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LA ANTORCHA DE NUESTROS "PADRES"

Jude Thaddeus Vegah King, Sch. P.

Escribe en inglés a nuestros hermanos de Camerún

 

Lo que más me ha impresionado en los dos meses que llevo en España ha ocurrido al pasar por las comunidades de la Provincia de Aragón. Aquí he encontrado vida, pero también los restos de vida. He encontrado hombres felices que han gastado su juventud y talentos en construir las Escuelas Pías. He encontrado hombres que considero escolapios legendarios, a quienes había conocido sólo por sus fotos o sus escritos, famosos maestros de novicios que lo fueron de nuestros propios maestros de novicios. Pero encontrar a algunas de estas personas en sillas de ruedas, enfermos o postrados en cama, es encontrar vida, pero la puesta del sol de la vida. Sí, es encontrar vida, pero las sombras de ella. Cuando hablo con alguno de ellos, cuando veo sus resplandecientes fotos con su pelo de juventud, y las comparo con cabezas ahora calvas, huesudas y brillantes; cuando oigo hablar de las enérgicas y gloriosas empresas de algunos de ellos en el mundo y las pongo junto a su débil estado actual de anciano, casi como niños, entonces empiezo a entender lo que la Biblia quiere expresar cuando dice que debemos guardar nuestro tesoro en el cielo, donde ni la polilla ni los gusanos lo corroan, porque aquí abajo todo es vanidad.

Sí, me ha hecho reflexionar seriamente y ser consciente del hecho de que mañana será mi turno. Ahora ellos no pueden alardear ni de fuerza ni de belleza, pero han escrito páginas hermosas de historia en las vidas de muchos niños y jóvenes, y ésta es su propia corona de gloria de la que pueden estar orgullosos: una vida bien gastada en el servicio de los niños y jóvenes. Me siento orgulloso de todos ellos.

No obstante, me siento también algo triste porque solamente pueden contar sus historias a ellos mismos, con la mirada fija en sus propias reflexiones. En África los abuelos cuentan las historias de su heroica juventud a sus nietos, la más joven generación, con la finalidad de animarles a enfrentarse a los retos de la vida con valentía. Pero la cuestión de quién transmite la llama olímpica escolapia a las siguientes generaciones es crucial en la Provincia. No estoy diciendo nada nuevo sobre la crisis de vocaciones en nuestra Provincia madre y en Europa en general, simplemente digo mi propia historia. En otras palabras, es mi experiencia y preocupación que comparto con vosotros. Creo que debe ser también vuestra preocupación. Y uno puede preguntarse, ¿y ahora qué? Pues eso, pensad sobre ello. Eso es todo.

Stephen y yo estamos aquí hoy en España, pero puede ser vuestro turno mañana. Siempre he creído y profesado que un cristiano es por esencia un misionero, pero como religioso la responsabilidad le incumbe e impulsa mucho más. Y como escolapios, tenemos una herencia histórica y cultural en Europa que tenemos que guardar y conservar para la posteridad, como patrimonio escolapio tan importante como el que nosotros estamos construyendo en África. Debemos prepararnos no sólo para nuestros propios países, sino estar dispuestos para ir a dondequiera que nos necesiten; para llevar y pasar la antorcha, si no con la acción al menos con una presencia evangélica.