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EL PLAN DE DIOS SOBRE EL HOMBRE Y LA MUJER (I)

P. Victorino Ruiz Sola, Sch. P.

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Dada la extensión de este artículo, nos parece conveniente dividirlo en tres partes y publicar la primera parte en el presente número y la segunda y tercera en los dos siguientes.

 

Me presento ante Vds., no como especialista de las cuestiones que vamos a tratar, es decir, de la lectura del proyecto de Dios sobre el hombre y la mujer, desde el origen, desde las primeras páginas del GENESIS. Me presento ante todo, como creyente y empujado por la necesidad de explicar estas cosas, porque NO SE SABEN.

Sí, la BUENA NUEVA del Evangelio sobre el amor humano, la BUENA NUEVA de la PALABRA DE DIOS, sobre nuestra pobre vida humana, en todas sus dimensiones, comprendida la dimensión de hombre y de mujer, comprometidos en situaciones concretas, diversas e incluida la dimensión de la vida sexual; la palabra de Dios tiene mucho que decirnos, esencial y fundamental para nuestra feliz vida matrimonial. Y ESTO NO SE SABE.

Pero lo primero que quiero decirles es que esta palabra de Dios se nos da, para que nos pongamos en situación de escucha, para que movidos por esta palabra, confrontemos, no solamente nuestras ideas, (que esto no es lo más importante, aunque tiene su importancia), sino sobre todo nuestras vidas, nuestros corazones, con el anuncio de la palabra de Dios, con lo que Dios tiene que decirnos, con lo que ha querido decirnos, desde el primer día, sobre el hombre y sobre la mujer.

Cuando los fariseos se dirigen a Jesús, para cuestionarle sobre la relación entre el hombre y la mujer, diciéndole: ¿Es lícito el divorcio? ¿Tiene el hombre derecho a dar el acta de repudio a su mujer? Jesús les hace volver al designio de Dios en los orígenes y les dijo: “Al principio no fue así. Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. Porque Jesús no ha abolido la ley, que se dio en un principio, sino que la ha perfeccionado. Él la cumplió y ese cumplimiento sigue vigente hoy y los católicos estamos obligados a cumplirla y a ser ejemplo para el mundo de hoy.

Pero antes de seguir adelante, y éste será el objeto del primer mensaje de hoy, quiero hacer un aviso preliminar: Para nosotros los creyentes, es preciso afirmarlo con energía, LA PALABRA DE DIOS  SOBRE LA  SEXUALIDAD, como  sobre cualquier otra cosa, es la norma fundamental de discernimiento. Es el único criterio fundamental de nuestra vida. Cuando digo esto, ¿qué es lo que quiero decir? Quiero decir que a la luz de la palabra de Dios, debemos discernir y si es preciso, negar e impugnar lo que se nos propone por el mundo moderno, por las ciencias humanas, por la antropología, la filosofía o por toda clase de cosas, que pueden ser buenas en sí, pero que es necesario contrastarlas y, si es preciso, negarlas e impugnarlas.

Pero ¿qué presenciamos hoy? Hoy asistimos a una inversión de valores. Para muchos, a veces inconscientemente, son las ciencias humanas, las ideologías o las filosofías, la regla suprema de su conducta, que va a poner en tela de juicio la palabra de Dios. Se dice, por ejemplo: “Tal cosa no es aceptable hoy en día”. “La palabra de Dios no se puede presentar de esa forma. No será recibida por el hombre moderno”.

Un ejemplo. Hace unos años se hizo una encuesta a las mujeres en la radio francesa y resultó que un 90 % de las mujeres, ponían al hijo, como el fundamento primero de su felicidad, lo primero que ellas deseaban. Un psicólogo que  comentaba este sondeo, se atrevió a decir: ¿Cómo es posible, a final del siglo XX, que el hijo sea el primer deseo que tienen las mujeres para ser felices? ¿Cómo el 90 % de las mujeres se atreven a decir que el hijo es lo primero que ellas desean? Esto no es normal, estas mujeres verdaderamente “sont démodées”.

Pero ¿en qué se basa, en nombre de quién se atreve a decir que eso no es normal? ¿No es a causa de ciertas corrientes, más o menos a la moda, de las cuales están como embebidos o impregnados? Hoy nos dicen: La maternidad está demodée, pasada de moda, y con el pretexto de la libertad o liberación de la mujer, se hace una liga contra la maternidad.

Del mismo modo, las ciencias humanas, o mejor la forma como ellas se transmiten y se vulgarizan a través de los medios de comunicación, o a través de las revistas femeninas del corazón, ejercen un verdadero terrorismo contra la maternidad, sobre mucha gente. Se están infiltrando ideologías, en nombre del derecho a nuestro cuerpo y se dice: “Tal cosa se debe hacer o tal cosa no se debe hacer”. Por otra parte, las más de las veces se apoyarán en un texto filosófico, pero sacando sus ideas o sus ideologías, SUS IDEAS FUERZA, de su contexto y se hará decir a tal o cual autor, cosas que él no había dicho ni pensado.

Estamos impregnados de todo eso. Se dice, por  ejemplo, (y esto es frecuente en el campo de la sexualidad): “Tal cosa está prohibida”.  ¡Pero eso es un tabú! Es un tabú y es preciso desembarazarnos de todo tabú. No hay nada prohibido, no debe haber nada prohibido. ATENCIÓN: Cuando se dice que una cosa está prohibida, en francés DÉFENDUE, tiene doble sentido. Eso quiere decir que está prohibida, pero también que Dios nos defiende, nos protege. Dios “bardea” nuestros caminos con espinos, como los salvavidas de las carreteras, para que caminemos más seguros y para que no seamos destruidos. Nos defienden de los lobos que nos quieren devorar.

Cuando se dice: “Esto está prohibido”, lo hemos entendido como una ley que limita nuestra  libertad, pero no nos hemos dado cuenta que es una barrera de protección. Los mandamientos no son para suprimir nuestra libertad, sino para defender nuestra dignidad de personas humanas e hijos de Dios. Son barreras de protección de nuestra libertad para vivir. Porque la libertad ¿es para vivir o es para morir? ¿Es para dejarse comer por el lobo, como la cabra de M. Seguin, o es para corretear libremente al sol por un ameno prado?

Y cuando se dice que chamacos de 12, 13 ó 14 años, tienen el derecho a tener relaciones sexuales, sin importar ni cómo, ni cuándo, ni dónde, facilitándoles los medios.... si les decimos que eso está prohibido, ¿no estamos defendiendo su libertad para más adelante? ¿De qué se trata? Es preciso no dejarnos condicionar por toda clase de ideas en curso. Nos dirán también: ¡Nada de reprimir los instintos! Se habla de la vida sexual con excesiva facilidad y libertinaje. Cuando se dice que no debemos reprimirnos en nada, se nos está diciendo: “Haz con tu cuerpo lo que te plazca”. Y al decir y hacer esto, han reprimido todo anhelo espiritual y reprimir los anhelos espirituales es mucho más grave y más hiriente que cualquiera otra represión. Hay muchos que mueren de hambre y de sed espiritual, porque han quedado reducidos a cuerpos que creían liberados y han llegado a ser esclavos o prisioneros de sus pasiones y todo en ellos es un grito hacia la liberación y hacia la vida verdadera. Y ESTO NO SE SABE.

La palabra de Dios es una BUENA NUEVA de libertad, es una palabra de vida. Entonces les invito durante este tiempo que vamos a pasar juntos, escuchando estos mensajes, a volvernos hacia esa palabra de Dios. Es la fuente, es la medida de toda nuestra vida humana, incluida la sexualidad. Ella nos libera y nos da la verdadera libertad humana, es decir, la libertad de vivir. Nos situaremos durante este tiempo en esa actitud de creyentes, es decir, de personas que se van a dejar guiar por la palabra de Dios.

No quiere decir esto que al salir de aquí serán todos capaces de aceptar y practicar todo lo que la palabra de Dios nos pide, (no está ahí el problema), sino ponernos en presencia de la verdad, de cara a la palabra de Dios. Una cosa es decir: “Esto es lo que Dios quiere” y otra cosa es decir: “Esto viene de Dios, pero yo todavía no he llegado a ello”. Aquí la gracia y la misericordia de Dios, harán el resto. Dios proveerá.

Así pues pongámonos en esta actitud de creyentes que van a beber a la fuente que se nos ha dado, fuente de vida, fuente de amor, fuente de libertad, la palabra de Dios. Y vamos a tratar de ver qué mensaje nos trae Dios, para nuestras vidas humanas de personas dotadas de un sexo, sexuadas, es decir, hombre y mujer y no solamente en el campo genital, sino en el plano psicológico, en el plano físico, en el ámbito del corazón, es decir, sobre toda nuestra vida humana.

Vamos a ver qué mensaje nos aporta hoy la Biblia, para nosotros. Podrá pensar alguno: ¿Qué vamos a buscar en esos viejos textos del Génesis? Jesús lo ha dicho todo en el Evangelio. Pero Jesús lo ha cumplido todo y no ha negado nada y la palabra de Dios en los comienzos, tal como se nos dio en los primeros capítulos del Génesis, nos revela el pensamiento, el designio de Dios, cuando creó al hombre.

Lean el Génesis y verán que hay dos textos. Un primer relato que se llama sacerdotal, que es la gran liturgia de la creación. DIOS HIZO. Hizo la luz, las estrellas, la tierra... y cada tarde Dios decía que era bueno, que estaba bien. Y en este primer relato Dios dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, que domine los peces del mar, los pájaros del cielo, los animales, todas las bestias salvajes y todos los reptiles que se arrastran sobre la tierra. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, hombre y mujer los creó. ¿Qué es lo que hay que retener de todo esto? Que la humanidad fue creada a imagen y semejanza de Dios.

El objetivo es la IMAGEN. Hemos sido creados para llegar a ser el retrato de Dios. La imagen es la dinámica interna, es lo que interiormente nos va a llevar cada día a parecernos a Dios. Cuando se dice de un muchacho que es el vivo retrato de su padre, es lo mismo que decir: Cada día se parece más a su padre.

Y esto es así. Toda la humanidad y por lo tanto nosotros los primeros personalmente, estamos llamados a llegar a ser la perfecta imagen del Hijo de Dios, como Jesús es la perfecta imagen del Padre, de gloria en gloria, nos dice san Pablo, de etapa en etapa, de semejanza en semejanza. El hombre está llamado en una dinámica interna de progreso, de mutaciones y cambios sucesivos, de conversiones sucesivas, a llegar a ser el espejo, la perfecta imagen de Dios. Y esto es válido para cada uno de nosotros, para la humanidad. L’homme est un devenir en marche.

No se le dio todo a la vez, es verdad, pero cuando Dios dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, y que domine sobre los peces del mar y las aves del cielo…, Dios creó al hombre a su imagen, a nivel de su poder externo, su poderío sobre el mundo y además Dios creó al hombre a su imagen, hombre y mujer los creó, y así, es más perfecta su semejanza con Dios, mucho más que ser poseedor y dominador del mundo, que es una etapa suplementaria de su parecido con su Creador.

El hombre dominador del mundo es, de alguna manera, la imagen de la exterioridad del poder de Dios, de lo que Dios hizo. En cambio el hombre y la mujer son ya imagen de la interioridad de Dios, que es relación de amor entre las tres divinas personas y de un amor que va a dar vida, e inmediatamente después, Dios los bendijo y les dijo: Creced y multiplicaos, es decir, sed fecundos, y podría haber añadido: como yo soy fecundo. Así el hombre y la mujer son imagen de Dios en la interioridad misma de Dios que es AMOR. El hombre y la mujer son imagen de Dios en cuanto que colaboran con Dios en la transmisión de la vida. Dios crea el alma espiritual y los esposos colaboran en la formación del cuerpo. ¡Qué dignidad y qué responsabilidad!

Detengámonos aquí un poco. ¿Le doy gracias y bendigo a Dios por ser lo que soy?  ¿Bendigo a Dios por ser hombre, por ser mujer? ¿Tengo conciencia de que esta diferencia es ya el fruto de una elección deliberada de Dios, que ha querido que yo sea hombre o que yo sea mujer? Cuando yo fui concebido/a había millones de posibilidades para que hubiese sido otro ser distinto del que soy. Dios me llamó a la existencia. ¿La he aceptado? ¿He recibido esa existencia como un don precioso de Dios? ¿Tengo conciencia de que en mi ser sexuado, tal como yo soy, he sido llamado/a, por una elección libre de Dios, a llegar a ser espejo, reflejo de su gloria?

En el segundo relato de la creación vemos las etapas y estas etapas son muy importantes. El hombre, Adán, fue creado a imagen del dueño del jardín y Dios le da el jardín, el paraíso. Adán está solo, enfrente del mundo creado. No encuentra a quién hablar. No encuentra interlocutor. La palabra hebrea significa interlocutor. Lo que demuestra que el hombre no es un animal, porque no encuentra en el mundo animal quien hable con él. No encuentra a nadie semejante a él. No encuentra un “vis a vis”, un dialogante. El hombre solo no fue bendecido. Después de la creación de Adán, Dios no dijo que era bueno. Está por bendecir.

Bendecir es DECIR BIEN, es poner el sello que significa que una cosa es buena. Por el contrario Dios dice: No es bueno que el hombre esté solo. Dios va a romper esa soledad, va a darle una AYUDA semejante a él. La palabra hebrea es muy fuerte. Esa palabra será muy repetida en los salmos, cuando se trata de la ayuda que viene del cielo para ayudar al hombre, la ayuda por parte de Dios. La potencia de Dios que viene de parte de Dios, en socorro del hombre. Y así, Dios le proporciona una ayuda, un socorro, para que pueda ser bendecido. Y Dios parece titubear y modela todavía bestias, pájaros..., y los lleva al hombre para que les ponga nombre.

Cada uno lleva el nombre que el hombre le ha dado, es decir, el hombre toma posesión de esta creación en nombre de Dios. Pero no encuentra ayuda, no encuentra un vis a vis. Entonces Dios hace caer sobre Adán un profundo sueño y va a crear a la mujer. ¿Qué significa esto? Esto significa que no es el hombre quien se ha dado a sí mismo la mujer. LA RECIBE. Que no es la mujer la que se ha dado a sí misma el hombre. LO RECIBE. Se dice con frecuencia: Voy a tomar esposa... o ese muchacho será para mí..., pero si nos damos cuenta, en la fórmula del sacramento del matrimonio se dice: Yo te recibo como esposa... Yo te recibo como esposo...

Sí, en la perspectiva cristiana, es Dios quien da, no es una compra, ni un rapto ni una conquista. Cada uno debe recibir al otro como un don precioso de Dios. Yo les pregunto a ustedes, los que ya están casados: Su amor conyugal, ¿de dónde procede? ¿Viene de más lejos que de ustedes? ¿Se recibieron el uno al otro como un don precioso y preciado de Dios? ¿Actualmente se siguen considerando como un don de Dios? En un retiro de matrimonios, había parejas que renovaron su compromiso matrimonial y fue para ellos una vivencia muy fuerte. En particular una pareja manifestó que habían estado a punto de separarse. Era verdaderamente su última oportunidad y ese día fue para ellos una revelación. Avanzaron hasta el altar y se dijeron mutuamente: Hasta hoy he tratado de dominarte. Cada uno hemos tratado de dominar al otro. Pues bien, hoy te recibo de Dios como mi esposo, como mi esposa, y me entrego a ti... y al salir decían: En verdad hoy es el primer día de nuestro matrimonio. Llegaron a ser un matrimonio ejemplar, un hogar maravilloso. Todo fue nuevo para ellos a causa de esto.