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ÁFRICA ES NOMBRE DE MUJER Inma Armillas, escolapia laica |
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Cuando me dijeron que esta semana los niños no tenían clase porque los profesores (profesoras en su mayoría) tenían que corregir exámenes no me lo podía creer: ¡los niños se quedan en casa porque los profes no pueden corregir en sus casas por las tardes! Pero conforme me asombraba, pensaba en cómo sería la casa de los profesores, si tendrían un sitio apropiado para corregir, qué harían con sus hijos mientras tanto, quién trabajaría el campo…
Es demasiado común que una mujer esté sola al frente de sus 4 o 5 hijos; el padre en algunas ocasiones es polígamo y "por no ser injusto" no se hace cargo de ninguno de sus hijos. La tradición y las costumbres son demasiado fuertes aquí y sitúan a la mujer en una posición de inferioridad. La presión social es fuerte y da la sensación de que si una mujer no tiene descendencia no es una persona completa y las condiciones en las que busque los hijos son lo de menos.
No puedo decir que
aquí no se valore la mujer; se le valora y respeta, pero la vida para
ella es más difícil que para un hombre porque las obligaciones que se le
imponen son muchas y duras. Por eso me sorprendo cada vez que me asomo
por la escuela de adultos que lleva un grupo de laicos y laicas
escolapios: las aulas están formadas en su mayoría por alumnas de
mediana de edad, que dos veces en semana sacan tiempo para ir a
aprender. Sin vergüenza, sin miedo allí están fieles a la cita. Pasear
por estas clases es un
Pero que la mujer aquí es la clave del desarrollo no sólo es evidente en la escuela de adultos, sino también en el engranaje social que se mueve alrededor de la parroquia. Esta red social está formada por muchas mujeres y muchos hombres comprometidos pero la gran base es femenina. ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo sacan adelante sus casas, sus hijos, sus trabajos? Para mí es un misterio ¿Cómo sobrellevan la difícil tarea de sobrevivir? El corazón de África es femenino, late al ritmo de las contracciones de un parto con dolor y esperanza; pero fuerte, muy fuerte, generoso dando vida en lo pequeño. Y es que la mujer mueve el mundo: cuando todos seamos conscientes de esto y le demos el papel que se merece, seguro que ese "otro mundo posible" estará más cerca. |