Resulta ya un lugar común decir que hay épocas de cambio y hay cambios de época. Y que ahora nos toca vivir uno de los segundos. Al menos a nosotros, los escolapios. Nos encontramos ante una situación totalmente nueva. Para nosotros, las personas. No para la Orden, que ya ha conocido otros.

Hace 50 años nadie lo hubiera imaginado. Eran tiempos de optimismo, de expansión. Hace 35 se hablaba de aggiornamento, de puesta al día. Ahora nos encontramos ante un futuro preocupante. Las estadísticas no nos engañan. Las provincias más antiguas se encuentran, excepto Polonia, ante dificultades para salir adelante. Las demarcaciones que se crearon hace medio siglo, en general no acaban de demarrar con fuerza. Las demarcaciones más jóvenes, en África y Asia, son todavía frágiles. Pienso especialmente en Aragón. Hace unos meses se leía en las noticias: "Hubo una reunión para los menores de 50 años de la Provincia, y acudieron los 8". El dato lo dice todo.

Ante una situación así, nos quedan varias opciones. Una es la resignación. Decir: "Bueno, hemos hecho lo que hemos podido, ahora nos toca morir. Esa será la voluntad de Dios. Dejemos las cosas como están". Otra es el pragmatismo. Decir: "Poco podemos hacer para cambiar las cosas. Las circunstancias están en contra nuestra. Vamos a ver de qué manera podemos hacer las cosas más llevaderas. Uniéndonos con otras demarcaciones en situación semejante, por ejemplo, para compartir recursos y poner en marcha algún plan que nos ayude a hacer frente a la situación". Otra opción, aún, es el optimismo. Decir: "Las cosas están así, pero vamos a ver cuál es la voluntad de Dios en todo esto. Qué desafío nos propone. Seguramente nos está preparando para algo grande. Vamos a mirar más allá de nuestras estrechas fronteras".

La primera opción es normal para gente que se siente cansada, derrotada, próxima a la muerte. Es la actitud de los dos discípulos que regresan a Emaús. Es la actitud que habría sido normal en un Calasanz al final de su vida, desacreditado, con la orden condenada, si él no hubiera sido un héroe y un santo, animado hasta el final por la reciedumbre aragonesa que nos dice por dentro a todos los de nuestra tierra: "¡No rebles!".

La segunda es común entre gente con sentido común, y es lo que se nos está pidiendo a todos en la Orden ahora. Es la que inspira a los ejecutivos que tienen que presentar cuentas de su gestión. Es la que inspira muchas veces a los Superiores Mayores. Siendo yo junior, cuando proponíamos algún proyecto innovador a los Superiores, nos respondían: "En Aragón existe el objetivo de que el 51% de las clases sean dadas por religiosos. Ese objetivo lo cumplimos por ahora, y vamos a intentar seguir cumpliéndolo". No digo yo que el objetivo fuera malo, pero sí que era demasiado utilitario y corto de alcance. Al cabo de pocos años fue imposible de cumplir, y mientras tanto se perdieron otras oportunidades de abrir nuevas vías de futuro. Tomás, el apóstol, se encontraría a gusto en esta opción. Ver para creer Cuando hay abundancia de recursos, es el tiempo de los gestores. Cuando los recursos son alarmantemente escasos, es el tiempo de los profetas, de los utópicos, de los soñadores. Y entonces nos hace falta inclinarnos por la tercera opción.

Porque cuando se cierran puertas por un lado, se abren por otro. Dios quiso las Escuelas Pías en la Iglesia. La situación en el mundo, a nivel global, no es muy diferente a la que había en tiempos de Calasanz. Aunque para descubrirlo haya que asomarse a los Trasteveres del mundo, en África, en Asia, en Latinoamérica. Y en las callejas de detrás en el mundo desarrollado, por supuesto. Millones de niños y jóvenes necesitan desesperadamente la presencia del educador, sacerdote y padre. ¿Por qué iba Dios a prescindir del utensilio que creó hace 400 años, ahora que lo necesita más que nunca? Dios nos sigue llamando a trabajar en esta parte de la mies. Y sigue llamando a muchos jóvenes, no os imagináis a cuántos. Pero al llamarlos en algunos lugares y no en otros, quizás nos está queriendo decir algo a nosotros. El problema es que nosotros hemos elegido colocarnos en lugares desde los que no podemos oír la llamada. Pero el futuro sigue estando ahí, delante de nosotros.

Quiero compartir con vosotros una idea dentro de esta última perspectiva, volviendo a la noticia de la reunión de los menores de 50 años. Si las cosas no cambian dramáticamente, las noticias del año 2014 dirán: "Hubo una reunión...menores de 60 años..los 8". Y en el año 2024: "Hubo...70 años ...8". Y entonces, punto final.

Por supuesto, yo no sé si la historia vocacional de los próximos 20 años en Aragón será la misma que la de los 20 pasados, pero no hay razones para pensar que vaya a ser diferente. Y tampoco sé si para dentro de 20 años habremos modificado las Constituciones de modo que sean las fraternidades de laicos las que constituyan las provincias escolapias. Me parece poco probable también.

Pero se me ocurre que en la provincia de Aragón, o en cualquier otra, no habría mucha diferencia si en lugar de 8 religiosos menores de 50 años hubiera sólo 4, y los otros cuatro se enviaran, por ejemplo, a Indonesia (de hecho, hay una gran diferencia en Asia por el hecho de que algunos escolapios de Aragón están en India y en Filipinas, en lugar de en la Provincia, donde su presencia probablemente no cambiaría mucho las cosas. Al menos en lo referente al porcentaje de clases dadas por religiosos). Y me atrevo a decir que si se hiciera así, las noticias de Aragón del año 2024 seguirían diciendo; "reunión...menores de 70... 4", y el final seria el mismo (a no ser que nos animemos a enviar religiosos de otros continentes, una posibilidad que no se estudia ahora pero que yo defiendo y que podría aceptarse en los próximos 20 años). Pero las noticias de Indonesia dirían: "Se han reunido los religiosos menores de 50 años...y acudieron los 50".

Como veis no hablo de revoluciones, de grandes gestos. Comprendo que no todo el mundo se siente con fuerzas para cambiar radicalmente de vida, en un contexto diferente. Dios seguramente tampoco nos está pidiendo eso. Yo hablo de pequeños signos proféticos, que pueden darnos ánimo a todos y al mismo tiempo abrir posibilidades reales de futuro para la orden allá donde existen. En este tiempo de Pascua el Señor nos está pidiendo, me parece,
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viñeta

Que creamos que el sepulcro está vacío, que la muerte no tiene poder sobre nosotros;

viñeta

Que creamos a los que le han visto resucitado, a los que han encontrado nuevas presencias de Cristo entre los pobres;

viñeta

Que vayamos a Galilea, a los confines del mundo, allá donde están los gentiles, y allí le encontraremos Resucitado.

Ahora bien, este tipo de reestructuración que yo pido es tarea de todos, no sólo de los que están dispuestos a ir más lejos. Necesitamos el apoyo moral, el apoyo de la oración de todos los hermanos. Sólo con la generosidad y el sacrificio de todos podrán salir adelante los planes concretos que se designen.

Esa es la Reestructuración de la Orden en la que yo creo. A estas alturas el reorganizar los territorios demarcacionales, el resolver conjuntamente problemas organizativos, me parece secundario. Peor para nosotros si no somos capaces ni siquiera de hacer eso. Creo que nos encontramos en un momento de cambio profundo en la historia y en el mundo. Un momento de grandes oportunidades para quienes sepan aprovecharlas. Un momento para la generosidad y la osadía. Un momento para la fe y el coraje.