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LA NOCHE OSCURA COMO MISIÓN ENTRE LOS MÁS POBRES

La experiencia mística de Teresa de Calcuta, la Monja de los Suburbios

P. Fernando Negro Marco, Sch. P.   -   (Zaragoza, Marzo 2008)

 

 

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“No sé hacia donde me dirijo.

No veo el camino delante de mí.

No estoy seguro de dónde podrá terminar.

Ni siquiera estoy seguro de quién soy;

y el hecho de que yo crea que

estoy siguiendo tu voluntad,

no significa que de hecho la esté cumpliendo.

Pero creo que el deseo interior de agradarte,

en verdad es algo que ya te agrada.

Confío en que este deseo esté presente

en todo lo que hago.

Espero no hacer nada contrario a este deseo.

Y sé que si sigo este camino,

Tú siempre me guiarás por el camino verdadero,

aunque yo  no me dé cuenta.

Por eso confiaré siempre en ti

aunque me sienta perdido

en las sombras de la muerte.

No temeré, pues tú estás siempre conmigo,

y sé que nunca permitirás

que me enfrente solo a los peligros”

(Thomas Merton)

Gonkha Agnes nació en Albania, nación machacada por el sistema comunista que la dejó esquilmada de todo signo cristiano. Pero Dios, que hace las cosas a su manera, hizo que fuera precisamente allí donde naciera Teresa, que luego se llamaría Teresa de Calcuta, a principios del siglo XX, el año 1910.

Ya desde joven decidió entregarse totalmente  a Cristo y por eso marchó a Irlanda para unirse a la Congregación de las Hermanas de Loreto. El 6 de enero de 1929 llegó a Calcuta y en el mes de mayo del mismo año comenzó el noviciado en Darjeleen, en Bengala Occidental (Noreste de la India). Durante años trabajó en la escuela y destacó como buena educadora y en su vida espiritual. El 24 de mayo de 1936 hizo los votos en su Congregación de Loreto.

En una ocasión, viajando en tren a Darjeleen, Teresa sintió una llamada muy especial, algo que ella misma y sus directores espirituales llamarán “una llamada dentro de la llamada” dentro de la vocación a la vida religiosa, para comprometerse más a fondo en la experiencia de Dios y en el servicio a los más pobres entre los pobres. Más tarde ella dirá: “fue en ese tren donde yo escuché la llamada a dejarlo todo y a seguirle a Él en los suburbios, a servirle a Él en los más pobres de los pobres”. Esta llamada especial, este kairos, tuvo lugar exactamente el 10 de septiembre de 1946. Las Hermanas Misioneras de la Caridad, que así se llama la Congregación que fundó, celebran esta efemérides de manera muy especial.

¿Cómo fue aquella llamada? No se trató de algo externamente exuberante ni fantástico. Fue una experiencia del amor de Dios en medio de aquel panorama de miseria mientras una voz repetía incesantemente: “¿Harás algo por ellos? ¿Lo harás por Mí?” Esto nos recuerda inmediatamente a nuestro Santo Fundador San José de Calasanz que, aún siendo un buen sacerdote, también  sintió una segunda llamada cuando contemplando la situación  de los niños abandonados en las calles de la Roma del siglo XVI, escuchó la voz de Jesús diciéndole: “José, mira y sé el padre de estos muchachos”.

Esa misteriosa voz  le iba dejando una profunda marca; por ello Madre Teresa pidió ayuda a un Padre Jesuita, Fr. Neuner,  que supo cómo guiarla y, al cabo de un tiempo, le dijo que si era la voz de Dios seguiría persistentemente golpeando a la puerta de su corazón. Por eso le dio el consejo de olvidarse totalmente del asunto y ponerlo en las manos de Dios continuando su servicio como una buena hermana de Loreto. Así intentó hacerlo pero la llamada se hacía más y más urgente y fascinante. Unos meses después expuso su situación de nuevo al director espiritual quien llegó a la conclusión de que era realmente la voz de Dios. Le dio permiso para dirigirse al Arzobispo de Calcuta, Monseñor Ferdinand Perier, que acogió el asunto con cariño aunque a su vez fue lento en el proceso de discernimiento hasta llegar a la seguridad plena. Pero Teresa insistía una y otra vez clamando que era la voz de Dios llamándole a dejar la Congregación de Loreto para hacer algo más radical por los más pobres en Calcuta.

Finalmente el Arzobispo informó a la Santa Sede y tras algunos contactos con sus Madres Provincial y General, Teresa abandonó  el Colegio de Loreto en Calcuta y se fue a las calles con unas pocas rupias en el bolsillo como su único tesoro. Comenzó a visitar los agujeros oscuros y las casas rotas donde vivían los pobres de Calcuta. Ella comprendió desde el principio que era Jesús quien la invitaba: “¡Ven y sé mi luz!”. Sí, Él la llamaba a la misión de ser la luz de los abandonados en Calcuta.

Prácticamente desde el principio de esta llamada y hasta el día de su muerte, Teresa vivió una profunda noche espiritual y de sequedad. Fue un verdadero tormento, aunque nunca pudo paralizar a Teresa en su deseo de amar a Dios y a los destituidos de manera apasionada. La oscuridad fue su más íntima compañera para toda la vida. Poco a poco y con la ayuda de sus directores espirituales, esta experiencia vino a convertirse en el modo en que la luz de Dios se iba acercando a cada corazón humano que entraba en contacto con ella. Era un sufrimiento profundamente enraizado en el corazón, mientras en ella iba creciendo un deseo apasionado por Dios.

En el libro “Mother Teresa. Come be my Light” el P. Brian Kolodiejchuk, miembro de la Congregación de los Misioneros de la Caridad y el procurador de su causa de beatificación, resume la enseñanza de Juan de la Cruz acerca del proceso de quienes avanzan en la espesura de la experiencia de Dios:

  • La primera noche es la de los sentidos, en la cual los sentidos se van purificando de los apegos y satisfacciones sensoriales. En este estadio, aunque las consolaciones ya no se sienten, sin embargo aparece un gran deseo de Dios y un aumento de amor, humildad, paciencia y otras virtudes.

  • La segunda noche es la del espíritu, mucho más dolorosa porque en ésta la persona desea sólo a Dios y lo ama inmensamente, pero apenas puede reconocer el amor de Dios en su vida. Las virtudes de fe, esperanza y caridad son sometidas a severas pruebas. La oración se hace árida, casi imposible, y el consejo espiritual apenas sirve da nada. Y a todo ello generalmente se unen otras pruebas de carácter externo que añaden más sufrimiento. A través de esta purificación el discípulo alcanza un mayor desapego de las cosas creadas y una mayor unión con Cristo, llegando a ser un Instrumento dócil en sus manos.

Es interesante constatar que la experiencia mística de la noche interior también aparece en otras religiones. En el libro sagrado de los hindúes, el “Bhagavad-Gita”, el héroe Arjuna habla con Krishna expresando ansiedad antes de comenzar la batalla contra las fuerzas del mal: “En la noche oscura de mi alma me siento desolado. En mi falta de fe en mí mismo no encuentro el camino hacia la bondad. Yo soy tu discípulo y me acerco a pedirte que seas mi luz en el sendero de mis obligaciones. Porque ni siquiera el reino de la tierra ni el de los dioses en el cielo, podrían darme paz en medio del fuego del dolor que quema mi alma”. Madre Teresa pasó por esa experiencia espiritual de sequedad y oscuridad, precisamente en la tierra del misticismo por excelencia, la India. Arjuna le dice a Krishna: “sé mi luz en el sendero de mis obligaciones”. El Señor le dice lo mismo a Teresa aquel 10 de septiembre de 1946: “Ven, sé mi luz”. Aquí no es la persona quien pide a la divinidad, sino Dios mismo quien se dirige a Teresa como un mendigo desolado y miserable: “Ven y llévame a los agujeros oscuros donde viven los pobres. ¡Ven y sé mi luz! ¿Harás esto por Mí?” Y Teresa dijo SÍ; y dos años más tarde, exactamente el día 21 de diciembre de 1948 ya estaba ahí, en medio de las calles de Calcuta. La oscuridad será su más íntima compañera. Una de sus primeras seguidoras  diría más tarde: “Verla a ella vestida pobremente en un simple y humilde sari, con el rosario en la mano, era como ver el evangelio vivo, era Jesús presente entre los pobres. Veíamos en ella una luz en la oscuridad de los suburbios”.

Ésta fue su oración esencial: “Jesús, Tú eres el amor de mi corazón, deseo sufrir lo que sufro y todo lo que Tú quieras que sufra, por puro amor de ti y no por los méritos que yo pueda ganar ni por el premio que me has prometido; solamente por agradarte y por bendecirte tanto en la tristeza como en la alegría”. Esta oración, aunque no es suya, se convirtió en terreno fértil donde su vida quedó sembrada y dio fruto abundante.

Junto a esta experiencia de sentirse lejos y abandonada de Dios, Madre Teresa sufrió de malas interpretaciones y críticas malignas. Escribió en su diario íntimo: “Me parece que hay quienes dicen que no tiene sentido que trabajemos entre los más abandonados, que los grandes, los intelectuales y los ricos están dispuestos a todo y que es mejor estar con ellos… Me llaman la monja de los suburbios, y me siento feliz de serlo por amor suyo y para su gloria”. Desgranemos algunas de las expresiones salidas del corazón mismo de Teresa de Calcuta en las que presenta su estado interno de desolación:

  • “¡Qué tortura y qué soledad tan intensa he sentido hoy! Me pregunto por cuánto tiempo podrá mi corazón sufrir todo esto (año 1949)

  • “Por favor, monseñor, rece por mí especialmente para que yo no destruya el trabajo del Señor y para que Él se me manifieste, porque tengo dentro de mí una oscuridad terrible, como si todo a mi alrededor estuviera muerto. Más o menos esta situación ha sido permanente desde el comienzo de “la obra”. Pida al Señor que me de fuerza (año 1953)

  • Mi alma está en una profunda noche y desolación. No, no me quejo. Que Él haga lo que le parezca mejor (año 1954)

  • No entiendo nada, pero es que hay una soledad tan grande en mi corazón que no puedo ni describirla… ¿Hasta cuándo estará ausente Nuestro Señor? (año 1955)

  • Rece por mí pues lo que llevo dentro es puro frío congelado. Sólo la fe ciega me conduce ya que todo en mí es oscuridad. En realidad hasta que el Señor quiera yo no cuento para nada (año 1955)

  • Por favor, rece por mí que ojalá Dios levante esta oscuridad de mi alma aunque sea por unos pocos días. Porque a veces siento una agonía de desolación tan grande y a la vez un deseo tan profundo del Ausente que la única oración que puedo hacer es ésta: “Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío. Quiero saciar tu sed de almas” (año 1956)

  • En  “la llamada” Tú me dijiste que iba a sufrir mucho. Han pasado diez años, mi Jesús, y se ha cumplido en mí tu deseo” (año 1959)

  • Si supiera cómo ansío encender el fuego de amor y paz en todo el  mundo. Pida por mí para que Él me use a fondo (año 1969)

  • No es la tuberculosis ni el cáncer las auténticas enfermedades. Creo que el mayor mal es el no ser deseado ni amado. La pena que esta gente sufre es muy difícil de comprender y penetrar (Madre Teresa al Sínodo de los Obispos en octubre de 1980.

A través de esos textos podemos concluir la fe tremenda y el amor apasionado por el Amado que aparentemente se ausenta de la sensibilidad. Tras la publicación del libro al que nos hemos referido antes y del que he entresacado los textos de arriba, enseguida aparecieron críticas de ataque a Madre Teresa calificándola de mujer guiada por una imagen ideal de sí misma y que más tarde construyó sobre la increencia y la duda permanentes. Alguien en la revista NEWSWEEK del 29 de octubre del 2007 calificaba a Madre Teresa como “aquella mujer anciana de la que la Iglesia sabía que para todos los efectos había dejado de creer”. Naturalmente quienes así piensan andan del todo despistados y no entienden que por el contrario Madre Teresa tenía una fe muy bien cimentada, una fe guiada por el amor que le llevó a una inmensa sed por el Amado. Es prácticamente una regla de vida: los grandes santos han tenido graves crisis de fe; cuanto más grande el santo, mayor la noche oscura del espíritu. Incluso en el citado Bhagavad-Gita tiene algo que decir al respecto contra los escépticos y los no creyentes: En la noche oscura de todos los seres aparece la luz de la persona que está en paz. Pero lo que es día para algunos parece como noche para el sabio… Sólo por el amor pueden los seres humanos verme y conocerme y acercarse a mí” (2, 70; 11, 15).

Madre Teresa aprendió a aceptar los sufrimientos interiores y exteriores como un privilegio de parte de Dios y así iba irradiando la alegría de pertenecer a Dios y de vivir con Él. Sabía que tras la pena de la pasión amanecería la alegría de la resurrección. En abril de 1942, bajo la guía de sus directores espirituales, Teresa hizo el voto privado a Dios, bajo pena de pecado mortal, de jamás negarle nada de lo que Él le pidiera. Y fue fiel a ello hasta el final de su vida, después de haber hecho “algo grande para Dios”. Ella le amó “como nadie Le había amado antes”. Su misión fue la de haber sido la luz de la bondad y la compasión de Dios, en  medio de su oscuridad interior, que fue en ella un ingrediente esencial para su misión. A través de su pena pudo llegar a comprender mejor la soledad y el sentimiento de rechazo de los más pobres. Eran las 8 de la tarde del 5 de septiembre de 1997 cuando la Madre entró en la agonía final. Mientras tanto hubo un apagón en toda la ciudad. Las hermanas llamaron a los doctores y corrían intentando poner en funcionamiento los dos generadores de la casa, pero todo fue en vano. Algo que nunca antes había sucedido. Calcuta estaba inmersa en la oscuridad y aquella persona que había proyectado tanta luz al mundo, se iba apagando lentamente. Al anochecer de aquel día Teresa se iba adentrando en el amanecer glorioso. La oscuridad física en el contexto de la muerte de esa mujer inundada de luz nos recuerda el discurso del Presidente Nehru tras el asesinato de Mahatma Gandhi: “Hoy se nos ha ido la luz”. Hablaba simbólicamente, claro. Gandhi y la Madre Teresa son sin duda luces de referencia en nuestro viaje hacia Dios

CONCLUSIÓN:

La experiencia de la noche oscura es más común de lo que podemos imaginarnos. Se le puede llamar depresión, soledad, crisis, dudas, incertidumbres, fracasos, rechazos… Los grandes místicos de todos los tiempos y religiones nos hablan con la simbología de la noche de ese viaje hacia Dios, un viaje sin mapas cuyos trazos los marcamos guiados por nuestras convicciones e intuiciones que nos llegan de la gracia, de la experiencia de la presencia  de Dios. La noche cósmica y la noche espiritual pueden traernos angustia, terror y ansiedad como sucedió a Teresa de Calcuta y otros místicos. Es una noche donde los demonios se dan cita, incluidos los demonios de mundo inconsciente, pero hay que atravesar el túnel confiados. Así la oscuridad se convierte en bendición que nos hace crecer en el amor.

La noche de Teresa de Calcuta nos enseña a ser fieles a nuestra vocación a pesar de los peligros y las dificultades que podamos atravesar. Nos enseña a confiar en Dios sabiendo que esta confianza es ya en sí misma el mayor servicio que podemos ofrecer al mundo que busca la luz. Si vivimos así, las noches interiores se convierten en oportunidades de sabiduría donde Dios va transformando la mente y el corazón.

Acabamos esta reflexión con el himno escrito por el Cardenal John Henry Newman, un himno recitado por Gandhi especialmente hacia el final de su vida cuando se juntaba a diario con personas de diferentes religiones a orar juntos. También Madre Teresa lo apreciaba y lo vivía:

Luz amable, luz,

Guíame en medio de las tinieblas

¡Guíame!

La noche es densa

Y estoy lejos de mi hogar

¡Guíame!

Mantén listos mis pies.

No te pido ver todo el horizonte.

Me basta con un paso y nada más