EL  HECHO  RELIGIOSO  Y  LA  SALUD (I)

Dr. J. Mª Civeira, Profesor Titular de Psiquiatría..

Hospital Universitario "Miguel Servet" de Zaragoza..

.  
 

La gran extensión del artículo del Dr. Civeira aconseja dividirlo en dos partes. La primera se publica en esta Página Central, y la segunda se insertará en la sección "Temática libre" del próximo número de la revista Peralta.

INTRODUCCIÓN:

En los últimos treinta años, la epidemiología pone de manifiesto de forma reiterada los efectos beneficiosos de la afiliación religiosa y la participación en actividades relacionadas con la vida espiritual sobre los niveles de salud. Disponemos de muchos datos sobre poblaciones diferentes y las conclusiones a las que llegan los estudios publicados en los diez últimos años son muy concordantes: La religiosidad se asocia con mejor calidad de vida y mejores niveles de salud tanto general, como psicofísica. (Boehnlein, 2000)

La magnitud de su efecto es comparable a dejar de fumar o mejorar en siete años la expectativa de vida (Koening 2000). No se ha demostrado un efecto directo al empezar la enfermedad, sino un efecto preventivo, tras años de experiencia religiosa. Los médicos deben respetar y apoyar las experiencias de los pacientes, considerando su historia religiosa como parte de la historia medica, dando la posibilidad de hablar y discutir aspectos específicamente importantes para el paciente y tomando en consideración ayudas complementarias, dentro de la finalidad curativa general del acto médico. No se ha demostrado que la "prescripción " de religiosidad sea eficaz, ni la imposición de creencias, ni la orientación religiosa por parte del médico.

Un tema a debate es la posibilidad de "rezar con el paciente", cuando éste lo solicita, dentro de sus creencias particulares, aunque la mayoría de los autores son indulgentes en el hecho del beneficio que los pacientes pueden encontrar en esta práctica.

Asistir de forma regular a servicios religiosos se asocia con cifras más bajas de tensión arterial, mejor recuperación de estados de ánimo, mayor reactividad del sistema inmunológico, menor uso de servicios sanitarios y menor consumo de medicaciones (Mitka, 1998)

La epidemiología descriptiva es una herramienta de observación sobre asociación de fenómenos que nos permiten estudiar las enfermedades en el medio ambiente; así conocemos los efectos negativos del tabaco, por ejemplo y podemos medir la influencia de la cantidad de cigarrillo en determinadas patologías como el cáncer de pulmón por ejemplo. En todas las enfermedades podemos describir factores de protección y riesgo que vienen configurando una nueva forma de ejercer la profesión médica, como es la medicina preventiva.

El objetivo de la acción sanitaria pero muy en especial de los facultativos, cada vez está dirigido con mayor énfasis al mantenimiento de la salud, y a la prevención de la enfermedad. Los análisis de datos sobre grandes segmentos de la población, nos permiten conocer en qué circunstancias y situaciones podemos prevenir que aparezca una enfermedad. Los avances en la dieta, la promoción del ejercicio físico, la higiene corporal, la eliminación de tóxicos y la lucha frente a las enfermedades infecciosas, por ejemplo, tiene en la epidemiología una de las herramientas metodológicas básicas.

Podemos realizar asociaciones relacionales, inferencias causales y cuantificar la fuerza de aparición conjunta de fenómenos en cada una de las enfermedades. Incluso cada vez más podemos reproducir en el laboratorio muchos de estos fenómenos, para así fabricar vacunas, antídotos, medicinas y un largo etc. de intervenciones preventivas. Pero la inclusión de nuevos instrumentos de investigación, y el poder de las asociaciones matemáticas de muchos datos no es aplicable a todas las patologías. Siguen existiendo fenómenos muy complejos, que nos desbordan y en los que tenemos que seguir apoyándonos en la medicina clínica basada en la experiencia.

Desde hace diez años se viene repitiendo un clamor en todo el mundo científico sobre la importancia de estudiar y definir como criterio de verdad aquellos datos que obtenemos de la práctica habitual en el ámbito médico y en concreto en la relación médico enfermo. Muchos de estos datos no son posibles de explicar en su totalidad, pero entran dentro del pensamiento lógico, de la coherencia, de la práctica asistencial y de la repetición de observaciones, en distintas situaciones, contextos asistenciales y enfermedades. Un ejemplo básico sería la "empatía" entre un paciente y su médico: Es evidente que siendo simpático no curamos ninguna infección, pero aquellos médicos que son capaces de lograr una relación de afecto, tienen un camino adelantado en muchos aspectos del proceso asistencial que ayuda y contribuye a la curación de las enfermedades y en el caso que también nos ocupa a la prevención de las mismas. El estudio de las relaciones entre salud y religión hace converger ambas observaciones: las procedentes de la epidemiología y de la medicina basada en la evidencia.

En una revisión reciente en el repertorio bibliográfico Medline de la biblioteca del Congreso Norteamericano, que agrupa la mayor parte de publicaciones científicas médicas, encontramos varios cientos de artículos que destacan los efectos favorables de la religiosidad en los niveles de salud. Dentro de las llamadas revistas de "impacto", esto es las que son más leídas, las que más se citan por otros autores y aquellas en las que el publicar un artículo es más complejo y difícil, todas ellas han dedicado espacios a este tema, que cada vez se considera más importante: Participar en actividades religiosas, integrar la espiritualidad en la vida personal, y aceptar la dimensión religiosa de la vida personal, se asocia de forma reiterada con mejores niveles de salud, en aspectos muy diversos, como son cánceres, infecciones, dolores crónico, deficiencias, minusvalías y un largo etc. de situaciones de enfermedad que pasaremos a describir.

Llegar a explicaciones uniformes sobre cuáles son los mecanismos a través de los cuales la religiosidad mejora la salud es complejo, pero también lo intentaremos. Definiremos el equilibrio biológico, la homeostasis, como el paradigma de la longevidad para los diversos sistemas y aparatos del organismo; definiremos sus vínculos con el estilo de vida, las exposiciones a riesgo, la receptividad de los consejos (entre otros los del médico), la importancia del apoyo social en la adversidad y el modelo de "afrontamiento", ante la enfermedad, en el que las ventajas de la experiencia espiritual son muy superiores a cualquier otra alternativa conocida.

Hablamos de medicina basada en la evidencia, en la experiencia: porque la variedad de información que disponemos agrupa multitud de artículos epidemiológicos, pero principalmente seguimientos y experiencias que más que de grupos muestrales y colectivos a riesgo habla de enfermos concretos de personas, en situación de enfermedad y por lo tanto de sujetos individuales, que es el centro de la actividad sanitaria.. Disponemos de datos científicos, pero la singularidad de ambos términos: salud y religión, nos aconseja insistir en un aspecto que por parcial no deja de ser fundamental y pieza clave como es la realidad clínica mayoritaria del mundo occidental en el que nos movemos. Datos recientes confirman cómo la mayor parte de la población, cree en Dios, tiene alguna forma de incorporación religiosa, en los diversos ciclos vitales y los médicos constatamos cada vez más la importancia de esta experiencia religiosa para la salud de los sujetos que tratamos en todas las partes del mundo. La demanda de atención religiosa en los hospitales, la petición de apoyo y la importancia de las capellanías para cualquier sistema asistencial es un fenómenos universal y que tiene esa doble demanda: la de los enfermos y la de los profesionales que constatamos que es práctico, que la gente lo quiere y que su aplicación produce múltiples beneficios.

En el siglo pasado, el de las dos grandes guerras en Europa, el de la mundialización y la aparición de la "aldea global", todo lo que pasa en un lugar acaba influyendo a los demás. Las comunicaciones, la información, la tecnología y la burocracia, son compañeros de viaje de nuestra existencia. Parecía para algunos que la religiosidad no tenía lugar. A principios de siglo la psiquiatría dinámica llegó a afirmar que un punto crucial en la evolución del hombre es el miedo a lo desconocido. Especialmente en el ámbito de la pobreza y la adversidad: La aparición de un complejo mental que transfigurase las propias limitaciones sería una de las razones de la experiencia religiosa, para el materialismo histórico. El poder divino sería una proyección a la que transferir la recompensa necesaria, de aquellos que sólo viven en la tribulación. Al igual que múltiples aspectos de la arqueología de la historia, de la economía, de la política y del método científico, en cien años hemos recorrido un largo camino, para comprobar la limitación y el reduccionismo de estas hipótesis, que hoy ya no tienen ningún soporte serio. También entonces Hegel hablaba de la religiosidad como la aceptación de la trascendencia del propio ser, que logra su consumación en la razón, y que como continuó Kierkegard, no se puede quedar limitada como único camino de libertad sino como apertura y comunicación, que definiría Jaspers. La religión preserva al hombre de las automutilaciones ideológicas procedentes de la razón. En el siglo XXI, de la biología molecular, de la ingeniería genética, de las grandes transformaciones en el mundo de las comunicaciones y en un momento de complicación y progreso tecnológico imparable el reduccionismo psicologizante es un reto que afectó a los "antirreligiosos", que como grupo de "edad avanzada", están en vías de desaparición, y aportó división y conflicto, con múltiples limitaciones en todos los campos de la convivencia. Por ejemplo entre los psiquiatras existe un grupo de mayores de 50 años, minoritario pero militante antirreligioso, que cada vez tiene una presencia de mayor marginalidad en el pensamiento médico actual.

La Salud Mental y en concreto la prevención de las enfermedades psiquiátricas ha sido ampliamente estudiada. Pero como todavía no conocemos sus causas, el análisis de los tratamientos nos lleva a una heterogeneidad de prácticas asistenciales, que aconseja su análisis como un tema específico dentro de las relaciones generales entre salud y religiosidad. Hoy sabemos que las enfermedades de la mente lo son del cerebro. En su comprensión incluimos la biografía del sujeto que las padece, la influencia de estresores pasados y presentes, pero fundamentalmente la capacidad de adaptación del sujeto ante un mundo circundante complejo. Tenemos ejemplos en el Síndrome de estrés postraumático, que como entidad nosológica se encuadra dentro de los trastornos por angustia, y que se sabe responde bien a tratamientos farmacológicos. En alumnos de escuelas católicas en situaciones de guerra y genocidios, se ha descrito un menor nivel de vivencias y deseos de venganza respecto a otros mitos en otros contextos educativos, con una prácticamente nula aparición de la enfermedad descrita. Por ejemplo en este caso la hipótesis es: Un sujeto predispuesto para que su cerebro desarrolle una enfermedad si se enfrenta a situaciones insoportables: Cuando puede tener una reestructuración cognitiva de la situación, cuando es capaz de asumir la adversidad en el contexto de su existencia y cuando tiene elementos sociales de vivir la realidad colectiva de situaciones catastróficas resulta que queda "vacunado", frente al síndrome de estrés postraumático. Las explicaciones son complejas, en el ámbito de reflexión bio-psico-social, pero la experiencia dice, que es posible prevenir situaciones que conllevan un daño cerebral a través de ese proceso armónico de adaptación: esto es más frecuente, más sencillo y más útil para personas integradas en ámbitos religiosos concretos.

Tampoco podremos profundizar en la especificidad de prácticas religiosas: Existen muchos datos pero el análisis de ellos pone en pie criterios que no son fáciles de asumir en publicaciones de carácter médico científico, a las que me estoy refiriendo. El análisis de estos datos siendo muy significativo, excede los límites de un artículo general, que culminará con reflexiones sobre mecanismos higiénicos generales de acción a la hora de valorar y fomentar el hecho religioso dentro de la política sanitaria de nuestro medio. Tenemos por ejemplo experiencias en conventos de clausura canadienses, que por ejemplo donan sus cerebros una vez fallecidos los monjes para estudiar la enfermedad de Alzehimer; en ellos se describe cómo la repercusión funcional de la enfermedad puede ser minimizada a través de hábitos de vida regulares, de meditación, prácticas de oración, y sistemas de organización regular de las actividades de la vida diaria. La frecuencia de enfermedades concretas en grupos de célibes, tanto religiosos como sacerdotes diocesanos, también se ha estudiado dentro de diversos grupos católicos, demostrándose que la exposición a riesgos, los sistemas de cuidados médicos y las estrategias de adaptación, son especialmente beneficiosos.

Concluiremos después de nuestra exposición que la educación sanitaria general de un país civilizado, aconseja el fomento y la practica religiosa, desde el punto de vista médico. La cultura sanitaria y los niveles de bienestar de los ciudadanos considerados en su conjunto son superiores en aquellos que tienen prácticas religiosas y aceptan la experiencia espiritual como un elemento propio de su vida y su dignidad. Veremos cómo el momento biográfico de introducción de estos patrones beneficiosos es durante la enseñanza general obligatoria, y en especial entre los 12 y los 18 años que son los momentos de mayor funcionalidad cerebral, de mayor neuroplasticidad y de organización de hábitos de vida.

Distribuiremos la bibliografía consultada en diez apartados, para facilitar su análisis y organizar un juicio complementario que nos permita sistematizar el conocimiento del tema, en la bibliografía médica actual y las vías de investigación futura sobre los mecanismos de acción, de las prácticas religiosas sobre el cerebro, sobre el sistema de cuidados de salud y sobre los niveles de higiene y de funcionamiento corporal general. El ser humano es una unidad múltiple, en el que la asociación de situaciones y fenómenos es compleja pero complementaria.

CONCEPTOS:

SALUD:

Una visión de conjunto de esta realidad humana compleja requiere un ejercicio de síntesis, de la información procedente de múltiples campos de la medicina y de la antropología: Tener salud consiste en disponer de un óptimo funcionamiento de nuestras posibilidades, sentirse sano es algo individual, singular y difícil de definir. Para algunos autores lo importante es la ausencia de enfermedades, pero todos sabemos que los límites entre la salud y la enfermedad a veces no son fáciles de definir. Donde empieza la anemia, la hipertensión arterial, la obesidad etc son acuerdos y convenciones acerca de límites en medidas de funcionamiento somático. El tipo de enfermedades que soporta cada individuo, el tipo de rendimiento que exigimos a un órgano individual o simplemente lo que se considera enfermo en España o en un país en vías de desarrollo sabemos que es muy diferente. En la década de los 80 se puso de manifiesto el hecho de cómo la mayoría de las personas que acuden al médico en los países occidentales, gozan de buena salud objetiva, pero sin embargo sufren de múltiples dolencias psicosomáticos. Mechanic definió un concepto llamado "conducta de enfermedad", esto es: sentirse mal, acudir al médico y organizarse la vida como si se estuviese enfermo (sin datos objetivos que puedan justificar las quejas del sujeto). Los sistemas públicos de asistencia sanitaria, se acompañan de problemas a la hora de definir qué sujetos afectos de dolor e impotencias funcionales, lo son por la búsqueda de ganancias secundarias en formas de pensiones, o compensaciones ligadas a sus dolencias subjetivas.

Definimos la salud como el estado de bienestar físico, psíquico y social de un sujeto; estamos haciendo referencia a un aspecto fundamental de la existencia del hombre. El bienestar es para muchos un componente básico de la felicidad, y ésta es la base de la experiencia religiosa.

Hay múltiples formas de medir los niveles de salud:

Individual. A través del sentimiento subjetivo y la capacidad objetiva de hacer una vida independiente y acorde a los objetivos individualmente marcados.

Aparición de criterios objetivos (signos y datos) compatibles con enfermedades.

Cantidad de enfermedades en un grupo población.

Tipo y cantidad de uso de servicios sanitarios.

Equilibrio entre las demandas del ambiente y las posibilidades de respuesta del sujeto.

Hay múltiples indicadores del nivel de salud de poblaciones y países, que se asocian de forma estable y altamente significativa con los niveles individuales de buena salud: Mortalidad peri natal y complicaciones en el parto de los recién nacidos. Causas de mortalidad.

Complicaciones de las enfermedades más importantes. Edad de detección de enfermedades crónicas con tratamiento. Intervención real sobre grupos de riesgo.

En resumen diremos que este es un campo complejo: Un niño diabético en tratamiento con insulina puede hacer una vida totalmente normal y por el contrario una persona con la impresión de que un accidente le dejó secuelas en su aparato locomotor, que no son objetivadas en las exploraciones puede enfrentarse a un calvario de tratamientos e incapacidad funcional.

NO EXISTEN ENFERMADES SINO ENFERMOS, cada experiencia de sufrimiento será un signo individual en el que la aparición del médico sanador tiene un sentido antropológico irrepetible. En los últimos 25 años se utiliza un término complementario que es el de "calidad de vida", para medir independientemente de los datos objetivos, la capacidad de bienestar funcional del sujeto.

RELIGIOSIDAD:

Es la dimensión del hombre que le lleva a observar su origen y su fin. Es una observación "a conciencia". Se compone de un conjunto de creencias, que conllevan un estilo de vida, unas experiencias individuales y grupales, alrededor de unos ritos formas e instrumentos, en este proceso de "religar "al hombre con su esencia y su dignidad.

La capacidad religiosa de disfrutar de su dignidad como ser con un origen y un destino. El propio ser aceptando su trascendencia, logra su consumación en la razón, abriendo su libertad hacia una comunicación sin límites, que es capaz de conocer LO SANTO. En la Patrística cristiana entendemos por SANTO la elaboración estética y ética de la trascendencia: El que lo sabe todo sobre el hombre entra en el camino de la integridad autentica de lo santo, sin las auto mutilaciones de la razón.

Desde que se conocen huellas de la presencia del hombre en la tierra siempre han sido encontrados signos y formulas religiosas, adaptadas al momento evolutivo y cultural de los distintos grupos humanos. Los médicos-curanderos, los sanadores y posteriormente los "alienistas", son una forma de entender aspectos comunes, entre la salud y la experiencia religiosa

Estudios sobre la mística, las supersticiones y el delirio, permiten trazar barreras concretas. En la Iglesia Católica aquello que da sentido y equilibrio al hombre en su dignidad, dentro de la tradición de la Iglesia, es una experiencia mística: produce capacidad de equilibrio y desarrollo del ser humano. El refugio en la magia, frente a la razón, limitando la libertad y la dignidad de un grupo social desfavorecido, es el campo de la superstición y finalmente la alteración neuroquímica cerebral que rompe el funcionalismo del cerebro, elaborando creencias falsas, inútiles para el que las sufre, es lo que llamamos delirio.

Las experiencias, de "prueba", de "adversidad", de "noche oscura del alma", tradicionales en la experiencia religiosa, como elemento de purificación, de encuentro con la propia limitación de la naturaleza humana, se enriquecen a la luz de los nuevos descubrimientos sobre la depresión, la aparición de nuevas formas de tratamiento y un mejor conocimiento del psiquismo, entendido como una trayectoria o proyecto personal en la existencia, con individualidad, identidad y singularidad. Frente al dualismo filosófico, la medicina pone de manifiesto la multifactorialidad de la conducta de las motivaciones, de los sentimientos y la complementariedad de la experiencia, los conocimientos biológicos, el apoyo familiar, y la visión personal de la vida, que son un paso previo para sentirse, bien, sano, en paz con uno mismo y por lo tanto abierto a lo trascendente.

El alcoholismo, las drogadicciones, y el uso sistemático de substancias psicomiméticas, nos hace comprender las limitaciones de la razón, el ámbito reducido de la lógica y las consecuencias trágicas del desorden mental, que en busca de una felicidad química, aboca al deterioro psicosocial, y a la demencia cerebral, expresada en signos regresivos y deficitarios.

La importancia de la convivencia en familia, los efectos beneficiosos de las relaciones interpersonales, el estilo de vida sano de convivencia con los que nos rodean, la capacidad de compartir alegrías y penas, la liturgia de la fiesta, de la celebración, del duelo, son campos en los que religión y mundo sanitario se ven obligados a entenderse. La complementación de funciones es un derecho de cada ciudadano y una garantía para ejercer su libertad.

"Solo se diagnostica aquello que se conoce", decimos en medicina. "Solo se disfruta de aquello que está a nuestro alcance". Cada vez más en el mundo sanitario se levantan voces, que resaltan los datos objetivos que señalan que la experiencia religiosa presenta muchos aspectos positivos para mantener la salud y evitar las enfermedades. El conocer y tener acceso al fenómeno religioso es un derecho y una exigencia, que entre otras cosas va a ayudar en gran medida a mejorar los niveles de salud de la población. De igual manera que se financian programas de prevención de enfermedades, de promoción de hábitos higiénicos alimenticios, del ejercicio físico regular, la enseñanza de la religión y el acceso a la experiencia religiosa es un bien social en alza para el pensamiento científico, que cada vez se aleja mas de la magia magisterial de los críticos antirreligiosos, expresión de una filosofía genética, propia de un momento de desconocimiento de la biología, de la psicopatología y de la importancia de la salud positiva, mental y física, como ahora tenemos.

Las formas de medir los fenómenos religiosos han sido muy variadas:

Los tiempos y las divisiones en forma de fiestas y celebraciones.

Los objetos y las manifestaciones del culto.

Las mediaciones sociales y la aparición de funciones sacerdotales.

La santificación de instituciones, como el matrimonio, la familia, etc.

Ritualizaciones de lo sagrado: acciones santas de los ritos.

Mundo de representaciones de lo religioso: Descripción de lo divino, lo eterno etc.

Desde un punto de vista médico los indicadores utilizados en la literatura son:

Afiliación subjetiva a un grupo religioso.

Horas semanales de práctica religiosa en grupo.

Cuantificación de conductas, próximas al hecho religioso.

Admisión de criterios colectivos relacionados con la convivencia, que tienen su raíz en la experiencia religiosa.

Valores y criterios ante cuestiones éticas como el derecho a la vida, la familia, la dignidad, la igualdad de los ciudadanos, las políticas de ayuda a desfavorecidos, etc.

Disponemos de trabajos en todo tipo de formas religiosas, y no vamos a entrar en aspectos específicos de comparación entre ellas. A través de un repertorio bibliográfico como es Medline, asociamos los dos grandes conceptos: Salud y religión, evaluando los criterios metodológicos de las principales afirmaciones y conclusiones. En algún aspecto concreto profundizaremos de una forma más interesada, en el contexto del tema global que nos reúne que es la pedagogía de la religión en la enseñanza religiosa: Defenderemos que una reflexión sistemática sobre los métodos y medios de la educación y formación religioso-moral, son elementos constitutivos de los niveles de salud de una población, y elemento fundamental para la salud individual de la mayor parte de los sujetos, en las diferentes culturas que conocemos tanto en el momento presente como, a través de la historia.

Agruparemos la información de la forma siguiente:

VISION DE CONJUNTO. EPIDEMIOLOGÍA DESCRIPTIVA, que asocia indicadores de religiosidad y niveles de salud

CURACIONES A TRAVÉS DE LA ORACIÓN Y LA LITURGIA.

ATENCIÓN A MORIBUNDOS, ANCIANOS Y ENFERMOS TERMINALES.

BIOÉTICA. Aportaciones desde la experiencia religiosa.

DISMINUCIÓN DE CONDUCTAS DE RIESGO EN ADOLESCENTES.

Lugar de atención, red social y acogida de enfermos especialmente psiquiátricos.

PATOLOGÍA ESPECÍFICA DE ALGUNOS FENÓMENOS RELIGIOSOS.

USO DE SERVICIOS SANITARIOS. Acceso a información sanitaria,

ESTUDIOS ESPECÍFICOS SOBRE ENFERMEDADES CONCRETAS en grupos religiosos homogéneos y sometidos a estilos vitales estrictos.

EXPLICACIONES SOBRE MECANISMOS DE ACCIÓN BENEFICIOSOS DE LO RELIGIOSO.

VISIÓN DE CONJUNTO:

Una referencia interesante publicada en Lancet en 1999, plantea el número creciente de cursos y asignaturas que se ofrecen sobre este tema en la mayor parte de las facultades de medicina. En algunas encuestas se ha publicado que hasta un 48% de pacientes hospitalizados, muestran su preferencia porque sus médicos rezasen con ellos. 79% del total de adultos en encuesta publicadas en USA creen que rezar mejora la salud y la mayoría de los médicos afirmaba que la oración promueve la curación de sus pacientes.

Pero más allá de las opiniones vamos a analizar algunos datos: Oxman encuentra que la mortalidad dentro de los seis meses posteriores a cirugía mayor cardiaca es muy superior en los que no reciben apoyo religiosos. Strawbridge demuestra en un estudio de seguimiento de 28 años, la reducción de tasas de mortalidad entre los que acuden regularmente a la Iglesia, en Alameda County (California). Hummer encuentra tasas menores de enfermedad y mortalidad en 8 años de seguimiento en una muestra de ancianos Estudios en sacerdotes católicos, monjes trapenses y benedictinos, se han encontrado menores tasas de mortalidad y morbilidad, que se asocian con la menor frecuencia de uso de alcohol, tabaco, estrés psicosocial y con el seguimiento de conductas regulares y sistemáticas. Sobre 27 estudios revisados por Levin 22 mostraban beneficios evidentes entre las personas que frecuentan los cultos religiosos en lo que a su nivel de salud se refiere en diversos contextos.

Sin embargo los datos son muy heterogéneos y la metodología de recogida y análisis de la información es muy diferente. Realizando ajustes por variables intermediarias, como sexo, edad, movilidad personal, nivel socioeconómico, situación cultural y ámbito relacional, aparecen grupos con mayores diferencias entre salud y religiosidad y otros grupos humanos que no se benefician de ser más religiosos. Especialmente en Israel se han publicado múltiples trabajos, pero la generalización de los datos no es fácil. En una unidad de cuidados intensivos, se realizó un estudio a doble ciego, sobre una muestra de pacientes con infartos de miocardio. La mitad de ellos recibían diariamente la visita de un sacerdote que rezaba con ellos. Este grupo tuvo menor incidencia de reinfartos, menor número de neumonías, y requirió menos cantidad de antibióticos y diuréticos que el grupo control.

Varios libros sobre el tema, argumentan mecanismos muy diferentes, lo que también nos habla de lo complejo de aproximarnos a dos conceptos tan globales, tan difíciles de medir, e influenciados por multitud de variables que actúan de forma heterogénea en las distintas personas y poblaciones.

Las controversias con mayor fundamento se centran en los aspectos éticos, relacionados con el apoyo médico a una actividad no sanitaria "per se" como método de tratamiento... ¿Es lícito fomentar la religiosidad desde la consulta? ¿Debe ser éste un campo de intervención médica directa del médico en el trato con sus pacientes? Dado que todo el mundo fallece y que todo el mundo tendrá enfermedades, el plantear los efectos beneficiosos de la religiosidad, no será interpretado desde la "culpa", por aquellos enfermos que ya no van a beneficiarse de su religiosidad por ser terminales y sufrirán por este motivo una complicación en el desarrollo de su enfermedad. ¿Será esto en algunos casos más perjudicial que beneficioso? ¿Puede influenciar la creencia del médico en las decisiones de los pacientes sobre las decisiones del paciente en temas sanitarios?

La fe ayuda a dar gracias por la recuperación de una enfermedad y a sentir con fuerza las ganas de vivir y de seguir adelante, pero no es posible determinar que la fe religiosa directamente sea la causa de las curaciones.

Para algunos la relación entre religiosidad y salud es muy inconsistente, pero el acuerdo mayoritario que recoge la revista Lancet va en la línea de que "es pronto para aconsejar la religiosidad como un tratamiento médico", lo que no excluye la aceptación de la evidencia sobre sus múltiples beneficios: este amplio espectro de actuaciones dentro de la relación médico enfermo queda abierto a cada caso y cada circunstancia. No es previsible una solución fácil a estas respuestas. La investigación se dirige mucho más (como veremos a continuación), a aspectos muy parciales, en grupos de edad en situaciones muy concretas y a aceptar que la globalidad de estos términos desborda el método científico de análisis de datos con el que trabajamos en el momento actual.

Se han estudiado: Creencias, actitudes, conductas religiosas y participación en actividades organizadas por instituciones religiosas. La observación reiterada dice que muchas personas sienten alivio y confort religioso frente a la enfermedad. Estudios realizados en Monasterios reflejan una menor frecuencia de enfermedades de todo tipo, en especial las enfermedades cardiovasculares y las patologías relacionadas con el estrés, tanto mental como físico, aparecen en menor grado en personas religiosas. Se han descrito menores tasas de mortalidad. Mayor movilidad en los ancianos. Incluso la recuperación de las prótesis de cadera, y la deambulación posterior se consigue de forma más eficaz en los grupos de personas con mayor religiosidad. Menores tasas de depresión, mejor capacidad de afrontar los problemas, menos angustia, menores consumos de tóxicos, mayor calidad y satisfacción en acontecimientos vitales. Todo esto sí, es generalizable a distintos grupos de edad, tanto varones como mujeres y a distintos grupos culturales.

Algunas explicaciones de los efectos beneficiosos de la religiosidad, las encontramos en variables intermediarias que se asocian con la religiosidad y que actúan directamente sobre la salud:

Mejora de los niveles de bienestar individual. Sentimiento subjetivo de vivir bien y minimización de las enfermedades así como mejor capacidad de detectar el dolor y la disfunción.

Promoción de hábitos de vida higiénicos. Aumentando el sentimiento de felicidad en la vida. Estimulando opciones de menor estrés y tensión, a través de la sencillez de vida, disminuyendo factores de riesgo, búsqueda de sensaciones, o abuso de substancias. Estímulo de la vida familiar, de la crianza, de la convivencia intergeneracional, promoviendo relaciones afectivas intensas Mayor integración social y apoyo comunitario. Calidad y cantidad de las interacciones sociales, frecuencia de las mismas, y tipo de apoyo que se recibe. Mejores niveles de amistad y de ayuda mutua. Múltiples ayudas instrumentales, tanto educativas, como materiales, Apoyo emocional. Compañerismo. Múltiples programas de ayuda social, que combinan beneficios, para los que cooperan y los que perciben las ayudas. Fuentes de innumerables informaciones, incluso de educación sanitaria. Especialmente poderosos son los efectos del sentimiento de pertenencia a una Comunidad de ayuda, en la que me puedo apoyar si me hace falta y en la que veo signos de solidaridad. Tranquilidad y equilibrio que da el sentirse apoyado y confortado pro los amigos. Múltiples beneficios de compartir intereses, opiniones y experiencias, que refuerzan la seguridad personal, incrementando el altruismo y la reciprocidad.

Aumento de la autoestima y de la confianza personal en el propio trabajo.

Capacidad de tolerar, manejar, reducir, minimizar y hacer frente a la adversidad y el conflicto. Mayor capacidad de manejar el estrés de la vida. Mejor manejo del duelo, y de las malas noticias

Aumento de emociones positivas, especialmente a través de la oración y de las celebraciones

Mayor frecuencia de conductas preventivas, a corto y largo plazo, a través de una mejor organización de vida.

Calibración de los mecanismos de respuesta ante situaciones de conflicto, respondiendo de forma uniforme, controlada y positiva.

Perdida del miedo ante la muerte y aceptación de la adversidad como algo más en la vida.

Experiencias de autoayuda al vivenciar los aspectos positivos del enfrentamiento ante la enfermedad de otras personas conocidas que han sido apoyadas por las personas integradas en grupos religiosos.

En resumen el concepto global de religiosidad es un área positiva aunque los efectos y los mecanismos individuales que hacen que contribuya a los niveles de salud son múltiples y aparecen en combinaciones cambiantes y singulares.

Nosotros mismos investigamos con el cuestionario psicosocial Zaragoza, en los años 1979 y 1980, en dos fases un grupo muestral significativo de los habitantes de la ciudad de Soria, Aplicando técnicas de análisis de regresión logística y ajustando por múltiples variables intermediarias, la frecuencia de participación en actividades religiosas fue el factor que mejor explicaba la prevención de la depresión. En aquel momento se interpretó como un signo de integración en los valores y sistema de vida de la colectividad y por lo tanto como un índice de bienestar y de equilibrio.

También se han estudiado los efectos negativos de algunas prácticas religiosas: La pasividad frente a la enfermedad, abandonándose al pensamiento mágico falsamente providencialista. Incapacidad de individualizar respuestas por gregarismo o sugestión ligada a criterios de autoridad. Obsesividad y escrupulosidad por una generalización de aspectos negativos de la vida. Intolerancia en la aproximación al que no piensa como yo. Sentimientos de incapacidad y de insuficiencia ante críticas sistemáticas de los errores. Aumento y génesis de estrés y preocupaciones por temas irrelevantes, prohibiciones y situaciones de aislamiento y segregacionismo. Situaciones de abuso ante la dificultad de enfrentamiento de algunos sujetos ante un ambiente colectivo de gran presión.

El tipo de confesión y práctica religiosa va a estar muy ligado al grupo cultural, y psicosocial de pertenencia. Actividades muy beneficiosas para un grupo no lo van a ser para otro. El hecho es que la religiosidad es una manifestación más de la conducta del hombre y ésta es muy diversa. Lo que es positivo en un ámbito rural, puede no serlo en el urbano. La liturgia en distintos grupos de edad no es siempre la misma y las opciones y la permeabilidad de las celebraciones, varía en las distintas partes del mundo. El sentimiento y el sentido religioso es el eje de los efectos beneficiosos. Nuevamente la persona en su dimensión individual salta al primer plano, sobre el fondo científico de los datos epidemiológicos.