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  OTRA MANERA DE VIVIR LA ESCUELA PÍA EN ÁFRICA

P. Ángel Miguel, Sch. P.

 

En octubre de 2001 llegué al Juniorato Internacional, que los escolapios tenemos en el barrio "Ciudad Verde" de Yaundé, en Camerún. Venía de Libreville, capital de Gabón, donde había llegado en agosto del 1995, acompañado del P Valeriano, para hacernos cargo, junto con el P Eduardo Martínez, también escolapio, que llevaba ya algunos meses en Libreville, de la Parroquia "San Antonio Maria Griñón de Monfort" primera fundación de los escolapios en este país, que apenas si llegaba al millón y medio de habitantes, siendo su renta per capita una de las más elevadas del Continente Africano.

En ese millón y medio de habitantes, los inmigrantes venidos de Guinea Ecuatorial ocupaban una parte muy considerable, siendo algo más bajo el número de cameruneses, y ocupando éstos, cameruneses y guineanos, los trabajos menos dignos en el ranking social del país, cuyos habitantes lo tenían muy en cuenta, en el momento de buscar trabajo. Un gabonés no podía ocupar ciertos puestos: su dignidad no se lo permitía. El petróleo había contribuido a elevar la dignidad del gabonés, cuya única ilusión era ocupar un puesto en los servicios públicos del Gobierno o las finanzas.

Otra de las riquezas de Gabón es la madera, cuyas empresas, en su mayoría, son extranjeras y la producción de minerales -manganeso y uranio- en la parte más oriental del país. Para el aprovechamiento de estos minerales, y en sus comienzos, construyeron el ferrocarril, que atraviesa toda la selva, más de 800 Kms, y que según algunos expertos, vació las arcas fuertes que había llenado el petróleo, por lo que el país se empobreció, más de lo que los economistas habían pensado.

A los tres años de llegar los escolapios a Gabón, y regentando desde el primer año la gran parroquia del barrio ‘Bas de Gué-Gué’ y otra pequeña y muy pobre, en las afueras de la ciudad, en el barrio de Alibandengue, construido también el presbiterio con 3 habitaciones, 3 despachos y un anexo, con posibilidad de alojar jóvenes escolapios, comenzamos nuestra misión educativa con un colegio de secundaria, ocupando las 6 clases de catequesis, que los escolapios encontraron ya construidas en la parroquia, desde el principio. Este colegio, ha aumentado en este tiempo en el numero de clases, que van desde la 6ème hasta la 3ème, y ha llegado a conseguir un gran prestigio dentro de la ciudad, por la preparación de sus alumnos, tanto en la parte intelectual como en la formación humana.

De este Colegio, donde fui profesor de matemáticas, durante dos cursos, y encargado de la pequeña parroquia de Alibandengue, vine a Camerún; país vecino, al norte de Gabón, y del que tenía algunas referencias por ciertos inmigrantes que venían por la parroquia buscando algún trabajo, o por otros feligreses que hacían intercambio yendo a comprar productos al país vecino, donde las cosas eran bastante más baratas, para venderlas luego en Libreville al precio de este mercado, con lo que obtenían buenas ganancias, si conseguían pasar bien la frontera.

No se distinguía la juventud gabonesa por su inquietud religiosa. En el primer curso de nuestra llegada a Libreville, comenzamos a dar clases en el Seminario Menor, que atendían los salesianos. El P Valeriano enseñaba latín y yo matemáticas. Pero, muy pronto, los salesianos dejaron el Seminario, decepcionados por la poca perseverancia de los seminaristas y por la escasez de vocaciones que allí encontraron para su congregación...

En ese mismo curso nos llegaron dos vocaciones a los escolapios, los dos inmigrantes: uno camerunés y el otro de la República Democrática del Congo. Los dos hicieron el noviciado en Senegal. El camerunés que ya tenía hecha la Filosofía, fue a hacer la Teología a Roma; el congolés hizo Filosofía también en Senegal y vino a hacer la Teología a Camerún; con él estuve en el Juniorato. Al final, ninguno convenció y los dos fueron invitados a dejar la Orden; pero los dos han seguido unidos a la labor de la Iglesia Católica: El Camerunés, doctor en Teología por la Gregoriana, da clases en el Gran Seminario de Douala y en la Universidad Católica de Yaundé, y el Congolés, al año de salir, se ordenó de sacerdote en Estados Unidos… ¡Cuan inescrutables son los caminos del Señor!

En el Juniorato de Yaundé, mi ocupación principal era llevar la economía, que depende siempre de las provincias escolapias madres, las que han fundado las dos viceprovincias de hoy, Senegal y Camerún, el vicariato de Guinea-Gabón y la casa de Daloa en Costa de Marfil. Las provincias madres respectivas son: Cataluña y Aragón, la 3ra Demarcación y la provincia de Liguria, hoy Italia... Para mí, esta época, ha sido muy enriquecedora. En estos años se han formado aquí, más del 90 % de los escolapios africanos y yo he tenido la ocasión de visitar la inmensa mayoría de las comunidades y obras en las que trabajan y tener frecuente contacto con todos los escolapios.

En esta labor de ecónomo he permanecido durante 6 cursos, contribuyendo a la formación de los jóvenes, según mis posibilidades, en las celebraciones y el trato personal con ellos. He intentando revalorizar la vida comunitaria con mi presencia asidua, en los actos del juniorato. En estos 6 años se ha completado la estructura física de esta casa del Juniorato de Yaundé, que hoy podemos considerar como modelo de casa de estudios.

Primero se completó la sala de reuniones y conferencias, así como la sala de ordenadores en la que se añadió la conexión de Internet, facilitando así la formación intelectual y humana de los jóvenes. Con la ayuda imprescindible del P Jesús Ramo, se completó el Museo Bíblico, tan ponderado por todos los Centros de Estudios de Yaundé. También con la ayuda de Bamendjou se puso el adoquinado en todo el patio delante de los dos edificios, que antes era de tierra, con el inconveniente que ello supone tanto en tiempo de seca como en tiempo de lluvia. Dos garajes abiertos reemplazaron las casetas de madera, y se añadió una caseta para el grupo electrógeno, que comenzó a funcionar en el curso 2004 -2005, y que nos ha librado de las molestias causadas por los frecuentes cortes de corriente. Finalmente, y con la ayuda muy ponderada de las demarcaciones y curia general, se terminaron los campos de deportes, que siempre estuvieron presentes en la mente, primero del P Ricardo Querol y luego del P Dominique, quien consigue dichas ayudas.

En este final de curso, del año 2007 es cuando recibo obediencia del P General, a través del P Mariano Grassa, a la sazón vicario de Camerún, para esta casa de Bamendjou, donde casi todo ha cambiado. La comunidad, nueva completamente, con dos nativos y dos expatriados, uno polaco y yo español. También mi vida ha cambiado, aunque siga con el mismo cargo en la comunidad. He pasado de la capital administrativa de Camerún a un pueblo, podríamos decir, de la sierra, donde todos los caminos que llegan a él son de tierra: polvorientos, cuando no llueve, y embarrados en la estación de lluvias.

Aunque se mantiene aquí la construcción de los adoquines, son los escolapios de la comunidad anterior quienes se ocupan de todo ello. Nuestra labor son las escuelas y la Parroquia, que cuenta con otros 6 puestos de culto para otros tantos pueblos más pequeños. A ellos vamos los domingos a decir la misa y les atendemos en lo posible, como también celebrando los otros sacramentos y numerosos entierros, así como atendiendo a los enfermos. Estos pueblos se encuentran a una distancia de entre 2 y 25 Kms por caminos que, sobre todo en tiempo de lluvias, suponen gran dificultad para llegar hasta ellos. Verdad es que esta dificultad queda muy superada por la ilusión, con que estas gentes sencillas reciben al sacerdote, y el interés que ponen en estas celebraciones. ¡Qué profundo es su sentimiento religioso, ése que les mueve a hacer horas de camino, por senderos poco practicables, hasta llegar a la iglesia!

Todo ello estimula a los jóvenes escolapios en su servicio y, a los de más edad, cuando vemos tantas ancianas marchar por estos caminos con un palo largo de apoyo para no perder la misa del domingo, nos da fuerzas. Cuando contemplo estos casos, pienso que el capítulo 13 de la carta de San Pablo a los Corintios: "El amor es paciente, es amable, no se engríe, no es jactancioso, todo lo soporta…." se hace realidad.

El ejemplo que estas gentes nos dan con su asistencia constante y su participación en las Eucaristías, supera con creces nuestras homilías, que deben ser traducidas a su lengua por el catequista, ya que la mayoría de estas mujeres no conocen el francés. Ellas solo saben trabajar y sonreír. Y, seguro, Dios sonríe con ellas.