, el diálogo interreligioso. Y estos desafíos están retando a los religiosos/as y sus comunidades a tomar posturas nuevas que van desde abrir la puerta al peregrino, al caído, al emigrante, al excluido, estar abierto y disponible para el diálogo con todos, hasta compartir la oración, los bienes propios y comunitarios, la espiritualidad, el carisma propio. ¡Pero… cuántos timbres hay que tocar, cuántos pasillos que recorrer, cuántos permisos que tener, cuántas salas que atravesar y cuántos ámbitos de silencio que hay que respetar para no molestar hasta llegar a la capilla de la comunidad, a la sala de reunión o a la mesa común!

Es preciso volver a la Iglesia servidora del Vaticano II. Tenemos que reencontrarnos con nuestra identidad no para que nos distinga de los otros, como hemos hecho casi siempre, sino para enriquecernos y complementarnos mutuamente, unos y otros, religiosos y laicos, en la Iglesia local y universal y en la sociedad común.

El futuro de la V.R. depende de cómo sea la V.R. del futuro. Lo que está seguro hoy es que el cambio que vayamos a hacer no lo vamos a hacer solos; será con nuestros hermanos de África, será con nuestros hermanos de Asia, África y América.

¿HACIA DÓNDE VA LA V.R.?

  • Hacia un nuevo nivel de altura, donde el Espíritu es quien nos conduce, donde no somos nosotros quienes conducimos a V.R., sino Él la está recreando ya y nos está conduciendo.

  • A un estadio con capacidad de inventar, de innovar y de avanzar en la vida y en la historia actual despojados: despojados de dinero, de poder, de éxito, de grandes construcciones, de influencias…

  • Hacia una historia en la que nada se va a cerrar, sino que se van abrir nuevas experiencias de V.R. No cerréis una casa, sin abrir otra nueva (a los Provinciales); lo contrario es cerrar el futuro, firmar acta de defunción. Y este abrir sólo es posible con nuevos modelos de comunidades y con religiosos/as de mente abierta y clara y de corazón generoso. A muchos religiosos/as les resulta muy difícil ya convertirse en odres nuevos.

  • Hacia una actitud clara de vida personal, comunitaria e institucional de posicionamiento manifiestamente claro a favor de la pobreza y de los pobres, con quienes nacen los nuevos modelos de vida y de vida comunitaria; ellos son los que verdaderamente hacen avanzar la V.R., la Iglesia y la historia.

  • Hacia la vivencia de una espiritualidad más personalizada, más íntima, más bíblica, más compartida con los hermanos, más viva y más encarnada: una espiritualidad de camino, no de llegada, de amantes no de perfectos.

  • Hacia una V.R. fundamentalmente servidora. La posición de poder ha imperado en las relaciones religiosos-laicos; deforma que hemos vivido institucionalmente esta posición descrita en el PRH (Personalidad y Relaciones Humanas): "nosotros (clero) estamos bien, ustedes (laicos, los demás, el mundo) están mal y los vamos a evangelizar". Por eso hoy lo que los medios de comunicación social, los partidos políticos y otros entes sociales no nos perdonan de ningún modo es la prepotencia y el orgullo clerical institucional atávico, que se expresa en múltiples situaciones, en diálogos, en decisiones concretas cotidianas en templos, colegios, hospitales, asociaciones sociales y eclesiales, etc.

SOÑAR:

Hay que soñar en caminos, en aventuras, procesos y modelos nuevos de comunidad y de vida fraterna al servicio no de los religiosos o de la institución y sus obras, sino del Reino, de la gente con la que hemos comprometido nuestra misión y, sobre todo, de los más pobres, que es para quienes han nacido prácticamente todas las órdenes y congregaciones religiosas. Ha llegado el tiempo de ser fieles, sí, pero también creativamente arriesgados, movidos por el Espíritu, que nos lleva a donde Él quiere.

Ahora bien, siendo realistas, contando con el "material" humano que tenemos, con religiosos/as concretos más preocupados en su enfermedad y sus múltiples síntomas, en su dieta que a veces es otra enfermedad, la ortorexia, o en su particular bien acabar sus días, o en sus pequeños y particulares hobbyes y entretenimientos intocables o programas de concretos de TV y de radio, jubilados no tanto de la tarea cuanto de la misión, de la vocación y a veces incluso de la vida, instalados en la postración de la tristeza y el pesimismo, ¿se pueden pretender esas aventuras y sueños? A pesar de todo se debe imponer la utopía, el sueño, el nacer de nuevo.

Al menos, dejemos a quienes sueñan y creen que hagan realidad los sueños de Dios; dejemos que nazcan de nuevo quienes se han metido en ese proceso de conversión y refundación.

El buen punto de partida para afrontar el futuro no está en centrarse en los problemas o en las dificultades presentes hoy, sino en esos dos o tres signos de lo nuevo (una pequeña comunidad concreta, uno o dos religiosos que emprenden honesta y auténticamente algo nuevo, diferente, fiel, creativo, aquél grupo de religiosas sencillas, comprometidas con los pobres, orantes, entregadas, etc.). Es decir, hay que partir de lo bueno pequeño y no de lo malo grande.

Hoy no se trata tanto de ver, en definitiva, nuevos panoramas, sino de ver con nuevos ojos. Para ello, el religioso/a de hoy necesita tener estas siete virtudes: Profundidad – Hospitalidad (acogida) – Mansedumbre – Libertad de espíritu – Audacia creadora –Diálogo y aceptación del otro –Sencillez.

Y beber de las fuentes que revitalizan la V.R.: la Palabra de Dios – el regreso carismático a las fuentes – la cercanía y regreso a los pobres – la revitalización de la espiritualidad – la comunión (koinonía y relación de fraternidad) –la fascinación por Jesús y su proyecto (ponerlos en el centro de la vida)

LOS PROTAGONISTAS DE LA NUEVA ETAPA SON:

Los oteadores de horizontes: quienes ven un poco más lejos de lo que ven la mayoría; son los que nos indican no lo que tenemos delante de los ojos, sino lo más lejano.

Los zahoríes: los que logran descubrir dónde hay agua, vida; lo intuyen, lo sienten, aunque no lo saben bien y no lo saben explicar científicamente; los que con convicción dicen "aquí sí que hay que edificar"

Los posaderos/as: reciben a los heridos, a los peregrinos y enfermos de la vida, los excluidos y necesitados y gestionan su sanación y su integración e inclusión.
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