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  E D I T O R I A L

NO ACABAMOS DE ACERTAR CON LA FAMILIA

P. Javier Negro, Sch. P.

   

.En estos años atrás, tanto la Iglesia universal como la española y las diversas instituciones y congregaciones religiosas de apostolado, nos hemos propuesto en nuestras líneas de actuación la de la familia como tarea y parcela de misión importante. Pero, al parecer, nos está costando verdaderamente aterrizar y llegar a objetivos operativos concretos, a definir actuaciones, incluso a conocer la nueva realidad familiar que de un modo u otro la vida va imponiendo, querámoslo o no. Y son éstas las familias de nuestros alumnos actuales, los padres y madres, los hermanos y familiares, esa microsociedad genuina y específica en cuyo seno los destinatarios de nuestra educación y evangelización han venido al mundo y de la que han bebido y beben las aguas que calman su sed y en la que comen el alimento que satisface su hambre de sentido y de satisfacción de sus necesidades físicas, psíquicas y espirituales.

Ya hace unos años que la Conferencia Episcopal española, en su documento “Matrimonio y familia hoy” nos dijo: “queremos ante todo subrayar el papel decisivo que, para la verdadera educación humana y cristiana, supone la dedicación de los padres a cada uno de sus hijos, no sólo cuando surgen problemas, sino de modo permanente... Por desgracia, es frecuente que los padres, para conseguir un mejor nivel de vida, dejen a sus hijos sin lo que más necesitan: su presencia, su cariño, su amistad... Es precisamente en estos momentos cuando la labor educativa ha de hacerse más paciente y cercana, y cuando son más necesarios el afecto y la entrega en la educación”.

La teoría la tenemos clara. Ya hace años (1994: año internacional de la familia) que la Escuela Pía española hizo una declaración institucional a favor de acercarnos a la familia y colaborar con ella como sujeto educativo y evangelizador y de contar activamente con ella en nuestras Obras. También en los documentos de pastoral y laicado del Capítulo General anterior salió a relucir este tema. Y en las Conclusiones Capitulares Propositivas para este nuevo Capítulo General también, aunque con menor intensidad, vuelve a salir el mismo, en línea de acercamiento y colaboración institucional con la familia.

Seguramente es cuestión de personas más que de documentos y declaraciones. Y seguramente, si nosotros, los agentes directos de la Obra y del centro educativo no sabemos o no acertamos a llevar a la práctica caminos que faciliten el recorrido de esa colaboración y cogestión educativa y evangelizadora con la familia, deberemos facilitar a la misma familia, a los padres y madres (AMPAs, Padres y Madres Catequistas y monitores, etc) esta tarea y pedirles que nos enseñen y ayuden. Recientemente una madre de un niño que va a ingresar en uno de nuestros colegios decía que uno de los motivos de llevar su hijo al mismo era porque en ese colegio las familias y los padres “tenían cancha” con la labor educativa de sus hijos”. Ojalá sea verdad.