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  OPCIÓN POR LOS POBRES = OPCIÓN POR LA JUSTICIA

Mariano Grassa, Sch. P.

   

Cuando Javier me pidió escribir un artículo para la página central de esta ‘Peralta’ sobre la opción por los pobres, me sobresalté debido a que no me considero capaz de aportar mucho sobre el tema. Puede que el estar en África haga suponer que, como estamos cercanos al mundo de la pobreza de un modo natural, también hemos optado, personal y efectivamente, por una vivencia cristiana y religiosa mucho más comprometida. Siendo sincero, no es así… La obediencia me ha colocado aquí, e intento, intentamos, dar respuesta a las necesidades de esta demarcación en crecimiento y de nuestro contexto. No hay, pues, opción consciente.

Y, sin embargo, mi estar aquí, aun sin elegirlo demasiado, sí que me hace ver y vivir de una manera distinta. Aquí se encuentra uno a Dios más fácilmente. Parece que está más presente. La apertura al Dios que ama, aun en medio de la dificultad suprema, de los miles de pobres africanos que nos rodean no deja de sorprender y se convierte en un camino directo hacia su encuentro… Cuan cierta es la frase tantas veces dicha y oída ‘los pobres nos evangelizan’, si le damos una oportunidad.

En su circular de Pascua del 2007, Pedro Casáldaliga, intentando participar en el diálogo entre Jesús y Pilato, dice: "…Despectivamente Pilato le pregunta a Jesús qué es la verdad y no se para a oír la respuesta y además lo entrega a la muerte y se lava las manos. Maxence van der Meersch le responde a Pilato y nos responde a todos: "La verdad, Pilato, es estar del lado de los pobres"… Juan XXIII abogaba por "una Iglesia de los pobres, para que fuese la Iglesia de todos". Lo cierto es que los pobres definen, con su vida prohibida y con su muerte "antes de tiempo", la verdad o la mentira de una Sociedad, de una Iglesia. Dice nuestro Jon Sobrino: "Quien no sepa explícitamente de Dios, lo ha encontrado si ha amado al pobre"; y el Evangelio lo dice repetidamente en la palabra y en la vida de Jesús, en su pesebre y en su calvario, en las bienaventuranzas, en las parábolas, en el juicio final…"

La opción por los pobres define la verdad en mí, la verdad de cada una de nuestras comunidades, demarcaciones y de nuestra congregación, llena de religiosos y laicos ‘cooperadores de la Verdad’. ¡Esta opción es LA trasversal de nuestra vida comunitaria, espiritualidad y ministerio!

Sin embargo me parece que la expresión ‘opción por los pobres’ tiene un elevado contenido ideológico que a veces dificulta la aceptación de su verdad profunda y siempre actual. Creo que el término es un tanto confuso y que puede generar debates interesantes pero interminables y, además, llenos de ‘escapatorias’: ¿Opción preferencial o exclusiva? ¿Quiénes son los pobres? ¿Cómo acercarnos a ellos? ¿Qué tipo de pobrezas hay en mi contexto? ¿Elegir ser pobres y vivir la pobreza? ¿Y la pobreza de espíritu? ¿Cómo asumir la opción en nuestro ministerio?…

Es por ello que, siguiendo a algunos teólogos, me gustaría cambiar la expresión ‘Opción por los pobres’ por ‘Opción por la justicia’, que nunca está en oposición con la primera y me parece más significativa en el contexto actual… En lugar de pobres, podríamos hablar de víctimas de la injusticia (que son, ciertamente, los pobres). Evidentemente, Dios opta por ellos… es la constante en los evangelios, es la Buena Noticia de Jesús y la médula de la historia de la salvación.

Este cambio de término nos lleva a pensar, de una forma aun más directa, sobre los porqués. En lugar del ‘pobre’, vemos el ‘empobrecido’… y en lugar del ‘rico’ vemos el ‘enriquecido’. Y, a partir de ahí, optamos por luchar contra las causas de la injusticia y denunciar el modo de vida que la genera. La opción por los pobres nos invita a trabajar por cambiar la tendencia actual porque, si más de mil millones de personas se ven obligadas a sobrevivir con menos de un dólar por día, hay algo que no anda bien en el mundo. Es un escándalo que la fortuna de las tres personas más ricas del mundo supere el producto nacional bruto de los 48 países más pobres o que las 225 personas más ricas del mundo posean más de un 47 % de los bienes de toda la humanidad.

Estos últimos meses hemos seguido preocupados el debate sobre el aumento vertiginoso de precios de productos básicos, incluidos los de alimentación, y su causa. Se nos repite que el mercado global va a producir 10 años de hambre en los países ‘en desarrollo’. Los que vivimos en estos países hemos experimentado ya sus consecuencias de este último golpe: huelgas, violencia, muertos, angustia, falta de expectativas, etc. Se nos promete que van a llegar grandes cambios sociales y políticos frutos del descontento… ¡Hasta en los países ‘desarrollados’ comienzan a aparecer reacciones airadas!

Es difícil trabajar en un contexto donde la vida diaria se convierte en una lucha imposible de ganar. ¿Qué podemos ofrecer a estos millones de hermanos ‘empobrecidos’ que nos rodean? Viendo con realismo las estructuras injustas, ¿tienen ellos efectivamente en sus manos la llave para resolver su problema? En este ambiente donde el futuro parece no existir y el presente resulta tan complicado… Aquí es donde hay que situar nuestra ‘Opción por la justicia’.

Si os contara los ‘golpes’ que hemos vivido hoy, sólo hoy, en medio de la escritura de este articulillo, os asombrarían: he descubierto que alguien ha robado de mi cuarto el dinero destinado a un proyecto; la Internet (y el skype) han dejado de funcionar bien; nos han robado el cristal trasero del viejo Toyota-Hilux e intentado llevárselo; una moto ha chocado contra el otro coche deshaciendo la puerta y ventana; el juez nos ha ordenado parar los trabajos de construcción del Colegio Técnico porque una familia quiere aprovecharse y ‘sacarnos’ más dinero… ¡Todo el mismo día (bueno, la misma mañana)! Dificultades del día a día que se han acumulado, pero que no son nada comparadas con el sufrimiento que soportan muchos de los que nos rodean (enfermedades, emigración, falta de alimento, muerte de familiares jóvenes, etc.). A lo nuestro seguro que encontramos alguna solución.

Aquí y ahí, conscientes de la realidad que se nos impone, sin caer en el pesimismo, hay que optar por la justicia. Hay que ponerse a pensar y a trabajar al lado de las víctimas de este mundo injusto con una opción que sea inteligente, creativa, realista y eficiente que les devuelva la dignidad y la esperanza. Y con la certeza de que no estamos solos. Como decimos en francés: "…les jeux fixés en jesus Christ, entrons dans le combat de Dieu!" El combate de Dios es el de la justicia. En él está nuestra verdad como cristianos, religiosos y escolapios. Fuera de él…

La verdad es que este tiempo de pensar y escribir estas palabras me está ayudando mucho. Primero para relativizar un poco el esfuerzo que hacemos –y que hay que hacer- para conseguir la ‘consolidación de la Viceprovincia’, una de nuestras líneas de acción fundamentales, con lo que supone de inversión en recursos humanos y materiales, en un medio donde la consolidación es una utopía inalcanzable…

Segundo para comprender que la ‘Opción por la Justicia’ debería de estar presente en todos los niveles de nuestra vida personal e institucional. Quizás dejamos esta opción para algunos ‘individuos’ más concienciados o para ciertos ‘momentos’ de especial sensibilidad, y desaparece de lugares donde siempre debería de estar: en el proceso de Formación Inicial; en las reuniones comunitarias; en las planificaciones de la demarcación; en la oración… De hecho, esta Opción por la Justicia no debería de ser personal sino, en el contexto desde donde escribo, del grupo de los que formamos la Viceprovincia, compartiendo decisiones, trabajando en equipo y cada vez con más protagonismo de los cameruneses…

Tercero para integrarla como elemento esencial de discernimiento en nuestro ministerio. Las opciones que ya estamos tomando deberán de estar en relación con las necesidades de los que nos rodean y orientadas a la transformación de la sociedad. Escuelas de Primaria donde se aprenda a ser justo, honesto, sincero, solidario…; estilo de educación basado en la cooperación de todos los agentes; innovación pedagógica; opción por lo profesional (especialmente la agricultura y ganadería en el contexto actual mundial) y la educación no-formal; atención especial a las nuevas víctimas de la injusticia, como subrayábamos en la reunión de la Familia Calasancia Africana este año, cuyas conclusiones os ofrezco haciendo clic en el enlace:

Conclusiones del XX° Encuentro de la Familia Calasancia de África

La familia calasancia ha sido un lugar de reflexión acerca de nuestra misión en África durante los últimos 20 años. Los resultados de estos diversos encuentros son una fuente de inspiración importante para nuestra acción educativa. Tenemos pues que tenerlos como instrumentos de reflexión y de programación en nuestras demarcaciones y en nuestras comunidades.

Cuarto, y como nos decía José Manuel Asún en su paso por nuestra tierra, para asumir una visión sostenible de la vida en la que el ‘modelo’ no sea el que está en la cumbre del consumo, de la popularidad o del poder, ya que no es posible una vida de ese tipo para todos, sino que intentemos mejorar nuestra vida sin sueños lejanos. Vislumbrar un mundo con muchísimos menos ‘empobrecidos’ porque hay también menos ‘enriquecidos’, un mundo más justo, y proponerlo con palabras y acciones como educadores que somos.

Querido lector, como decía al principio, no me siento una persona especialmente sensible en el tema que acabamos de recorrer juntos. Asumo mi pobreza, porque eso es en realidad. Quizás un plus de valentía, de creatividad, de sensibilidad, de compromiso en la ‘Opción por la Justicia’ generaría posibilidades que cubran este ‘déficit’ evidente en mi vida y, quizás, en esta institución, la Escuela Pía, que tanto queremos.

Recibe un fuerte abrazo.

Be happy!

Mariano Grassa