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LA NOCHE OSCURA COMO MISIÓN ENTRE LOS MÁS POBRES La experiencia mística de Teresa de Calcuta, la Monja de los Suburbios P. Fernando Negro Marco, Sch. P. - (Zaragoza, Marzo 2008)
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Gonkha Agnes nació en Albania, nación machacada por el sistema comunista que la dejó esquilmada de todo signo cristiano. Pero Dios, que hace las cosas a su manera, hizo que fuera precisamente allí donde naciera Teresa, que luego se llamaría Teresa de Calcuta, a principios del siglo XX, el año 1910. Ya desde joven decidió entregarse totalmente a Cristo y por eso marchó a Irlanda para unirse a la Congregación de las Hermanas de Loreto. El 6 de enero de 1929 llegó a Calcuta y en el mes de mayo del mismo año comenzó el noviciado en Darjeleen, en Bengala Occidental (Noreste de la India). Durante años trabajó en la escuela y destacó como buena educadora y en su vida espiritual. El 24 de mayo de 1936 hizo los votos en su Congregación de Loreto.
¿Cómo fue aquella llamada? No se trató de algo externamente exuberante ni fantástico. Fue una experiencia del amor de Dios en medio de aquel panorama de miseria mientras una voz repetía incesantemente: “¿Harás algo por ellos? ¿Lo harás por Mí?” Esto nos recuerda inmediatamente a nuestro Santo Fundador San José de Calasanz que, aún siendo un buen sacerdote, también sintió una segunda llamada cuando contemplando la situación de los niños abandonados en las calles de la Roma del siglo XVI, escuchó la voz de Jesús diciéndole: “José, mira y sé el padre de estos muchachos”. Esa misteriosa voz le iba dejando una profunda marca; por ello Madre Teresa pidió ayuda a un Padre Jesuita, Fr. Neuner, que supo cómo guiarla y, al cabo de un tiempo, le dijo que si era la voz de Dios seguiría persistentemente golpeando a la puerta de su corazón. Por eso le dio el consejo de olvidarse totalmente del asunto y ponerlo en las manos de Dios continuando su servicio como una buena hermana de Loreto. Así intentó hacerlo pero la llamada se hacía más y más urgente y fascinante. Unos meses después expuso su situación de nuevo al director espiritual quien llegó a la conclusión de que era realmente la voz de Dios. Le dio permiso para dirigirse al Arzobispo de Calcuta, Monseñor Ferdinand Perier, que acogió el asunto con cariño aunque a su vez fue lento en el proceso de discernimiento hasta llegar a la seguridad plena. Pero Teresa insistía una y otra vez clamando que era la voz de Dios llamándole a dejar la Congregación de Loreto para hacer algo más radical por los más pobres en Calcuta.
Finalmente
el Arzobispo informó a la Santa Sede y tras algunos
contactos con sus
Prácticamente desde el principio de esta llamada y hasta el día de su muerte, Teresa vivió una profunda noche espiritual y de sequedad. Fue un verdadero tormento, aunque nunca pudo paralizar a Teresa en su deseo de amar a Dios y a los destituidos de manera apasionada. La oscuridad fue su más íntima compañera para toda la vida. Poco a poco y con la ayuda de sus directores espirituales, esta experiencia vino a convertirse en el modo en que la luz de Dios se iba acercando a cada corazón humano que entraba en contacto con ella. Era un sufrimiento profundamente enraizado en el corazón, mientras en ella iba creciendo un deseo apasionado por Dios. En el libro “Mother Teresa. Come be my Light” el P. Brian Kolodiejchuk, miembro de la Congregación de los Misioneros de la Caridad y el procurador de su causa de beatificación, resume la enseñanza de Juan de la Cruz acerca del proceso de quienes avanzan en la espesura de la experiencia de Dios:
Es
interesante constatar que la experiencia mística de la noche
interior también aparece
Ésta fue su oración esencial: “Jesús, Tú eres el amor de mi corazón, deseo sufrir lo que sufro y todo lo que Tú quieras que sufra, por puro amor de ti y no por los méritos que yo pueda ganar ni por el premio que me has prometido; solamente por agradarte y por bendecirte tanto en la tristeza como en la alegría”. Esta oración, aunque no es suya, se convirtió en terreno fértil donde su vida quedó sembrada y dio fruto abundante. Junto a esta experiencia de sentirse lejos y abandonada de Dios, Madre Teresa sufrió de malas interpretaciones y críticas malignas. Escribió en su diario íntimo: “Me parece que hay quienes dicen que no tiene sentido que trabajemos entre los más abandonados, que los grandes, los intelectuales y los ricos están dispuestos a todo y que es mejor estar con ellos… Me llaman la monja de los suburbios, y me siento feliz de serlo por amor suyo y para su gloria”. Desgranemos algunas de las expresiones salidas del corazón mismo de Teresa de Calcuta en las que presenta su estado interno de desolación:
A través de esos textos podemos concluir la fe tremenda y el amor apasionado por el Amado que aparentemente se ausenta de la sensibilidad. Tras la publicación del libro al que nos hemos referido antes y del que he entresacado los textos de arriba, enseguida aparecieron críticas de ataque a Madre Teresa calificándola de mujer guiada por una imagen ideal de sí misma y que más tarde construyó sobre la increencia y la duda permanentes. Alguien en la revista NEWSWEEK del 29 de octubre del 2007 calificaba a Madre Teresa como “aquella mujer anciana de la que la Iglesia sabía que para todos los efectos había dejado de creer”. Naturalmente quienes así piensan andan del todo despistados y no entienden que por el contrario Madre Teresa tenía una fe muy bien cimentada, una fe guiada por el amor que le llevó a una inmensa sed por el Amado. Es prácticamente una regla de vida: los grandes santos han tenido graves crisis de fe; cuanto más grande el santo, mayor la noche oscura del espíritu. Incluso en el citado Bhagavad-Gita tiene algo que decir al respecto contra los escépticos y los no creyentes: “En la noche oscura de todos los seres aparece la luz de la persona que está en paz. Pero lo que es día para algunos parece como noche para el sabio… Sólo por el amor pueden los seres humanos verme y conocerme y acercarse a mí” (2, 70; 11, 15).
Madre
Teresa aprendió a aceptar los sufrimientos interiores y
exteriores como un privilegio de parte de Dios y así iba
irradiando la alegría de pertenecer a Dios y de vivir
CONCLUSIÓN: La experiencia de la noche oscura es más común de lo que podemos imaginarnos. Se le puede llamar depresión, soledad, crisis, dudas, incertidumbres, fracasos, rechazos… Los grandes místicos de todos los tiempos y religiones nos hablan con la simbología de la noche de ese viaje hacia Dios, un viaje sin mapas cuyos trazos los marcamos guiados por nuestras convicciones e intuiciones que nos llegan de la gracia, de la experiencia de la presencia de Dios. La noche cósmica y la noche espiritual pueden traernos angustia, terror y ansiedad como sucedió a Teresa de Calcuta y otros místicos. Es una noche donde los demonios se dan cita, incluidos los demonios de mundo inconsciente, pero hay que atravesar el túnel confiados. Así la oscuridad se convierte en bendición que nos hace crecer en el amor. La noche de Teresa de Calcuta nos enseña a ser fieles a nuestra vocación a pesar de los peligros y las dificultades que podamos atravesar. Nos enseña a confiar en Dios sabiendo que esta confianza es ya en sí misma el mayor servicio que podemos ofrecer al mundo que busca la luz. Si vivimos así, las noches interiores se convierten en oportunidades de sabiduría donde Dios va transformando la mente y el corazón. Acabamos esta reflexión con el himno escrito por el Cardenal John Henry Newman, un himno recitado por Gandhi especialmente hacia el final de su vida cuando se juntaba a diario con personas de diferentes religiones a orar juntos. También Madre Teresa lo apreciaba y lo vivía:
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