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  E D I T O R I A L

LA MIES ES MUCHA, LOS OBREROS POCOS.

ROGAD AL DUEÑO DE LA MIES

   

En un principio, este número de PERALTA iba a tener el contenido fundamental (proposiciones y propuestas sobre todo) de nuestro último Capítulo Provincial. Sin embargo, dado que todos los religiosos disponen o van a disponer de ese contenido, y dado el carácter más bien privado de parte de dicho contenido, hemos visto más oportuno enfocar este número hacia nuestra Misión Escolapia en general, pensando sobre todo, en proponer reflexiones y algunas acciones cara al nuevo curso.

La urgencia que teníamos de encontrar materiales con tal fin y la falta de tiempo suficiente para confeccionar un número más denso por un lado y más pragmático por otro, ha hecho que no estemos del todo satisfechos del mismo. Sin embargo creemos que es digno, útil y motivador para la reflexión de cara a nuestra misión.

Y hablando de nuestra misión escolapia en las Obras de la Provincia (8 colegios, 2 parroquias urbanas y varias rurales, más la obra de Peralta de la Sal -cada vez con más entidad escolapia en número y en calidad en cuanto a las actividades que se están llevando a cabo y los proyectos educativos próximos con menores emigrantes- procesos pastorales extraescolares y diversas actividades de educación no formal), teniendo a la vez, en el trasfondo, la realidad que estamos viviendo, cada año más intensamente, de la enfermedad y la muerte de algunos de nuestros hermanos religiosos, nos viene a la mente y sintonizamos más todos con el deseo y el posicionamiento de Jesús ante el Reino que anunciaba y que le apasionaba: La mies es mucha, los obreros pocos... rogad al dueño de la mies…

Lo que hace falta es que los obreros pocos seamos de calidad; y que, con el mazo dando, como se dice, acompañemos al ruego al dueño de la mies, que bien sabe, por otra parte y ya, de lo que tenemos necesidad. Muchas veces hemos oído eso de que nadie es imprescindible, pero todos somos necesarios.

Ante la dificultad y el problema lógicamente surgen en todos sentimientos diversos, de signo negativo más bien: angustia, preocupación, temor, miedo, tristeza, pena...; o de signo positivo, en los menos casos, ilusión, vivir la situación como un reto desde Dios, gozo (¿por qué no?) ante una oportunidad para madurar y crecer... Estos sentimientos nacen de los hechos contemplados (la mies mucha, los obreros pocos, realidad de nuestras Obras, etc) y provocan actitudes diferentes también, básicamente reducidas a estas dos: la actitud positiva: de colaboración, disponibilidad, empeño en el trabajo y el proyecto; o la actitud negativa: de repliegue en sí mismo, de crítica destructiva, de expectación a distancia, de conmiseración, de víctima, añoranza...

Seguramente van a producirse algunos cambios de personas tanto en la dirección como en la composición de las comunidades y de las Obras. Ante esta realidad, hay personas que se aferran a su parcela personal de poder o a sus propios planes y criterios, justificados normalmente con razonamientos y criterios más o menos positivos, pero siempre individuales, personales, sin tener en cuenta el proyecto y el plan colectivo (contenido en Constituciones, Reglas, Acuerdos de Asambleas y Capítulos de la Orden, decisiones comunitarias y de Provincia...) y buscan ante todo su propio proyecto personal, priorizado ante el común. Y hay otras, las menos normalmente, siempre disponibles, confiadas en la Obediencia, en la Providencia y en los hermanos, de modo especial en los que les toca en cada momento el servicio de ser Superior Comunitario o Provincial. Sólo con estos últimos avanza el proyecto comunitario y se establecen cauces de vida verdadera en nuestras Obras y Comunidades.

Por otra parte, ante la dificultad y el problema, también hay dos tipos de posicionamiento de la persona: la reacción y la proacción. El tipo de la reacción se deja llevar por los sentimientos personales, actúa irreflexivamente, de modo inmediato e intempestivo, es infantil, no se da tiempo para la reflexión y la oración y el diálogo, y luego suele arrepentirse de su actuar o de su no actuar. Y el tipo de la proacción es el tipo adulto, que se da tiempo para estudiarse en sus sentimientos y reacciones, se da tiempo para la meditación y la oración y el diálogo y decide en consecuencia a su vocación, a su ser esencial, a su opción fundamental hecha en su Profesión Religiosa, en su Ordenación Sacerdotal...

Rogad, pues, al Dueño de la mies, para que envíe obreros a su mies..., obreros de calidad, no cualquiera, si es posible, por favor.

Javier Negro, Sch. P.