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ATERRIZANDO EN ÁFRICA Alberto M. Márquez López, escolapio laico |
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Mientras aterriza, la sensación de vértigo que produce el avión con el morro inclinado se suma a la que uno siente cuando está llegando a África. En seguida sorprende lo verde del paisaje. Unas horas antes, con un poco de suerte se puede adivinar desde el avión el desierto. Este primer contraste no es más que el preámbulo de lo que África representa, y Camerún no es menos: un lugar de mezclas. En la ciudad, caros coches circulan por las mismas desgastadas carreteras que desvencijados taxis y sobrecargadas motos. Junto al mercado de alimentos, un montón de basura espera a ser recogido, mal que bien, por el irregular servicio de limpieza.
Esta parte de ese gran continente es riquísima en muchas cosas: en carácter de la gente, en naturaleza (magnífica fruta y verdura, paisaje tropical…), en cultura… La mayoría de su gente habla inglés y francés, además de pidgin en la parte anglófona y su lengua materna. En ocasiones, por las imágenes que nos llegan a Europa, no podemos evitar tener el cliché de pobreza y analfabetismo para con África, pero en realidad África mira al mundo con ojos críticos, inteligentes y esperanzados. También es cierto que otras veces la forma de mirar al mundo es otra, no tan positiva: piensan que Europa es el cielo, y si se les intenta hablar de nuevos modelos de desarrollo, de otra forma de ver las cosas y de valorar sus cosas positivas no siempre lo entienden. Pero a pesar de eso, tenemos la suerte de ver la otra cara: la de los jóvenes que estudian con ilusión para dar un futuro a los suyos, la de ideas y proyectos que desde ellos mismos salen y la de mucha gente que poniendo buena cara a las dificultades permanece con alegría. África tiene mucho que decir al resto del mundo.
Blaise
es uno de los cocineros de los colegios de Bamenda, muy avispado. Al
En esa alegría de hacer las cosas bien, de acompañar a esta gente y facilitarles mucho, están los escolapios aquí en Camerún. La Viceprovincia de Camerún es joven, "está formándose", en el amplio sentido de la palabra: las casas de formación están llenas de ilusión, los colegios van absorbiendo el carácter calasancio y muchos de los escolapios cameruneses están ya al frente de la mayoría de proyectos con niños. Las parroquias están llenas de vida, actividades y sobre todo mucha implicación. El momento por el que pasa la iglesia camerunesa y especialmente la local es bonito y hay que aprovecharlo, y en ello están también nuestros escolapios. Saben acompañar, estar, alegrarse y sufrir con Camerún. Contribuyen a que cada día ese cosmos heterogéneo tenga más que decir al mundo. Y eso es bueno.
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