.

 

 

  LOS NUEVOS HIJOS EN LA NUEVA REALIDAD FAMILIAR

P. Javier Negro Marco, Sch. P.

   

Nuevo modelo de familia, de hogar, de relaciones intrafamiliares..., luego nuevo modelo de hijos. ¿Cómo son éstos? Se ha escrito mucho sobre el perfil de las nuevas generaciones de niños, de adolescentes y de jóvenes1. Veamos una fotografía de los alumnos que pueblan y van a poblar cada día más nuestros colegios, a través de unas pinceladas generales, recogidas de unas y otras encuestas y estudios2. Algunos de estos rasgos son más apropiados a los niños, otros a los adolescentes, y jóvenes; pero, en cierto modo afectan a todos:

  • Personas instaladas en el interés de lo inmediato.

  • A la búsqueda de la satisfacción de los sentimientos.

  • Apolíticos, tanto institucional como cívicamente.

  • Viven con una dosis de ansiedad cada vez mayor.

  • Con una gran necesidad de comunicarse y de relacionarse, pero no en profundidad.

  • Anómicos en su comportamiento, por causa, en gran parte, de la falta de autoridad en que han nacido, crecido y en que se educan.

  • Con una dimensión ética muy relativista.

  • Con una incapacidad grande para asumir, aceptar y gestionar la adversidad, el dolor, la contrariedad...

  • Crecen a golpe de videojuego, de móvil con juegos, de ordenador con juegos de rol... Hijos de la audiovisualidad.

  • La vivencia de la sexualidad como instrumental en la relación, más que como expresión, compromiso y fuente de vida.

  • Suelen ser bastante individualistas. El asociacionismo, en casi todos sus modelos (incluso el deportivo) ha descendido alarmantemente.

  • Inseguros, por un lado, y caprichosos, intolerantes y a veces agresivos, por otro.

  • Han incorporado muy bien en su comportamiento el consumismo como filosofía natural de vida.

  • No soportan apenas el silencio y la ausencia del ruido. Por tanto, carentes de la capacidad de contemplación, o, al menos, no la han puesto en juego.

  • Sin religión, o con una religión a la carta, o débil, o confusa, con mezcla de parasicología, magia y otras espiritualidades. En la mayoría de los casos, y cada vez más, sin una primera evangelización siquiera.

  • Su comportamiento agresor va en aumento.

  • Sus valores: la alta valoración de atención al sentimiento en las relaciones interpersonales, la comunicación, la estética, la ecología, la paz, lo pragmático, lo útil y concreto, su familia, el buen lugar, el buen momento y el buen “rollo”.

  • Tienen una gran necesidad de seguridad, de afecto y de alguien a quien abrirle su interior.

  • Son muy expresivos, tanto verbalmente como no verbalmente, entre ellos; pero muy cerrados cara a los adultos.

  • Aparentemente muy joviales, pero con un interior muy problemático y problematizado; necesitado de sanación y de curación personal integral.

  • Aparentemente muy amantes de la libertad, pero entendida más como espacio para el “laisez faire” que como conquista basada en la razón y en la voluntad, es decir, en la opción y en la decisión para optar; lo cual no les suele gustar nada.

Se podrían añadir más pinceladas, pero, para tener un plano general de nuestros destinatarios, creo que nos basta; por otra parte todos estos datos vienen a constituir  el denominador común de la mayoría de los análisis hechos. Pueden servirnos, por otra parte, para, a partir de ellos, analizar entre todos, en qué medida participan nuestros alumnos de estos rasgos o de otros no señalados aquí.

Sin embargo vamos a centrarnos ahora en los hijos del área de esa nueva realidad familiar, que es la de los separados y divorciados:

 

ALGUNOS RASGOS ESPECÍFICOS Y PROBLEMAS EN LOS HIJOS DE PADRES SEPARADOS3

No tenemos más remedio que aceptar la realidad de la separación de los cónyuges y del matrimonio, como un hecho cada vez más normal de nuestra sociedad. No es objetivo nuestro analizar las causas del mismo y hemos de aceptar los hijos de esta realidad, tal como vienen a nuestras aulas, sin actitudes de paternalismo, de conmiseración negativa, ni tampoco de rechazo de ningún tipo, lógicas, por un lado, pero malas consejeras educativas; pero también sin actitudes de distancia o de indiferencia fría que nada va a favorecer la tarea educadora que, en estos casos, está llamada a tener una incidencia especialmente positiva cara a esos alumnos y alumnas.

Son también, al fin y al cabo, los destinatarios de nuestra tarea con quienes ésta tendrá éxito en la medida en que los conozcamos, los aceptemos y nos comprometamos en hacer de la escuela ese lugar de expansión vital de sí mismos y de realización de sus personas, como cualquier otro alumno; sólo que éstos lo necesitan de un modo especial, más urgente, podríamos decir, debido a su propia historia personal y familiar. Con ellos, la escuela está llamada a demostrar de modo eminente su función educadora, humanizadora y socializadora, a la vez.

Son niños o adolescentes, en los que fácilmente vemos una inestabilidad emocional más fuerte de lo normal, inseguridad y desequilibrio afectivos, que a veces se manifiestan en comportamientos más o menos violentos, o bien de aislamiento de los demás.

Al faltarles la referencia del padre o de la madre de forma continuada, constante y sistemática, el desarrollo de las potencialidades, virtudes y capacidades que despierta más la persona que falta, bien sea por razón del otro sexo, bien por su presencia específica paterna o materna, le llevarán muchas veces a cierto empobrecimiento en su autoestima personal.

Es normal también que su rendimiento académico y escolar sea deficiente, entre otras cosas, porque su capacidad de concentración continua personal para el aprendizaje, lógicamente también es más débil. Lo cual conlleva también una motivación poco fuerte para aprender, interiorizar normas y socializar correctamente con los demás, compañeros y profesores.

En algunos casos aflora la desconfianza personal, más o menos formulada y expresada, según edades e historia personal de cada caso, hacia los demás, la escuela, la sociedad, el mundo... De ahí actitudes de distancia, de reserva comunicativa, de juego relacional no intencionado con doble mensaje, a veces, que produce cierta perplejidad, si no se toma a la persona con la seriedad y dignidad que merece. O bien pueden aparecer la mentira, el egocentrismo caprichoso o un comportamiento despótico más o menos manifiesto, según sea el profesor, la autoridad y los compañeros y el clima en el aula y en el colegio en que se desenvuelven, el trato que reciben de los demás, las relaciones que con ellos se establecen...

Como consecuencia de todo lo anterior y de su posicionamiento ante la vida, en general, percibirán lógicamente la sociedad con desengaño, viviéndose como fruto de una injusticia, tolerada sin remedio, como mucho, en un nivel en desventaja con relación a sus compañeros y otras personas que no han pasado por su mismo proceso. Su enfoque de la vida será un tanto desajustado, ya que la ve desde un sentimiento básico humano de desamparo y, por consiguiente de malestar vital, que repercute en su proyección al exterior.

En cuanto a los problemas que encarnan, unos consecuencia de los rasgos enumerados, otros del ambiente familiar o social que respiran, o bien de la propia dinámica personal evolutiva de cada caso, podemos atender éstos:

  • Poca disciplina y ausencia de hábito de estudio, o muy débil.

  • Desorden en sus cosas y en su comportamiento, caótico a veces.

  • A veces el contacto del centro con sus padres es difícil y susceptible.

  • Se da fácilmente el absentismo escolar: las condiciones familiares y también, a veces,  las sociales lo facilitan.

  • Pasividad ante el aprendizaje y  la propuesta de unas relaciones cordiales

  • Hay casos en que se dan conjuntamente varios problemas: los económicos, la  incomunicación de la familia con el centro, el retraso en las comunicaciones mutuas escritas familia-colegio, una ausencia de los padres en las reuniones del colegio y en otras actividades programadas, bien para padres, bien para los mismos alumnos..., dejando la impresión, a unos y otros (alumno, padres, profesores) de que estamos viviendo un caso de segunda categoría en la comunidad educativa.

  • Comportamientos extraños (en el comedor escolar, con los profesores, compañeros, monitores de comedores o de transporte escolar, de deporte...) aparentemente injustificados, unas veces violentos, otras de chantaje, tendentes a demandar afecto y atención.

  • En la familia suele fallar el principio de autoridad, que engendra en el hijo o hija o bien cierta violencia o bien una sumisión desmedida.

  • Frialdad afectiva de los hijos hacia sus padres

  • Comportamiento chantajista hacia padres y abuelos, buscando la confrontación de ambos.

  • Demanda, por parte de los padres, de una atención desmedida de los tutores y del colegio hacia sus hijos, que no les corresponde ni son quiénes para satisfacer necesidades que sólo los padres pueden satisfacer responsablemente, como el experimentarse amados como hijos, la pertenencia a su familia concreta, la validez personal básica ante y en la vida... Su no atención es la causa mayor de conductas y de problemas que estamos enumerando.

_________________

1 Encuestas del I.N.J.E., de la editorial S.M., por parte de Institutos de la Juventud de las diferentes autonomías...

2 GONZÁLEZ ANLEO: El silencio de los adolescentes.

3 FERE: Alumnos de padres separados. Algunas orientaciones para su educación. Madrid, 1995