CARTA DESPEDIDA DE UN SACERDOTE

Ángel, Párroco y Amigo.....

..

 

Zaragoza, 4 de junio de 2006

Fiesta de Pentecostés

Queridos Amigos:

Sabéis que, poco a poco, mi voz se va apagando y que cada vez me cuesta más tiempo y esfuerzo pronunciar palabras. Por eso, cuando escuchéis esta carta no será mi voz la que oigáis, sino la voz de alguno de mis compañeros sacerdotes.

Doy gracias a Dios por mi familia, por la etapa de seminario, por Andorra, por la vida entrañable en grupo, en comunidad, y en Zaragoza por esta parroquia.

Siento la ternura de Dios de muchas maneras, especialmente en vuestras vidas, en vuestros rostros, palabras, besos y abrazos. Sois, para mí, caricia de Dios.

Gracias a Dios Padre y a vuestra cercanía he podido abrazar mi enfermedad de la que habéis sido testigos privilegiados.

Sé que tengo que dar un paso; lo he decido yo porque veo que es lo mejor para mí. A partir de ahora voy a vivir en la Residencia Sacerdotal Tobías, al lado del Seminario Nuevo.

Es una residencia nueva que cuenta con muy buenos profesionales y medios técnicos para acompañar mi enfermedad, controlar mis dolores y serenar mi ánimo. Allí podré llevar a cabo la última misión que me pide Jesús de Nazaret.

Soy yo, Ángel, quien he elegido ese lugar porque necesito tiempo para evocar todo lo que he vivido con vosotros.

Así como Jesús, en muchas ocasiones, se retiraba para hablar con el Padre y presentarle la vida de sus amigos, los enfermos, los tullidos, los tristes… ahora también yo, me voy a retirar para presentarle a Dios todas vuestras vidas, con sus alegrías y penas y también para contemplar su paso por toda mi vida.

Necesito este tiempo para confirmar que nunca os perderé y para confirmaros que sigo siendo el mismo.

Os quiero mucho. Vosotros bien lo sabéis. Os llevo en mi corazón.

Vuestro párroco y Amigo,

                             Ángel
.