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RECONOCER, ACLAMAR E IMITAR A LOS SANTOS José Luis Cepero Ezquerra, Sch. P. Delegado Episcopal para las Causas de los Santos |
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introducirnos en el tercer milenio, el siervo de Dios Juan Pablo II
En un contexto de secularización y de olvido de Dios, cuando vemos que hay tantos cristianos que se hunden en lo tangible, en las pobrezas que ocupan la primacía, vacíos interiormente, necesitamos ayudas. Hay que mirar a quienes alcanzaron ya la meta a la que aspiramos y a quienes dieron muestras de heroica fidelidad al Señor. Son tiempos difíciles los que vivimos. Se está abandonando a Dios y a la Iglesia; se quiere construir la sociedad, la familia, en la laicidad. Son como tiempos de calvario incruento y se quiere como secar las raíces cristianas de Europa. Juan Pablo II manifestó con sus palabras y gestos que se proponía crear un clima favorable a la santidad. Puso ejemplos actuales de santos y mártires, nos invitó a imitarlos como testigos excepcionales de Cristo.. El Sr. Arzobispo de Zaragoza ha creado la Delegación Episcopal para las Causas de los santos. La Postulación General de la Orden ha trabajado para promocionar la santidad de escolapios de nuestro tiempo cuya memoria ocupa un destacado puesto porque adornaron con su virtud heroica la Escuela Pía contemporánea. Están en Roma los procesos de los Siervos de Dios PP. Pedro Díez, Bruno Martínez y Joaquín Erviti. Estamos en la última etapa del proceso diocesano de veinticuatro escolapios de la provincia escolapia de Aragón, nueve asesinados en Alcañiz, nueve también en Barbastro, cinco de Tamarite de Litera y uno de la comunidad de Logroño asesinado en Hospitalert del Infante (Tarragona). También estamos trabajando por llevar adelante los procesos de varios laicos exalumnos de nuestro Colegio de Alcañiz, destacados católicos que merecen también ser incluidos en el martirologio de la persecución religiosa en España en los años 1936-1939. Religiosos y laicos exalumnos que entregaron su vida por mantenerse fieles a Cristo. Este proceso de la diócesis de Zaragoza y de la de Teruel y Albarracín no está encaminado a contribuir a despertar diferencias ya superadas. Ninguna debemos querer construir un mundo mejor con rencores y posturas violentas. Juan Pablo II nos pidió ser testigos de la verdad, practicar el perdón, pero sin perder la memoria de los mártires de hoy, no para reivindicar compensaciones, sino para imitar su fidelidad heroica, las manifestaciones de perdón y nos puedan estimular a ser fuertes en la fe. Si recordamos a nuestros mártires es sencillamente porque no queremos ser injustos si no procuramos que brille esa corona de hermanos mártires de la fe en tiempos de inclemencia. Hoy aparecen nubarrones en el horizonte y necesitamos ejemplos recientes que nos recuerden que es posible la fidelidad en la adversidad. Los mártires escolapios son para nosotros ejemplos de madurez religiosa y los recordamos agradecidos, muy lejos de cualquier referencia ideológica y política. No necesitamos hacer política, necesitamos testigos que nos ayuden a vivir con ejemplaridad la fe y en el peligro no avergonzarnos de anunciar a Cristo. Y a este objetivo va encaminado este proceso diocesano de más de cien presuntos mártires sacerdotes y laicos de las diócesis de Zaragoza y de Teruel, tres hermanas clarisas de la comunidad de Monzón, asesinadas en Peralta de la Sal que esperamos clausurar en este año 2007, año Jubilar de San José de Calasanz. Los mártires son testigos de que el cristianismo es posible como el gran aldabonazo ante el evangelio contado biográficamente en una historia humana, de nuestra carne y hueso, con nuestros temores y debilidades, con nuestras gracias y certezas. En este año jubilar calasancio tenemos un año de singular gracia y lo queremos vivir recordando a Calasanz y a estos hijos suyos y hermanos nuestros que hemos conocido de cerca y de los que nos precedieron y acertaron a contarnos con su propia vida la misma sabiduría de Dios que se hizo entrega y misión evangelizadora.
Al
reconocer y aclamar a nuestros santos y mártires contemporáneos no queremos que
sus vidas y el testimonio de su martirio quede en el olvido, existe en ellos una
traza de evangelio que merece la pena ser resaltada. La página evangélica que
los siervos de Dios escolapios han sabido vivir y narrar, es motivo de acción de
gracias a Dios y ojalá acompañemos todos estos procesos de canonización con
nuestra oración mientras esperamos filialmente la palabra última de la Santa
Iglesia. |