
|
Con el corazón sangrando, os escribo. Lo debo hacer. "Camerún fue la etapa anterior; ahora, es tiempo de cerrar ese período de tu vida", me dijo el P. Provincial el pasado abril. Nueva fase, nuevo paso, volver a mi antiguo trabajo de enseñar y educar que empecé hace cuarenta y cinco años. Desde 1994 he estado pensando solamente en Camerún. Esta es la razón por la cual se me hace todavía difícil cambiar el "chip" de mi mente. Pero sé que lo conseguiré. ¿Qué pasó? Sabéis que para poder preparar la Escuela Agropecuaria de Menteh (Futrú), era necesario estudiar. En la Universidad estudié hace mucho tiempo alta Bioquímica, Genética y cosas así, pero no cosas prácticas como vacas, cerdos, ponedoras, ovejas, conejos, agricultura, etc. El P. Provincial y el P. Vicario me mandaron a España a hacerlo. He estado estudiando granjas durante varios meses: parasitología, bacteriología, libros, hablado muchas horas con veterinarios, con dueños de grandes granjas, etc. He comprobado algo maravilloso: todas las puertas se abrían, tanta gente ayudándome, enseñándome durante muchas horas con gran generosidad, llevándome a las granjas. Estoy muy agradecido a todos ellos, y lo saben. Mi trabajo ha sido muy duro. En diciembre hubo una modificación de planes y paré la preparación a mitad de enero para volver enseguida a Camerún. Enseguida fui operado de hernia epigástrica, con los problemas normales que aparecen en las siguientes semanas por rechazo de lo injertado. Además mis piernas se hincharon, como frecuentemente me pasaba en Camerún; pero en este caso fui a un viejo especialista y seguí el tratamiento durante un mes. Fue inútil, pero él me dijo que no hacían falta más visitas. Entonces, yo sobreentendí que no era algo importante y decidí volver a Camerún enseguida (el 14 de marzo), a pesar de que el P. Mariano Grassa, Vicario, me había dicho que esperara y viera antes qué pasaba. Dos días antes de tomar el avión, el P. Provincial, que llegaba de América, vino rápidamente a verme y me ordenó posponer el viaje e ir a otros médicos para conocer la causa. Tras dos semanas de análisis, hallaron que las venas de mis piernas estaban llenas de viejos coágulos, obstruyéndolas, que era muy peligroso y grave si escapaban al torrente sanguíneo; en la mayoría de los casos producen la muerte. Que era necesario tratamiento urgente, y continuarlo durante muchos meses, probablemente años. Pero que el tratamiento requiere frecuentes análisis de sangre, especialmente al principio. Y siguiendo a los médicos, el P. Provincial tomó la decisión que he dicho antes. Les dije a los médicos lo que me pasó dos veces en Futrú, la primera vez durante 12 horas y la segunda 24, que nadie supo interpretar allí, y ellos lo entendieron enseguida: trombosis pulmonar, muy grave especialmente la segunda, que suele ser mortal. Que esto me hubiera ocurrido cualquier día si vuelvo a Camerún en marzo sin recibir tratamiento. Y que daban "gracias a Dios de que tuviera Superiores con más sentido común que usted y que cuidaban de sus religiosos". Así que, he nacido de nuevo varias veces. Si no hubiera sido así, estaría cantando Alleluja con los ángeles y dando la bienvenida a Juan Pablo II. El objetivo ahora es evitar que se escapen los coágulos de sus sitios y fijarlos a las venas como capas de epitelio, y evitar la formación de nuevos coágulos. Yo no noto nada y me siento muy bien. Tengo que usar todo el día medias largas fuertes en ambas piernas, que las comprimen. Los médicos han encontrado también isquemia en mi corazón: una pequeña parte está dañada y con mala circulación. Bueno, cuando hace años corría con muchachos por las montañas del Pirineo no pasaba esto; era joven. Es ley de vida. Ahora me gustaría daros a todos vosotros mis más profundas gracias. No lo sabéis, pero habéis sido para mí un permanente estímulo, reto, ayuda en mi vida religiosa. Traté de daros lo mejor de mí, especialmente en las clases de formación, charlas y conferencias, en las muchas tandas de ejercicios espirituales, etc. Perdonadme los errores que tuviera: nunca fueron a propósito. Pero vosotros me disteis una ayuda real, viendo vuestra generosidad, oración, interés, buenos ejemplos, reacciones, vuestra conducta. Un estímulo permanente. ¡Gracias, gracias! Os llevaré siempre en mi corazón. Como os dije tantas veces, ¡qué realidad es que nuestra Vida Religiosa, si tratamos de vivirla como es, resulta una gran ayuda para seguir a Cristo! ¡No tengáis miedo de seguir a Cristo profundamente, no a medias! La Iglesia espera muchas cosas de vosotros, pero no tenéis nada que hacer a no ser que améis a Jesús de tal manera que viváis profundamente vuestros votos, con alegría, y construyáis cada día una fraternidad real, la Comunidad, como Dios y la Iglesia nos están diciendo. Nosotros, viejos soldados de Jesús, os estamos contemplando. Os estamos dando la bandera. ¡Adelante, no tengáis miedo! El Espíritu de Jesús estará siempre con vosotros. Por favor, prestad atención a nuestro voto de Obediencia: es difícil de entender y más aún de vivir. Os lo he explicado muchas veces. El mundo y el sentido común no entienden nada sobre ella, no tiene sentido: sólo la fe ilumina y da sentido a este voto. Cuando no se vive, siempre hay división, protestas, individualismo, quejas, destrucción de la vida de Comunidad y de la Vida Religiosa, infelicidad y sin-sentido. Yo la he vivido profundamente toda mi vida religiosa y puedo testificarlo y transmitíroslo. Os lo dije muchas veces en los ejercicios espirituales, ¿lo recordáis? Ahora la estoy viviendo otra vez con la nueva decisión, después del inmenso esfuerzo que he realizado estos meses estudiando (ya no estoy en mis veinte o cuarenta años), incluyendo el hecho posible de que se quede en inútil semejante esfuerzo. Lo importante es seguir lo que es la voluntad de Dios, y vosotros sabéis que la voluntad de Dios no es hacer esto o aquello, sino que yo viva en la actitud de obediencia (nuestras Constituciones) como Jesús fue siempre obediente al Padre. Hermanos míos, esto no es un sermón (¿quizás el testamento?). Hablo desde mi corazón, porque os quiero, porque amo a la Iglesia. Ahora estoy en el Colegio Calasancio, trabajando en nuestra Parroquia, ayudando en todo lo que puedo. Espero volver a dar cinco o seis horas diarias de clase y muchas otras actividades de educación. Estoy olvidando el inglés, pero trataré de escribir en nuestra revista "The Voice of the Vicariate". Y por supuesto, si puedo ayudaros a cualquiera de vosotros, no dudéis, lo haré. Sé que los próximos años de mi vida, como en Camerún, serán años de abnegación, trabajo, años anodinos, como anodinos fueron los años de Nazaret: la fe de José, el silencio de María, el sueño de Jesús por hacer la voluntad del Padre. Y Él continuará construyendo su Reino. Anhelo gastar el resto de mi vida ayudando a la gente y a los pobres. Nunca he tenido por objetivo alargar mi vida, sino gastarla, pero gastarla bien siguiendo el Evangelio. Nunca sabe el agua que cae en la tierra y desaparece, que gracias a ella, la semilla de trigo que alguien sembró, germina. Hermanos míos de Camerún, ayudadme con vuestras oraciones a hacerlo. Confío en ellas. Estaréis siempre en mi corazón. Unidos en Jesús y Calasanz, José Antonio Gimeno |
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||