Así, con esta expresión, introduce la Nueva Biblia Española los últimos días de Jesús en la tierra (Jn11 y 12): "Jesús, la vida, se acerca a la muerte". Intencionadamente he suprimido en el título el nombre Jesús con el fin de remarcar y resaltar la intencionalidad del movimiento y proceso de reestructuración en que nos hemos comprometido ya en nuestra Orden; nosotros decimos: "Reestructurar para revitalizar".

Sólo desde la vida y para la vida tienen sentido todas nuestras acciones, procesos y movimientos. En la Visita Canónica a las comunidades he constatado, tanto en los encuentros individuales como en los comunitarios, que todos, absolutamente todos, deseamos y queremos la "reestructuración", aunque no sabemos bien cómo llevarla a cabo y vemos que, ya en los primeros pasos de mentalización en el proceso, van apareciendo miedos, temores e inseguridades; todo lógico, claro. La vida también es amenaza, en cuanto cae lo viejo, hace temblar estructuras caducas, pone en movimiento a los parados, y exige la aportación personal de todos y cada uno, según sus capacidades y aptitudes para construir los cauces adecuados por los que nos vendrá más vida.

En esos encuentros he constatado que muchos temores vienen de la posibilidad contemplada de cambios, de "obediencias", de inseguridades a convivir con hermanos nuevos, a encarnarse en culturas algo diferentes, a servir a una sociedad e Iglesia que desconocemos. Y yo pensaba en el riesgo y la parresía que asumimos en y con nuestra Profesión Solemne en la que nos jugamos la vida por causa de La Vida. ¿Qué ha sucedido en nosotros para que hayamos llegado al punto de que el miedo y la inseguridad hagan tambalear esa apuesta definitiva por el Reino?

"Os he elegido para que vayáis y deis fruto abundante"

"Id y haced discípulos de todas las naciones"

"Si uno no nace de nuevo, no podrá gozar del reinado de Dios"

"Los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar las enfermedades"

Y... tantos y tantos mensajes del Evangelio que nos sabemos de memoria... Como siempre, hemos de distinguir entre misión y tarea, claro. Muchos, para la tarea, presentan dificultades naturales; lo malo es cuando "la calidad humana y teologal en los religiosos está reducida; no es lo malo la reducción del número, sino la reducción de la calidad, aunque el discurso teológico esté alto en calidad" (Felicísimo Martínez, O.P.

Nos hace falta mucha dosis de generosidad para emprender este camino nuevo que puede revitalizarnos sólo en la medida en que tengamos previamente vida en nosotros mismos, nuestras comunidades y obras. La fase de la mentalización, en una u otra forma ha comenzado ya: publicaciones internas y de otras instituciones y de Vida Religiosa, reuniones comunitarias, lecturas compartidas. Quizás el mayor instrumento de mentalización está siendo la propia vida que imparablemente va avanzando y nos va haciendo tocar cada día más nuestros propios límites.

Hay que desenmascarar posiciones desde las que se quiere la reestructuración: la egoísta, que busca sólo interesadamente lo que otros "me pueden aportar" en una u otra área, la meramente empresarial que busca la configuración de un mapa nuevo que haga "más rentable" la "empresa", o la que busca realmente mejorar nuestra calidad de vida comunitaria, de forma que ésta sea significativa para nosotros mismos en primer lugar, y la calidad de nuestro ministerio específico escolapio haciéndolo más servicial para nuestros destinatarios, para la Iglesia y el mundo.

Y debemos purificar también criterios para dar el paso de forma que no sean meramente instrumentales o subjetivos.

Pongamos todo el proceso a nivel individual y comunitario en las manos de Dios teniendo enfrente como referencia a nuestro fundador San José de Calasanz: ¿Qué haría él hoy?
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