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Deja de adorar a Dios y adorarás un
personajillo o te contentarás con tu i El tiempo huye e intentamos almacenarlo en vitrinas climatizadas, en museos y cementerios. El tiempo es asombro y aniquilación. El tiempo es el cáncer de la vida, el pecado original con el que todos nacemos y no hay bautismo que lo redima. Vamos tachando los días del calendario mudo mientras las canas gritan los años pasados. El almanaque se agota, la cuerda se acorta, el último exit se vislumbra en lontananza. El cuerpo, pergamino arrugado, suspira no por un año sabático sino por el descanso eterno. Pero Dios que no tiene ni calendario ni verbos que conjugar nos va modelando por dentro. Su Espíritu recarga la batería interior. La vista falla, el oído se cierra, el gusto se pierde…; pero un mundo interior más libre, integrado y esencial, se va tejiendo con la ayuda del Espíritu. Cuando la exterioridad se desvanece, la interioridad está llamada a edificarse más sólidamente.
El calendario del 2006 ya es viejo pero ¿podrá la Vida ser Nueva? El calendario sigue su velocidad de crucero sin perturbarse. La brújula señala el norte porque sí y el hombre bebe el tiempo sin pensar. Los antiguos invitaban a vivir la vida sub specie aeternitatis. Los posmodernos la viven como presente, sin objetivos ni sentido, ignoran el pasado y el futuro es una x que no hay que despejar. Dejemos a los dioses en su eternidad dorada y vivamos el hoy entusiasmados por todo y por nada. A pesar de la indiferencia reinante, no hay militancia digna, cada uno quiere ser un ejército de uno, todos hacemos propósito de la enmienda y nos fijamos metas cortas que nunca alcanzaremos.
Los médicos, además de recetar Viagra,
tienen su propia letanía que recitan con la misma monotonía de los
curas: ejercicio: cuatro vueltas diarias a la Dehesa; los diez
mandamientos se resumen en uno: no fumarás; comida sana: verduras y
frutas, apúntese, si es bebedor, a AA. La gente es muy obediente.
Yo, nada preocupado por la Larga Vida, predico la Vida Nueva. Vida Nueva, escarda de las malas hierbas del corazón y siembra de nuevas semillas. Yo, también, tengo mi receta en la que no hay pastillas. La Vida Nueva exige preocupación por el aquí y el más allá, fidelidad a la tierra y mirada más allá de las estrellas, felicidad en este mundo y gloria en el cielo. La Vida Nueva es una vida re-imantada, re-orientada. En este tiempo narcisista, nada de lo que es humano me interesa, el universo empieza y termina en el Yo. Re-orientar la aguja de la existencia es prioridad number one. Flechas, señales y luces indican la dirección a los conductores.
Los Budas sólo indican el camino. El Señor del tiempo se hizo tiempo, se hizo compañero y se hizo vencedor de la desesperación de ser sólo tiempo.
Bendigo al Señor de mi juventud perdida, al
Señor de mi madurez entregada y al Señor de mi ancianidad, como la de
Simeón, consolada. |