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EL REPRESENTANTE DE LA ENTIDAD TITULAR EN NUESTROS CENTROS P. Crispín Megino Rillo, Sch. P. |
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En
el año 1982 se generalizó en nuestros centros la separación de las
responsabilidades entre el Rector de la Comunidad y el Director del
Colegio; en el
En una cierta época se olvidó a los Representantes de la Titularidad en las reuniones del Secretariado de Educación y así sucedió hasta el año 2003; en este año se recogieron las sugerencias mostradas por algunos representantes de la Titularidad, es decir, de algunos Rectores, para que fueran tenidas en cuenta las opiniones y puntos de vista de esta figura en los Colegios dado que según las reglas la Comunidad tiene que aprobar los presupuestos ordinarios y extraordinarios del Colegio antes de que pasen a la Congregación Provincial. En el cuatrienio anterior fueron hechos miembros del Secretariado de Educación en igualdad de condiciones que los Directores y acudieron con regularidad a todas las reuniones aunque no en su totalidad. Y sus puntos de vista fueron oídos y tenidos en cuenta como unos miembros más del Secretariado de Educación. El presente cuatrienio se ha iniciado con la idea de que las reuniones del Secretariado se vayan haciendo cada vez en un sitio y hemos visto que en el presente curso 2007/08 ha disminuido la presencia de los representantes de la Titularidad en dichas reuniones; para el curso 2008/09 se han fijado tres reuniones en Zaragoza y una en Alcañiz. Quiero escribir unas líneas para animar la presencia de los Representantes de la Titularidad en todas las reuniones del Secretariado por varias razones que iré desgranando a continuación. La primera y más fundamental es que hay que visibilizar ante los Directores que los Representantes del Titular son tan importantes como los Directores y como tales tienen detalladas sus funciones en el RRI, aunque bien es cierto que las dos figuras deberían estar en cada Centro bien compenetradas para que fuera factible un tratamiento dialogado de todas las cuestiones que se presenten. En casi todo el ámbito FERE el Representante del Titular es nombrado como Director General del Centro; en nuestro ordenamiento interno hemos orillado esta forma de organizarnos y hemos consagrado que la dirección única en el Centro esté en manos de un escolapio o de un seglar; siempre debería estar en manos del que mejor pueda sacar adelante el Colegio sea escolapio o seglar; lo mismo debería ser ante cualquier otra responsabilidad: administrador, secretario, coordinador… ¿Qué está pasando en nuestra Provincia? La realidad nos dice que los escolapios se están retirando a los cuarteles de invierno, no sabemos si a invernar definitivamente o a reservarse para el futuro dada la fiebre de potenciación del seglar, no del laico, que se está llevando en nuestras obras. Y aquí hay un peligro manifiesto y latente; es difícil que el seglar, a secas, se ocupe de la pastoral con acciones y hechos significativos y de un modo continuado y que el escolapio se deje encerrar en “la pastoral” y solo en la pastoral cuando nuestro carisma es “piedad y letras”. En este sentido resulta impactante el postulado D3 elaborado para el próximo Capítulo General titulado “implicación de la Comunidad Religiosa Escolapia en el Ministerio Propio”. Invito a todos a leerlo con detenimiento; yo suscribiría lo que dice en los 24 primeros puntos, si bien el 25 me parece pobre en sus propuestas y poco creativo; esperemos que el próximo Capítulo General lo enriquezca y sea capaz de encontrar cauces adecuados para la “misión compartida” llevada adelante por “escolapios” ya sean religiosos y/o laicos. En las diócesis el obispo solicita su jubilación a los 75 años dado que su trabajo es eminentemente pastoral y nosotros, en la actualidad, estamos prácticamente jubilados de todos los cargos de responsabilidad. Creo que todavía tenemos fuerzas para sustentar con honor y eficacia ciertas responsabilidades; sólo necesitamos que se nos dé margen, se nos convenza de su conveniencia y se nos apoye en su ejecución. La jubilación antes de estos años debe ser voluntaria y deberíamos defender el trabajo de los nuestros en nuestras propias obras ante ciertas insinuaciones de directores y/o titulares; produce una infinita tristeza que se actúe de otra forma precipitando situaciones sicológicas no deseables. El primer borrador del DAFO recalca excesivamente la negatividad de esta situación; esperemos que en su redacción definitiva sea corregido y se aventure a proyectar una visión más positiva y real, al menos, de la trayectoria histórica de los religiosos escolapios en Aragón. Una de las figuras importantes en los Colegios es la del Representante de la Titularidad y aquí es donde entran los rectores; la urdimbre carismática en el centro se perderá cuando no haya rectores para las comunidades ni escolapios representantes de la Institución en los Centros porque habrá muchos seglares y pocos laicos en nuestras obras educativas, que además se jubilarán a los 60 años. El seglar aunque desempeñe eficazmente una responsabilidad, no es por eso laico escolapio; el laico escolapio es otra cosa; en primer lugar es un convencido creyente y en segundo lugar acepta el carisma escolapio para su acción educativa; es mucho más que un trabajador de la enseñanza, mucho más que un educador; es un evangelizador en la escuela, tenga o no encomendadas ciertas responsabilidades en el Centro; así lo entiendo yo al menos y por ahí creo que van los documentos oficiales de la Orden. Y deberíamos tener muchos laicos bien formados y capacitados para desempeñar cualquier responsabilidad en el Centro. A ello nos urge el desarrollo adecuado del tema de la “misión compartida”; a la modalidad de “misión compartida” junto con la modalidad de “cooperación” deberían ser invitados todos los colaboradores de nuestros Centros y organizados en grupos de trabajo dentro del desempeño normal de la acción educativa; ahora atendemos solamente a todos en la modalidad de “cooperación” con una formación educativa general adecuada; pero, tal vez, deberíamos estudiar cómo trasladar el carisma desde la modalidad de “misión compartida” procurando que de los seglares broten laicos escolapios que junto con los religiosos escolapios “dirijan” calasanciamente los Centros y profundicen la pastoral escolar y extra-escolar.
La
figura del rector que conserva la función de representar a la
titularidad en
El Representante del Titular debe decir aquí estoy y disponerse a ejercitar las funciones que le otorga el RRI de manera que los directores dialoguen con ellos habitualmente. Los dos, representan en el Colegio a la Entidad Titular, que es quien dirige oficialmente los Colegios (RRI. Art. 8, e). Por eso es muy importante, para mí, que acudan a las reuniones del Secretariado de Educación compaginando estas reuniones con las del Consejo de Rectores que debería estudiarse muy bien su conveniencia y periodicidad para que haya un equilibrio entre ambas y las personas afectadas puedan acudir a una y a otra sin necesidad de estar todos los sábados por Zaragoza; más aún, sería bueno reflexionar sobre la conveniencia de programar una reunión anual, al menos, y en los primeros días de septiembre y antes de la primera reunión del Secretariado entre los miembros de la Congregación Provincial y los distintos Representantes de la Entidad Titular para precisar una serie de criterios de actuación para que se lleven adelante durante cada curso escolar por el Secretariado de Educación. Este grupo “selecto” es quien debería lanzar las grandes líneas de la “acción pastoral” en nuestros centros a comienzo de cada curso y promover una evaluación rigurosa de la acción pastoral desarrollada al final de cada curso escolar; es la única manera de mejorar; en este sentido animo a nuestra Congregación Provincial y a todos los Representantes de la Titularidad a que lean el artículo que el P. Manuel Espejo ha publicado en el número 78 de enero-febrero de 2009, pp.30-32 de “Ephemerides Calasanctianae”; en él se ofrecen las preguntas adecuadas para una convincente evaluación de la pastoral realizada en nuestros Centros. Se han creado en nuestra Provincia grupos significativos en la toma de decisiones en los que la presencia de religiosos escolapios se ha extinguido; unos se llaman “permanentes” de algunos Secretariados, otros se llaman “grupo coordinador del SGC”, con el agravante de que pueden ser utilizados por la Institución para echar sobre sus hombros la responsabilidad en la toma de decisiones que suscitan “controversia” en las comunidades y que no corresponden a estos colectivos; así ha sucedido con la propuesta, implantación y exigencia de obligatoriedad con la llamada “nueva imagen corporativa”, cuando ni la misma empresa certificadora “Eduqatia” lo exige para certificar; creo que en esto, por ejemplo, no vamos en la buena dirección; bienvenida sea toda creatividad posible en actualizar nuestro logo pero nadie tiene autoridad ni jurídica ni moral para cambiarlo; creo que estaría bien apostar por lo que dice el nº. 4 de nuestras Reglas Comunes de 1985 con la cita a la que nos remite (el nº 17 de las Reglas de 1957) y que dice textualmente: “Ordo noster, qui iam ab initio sub venerabilis B. M. V. Nominis vexillo militat, ipsam Beatissimam Dei Genitricem uti principalem Patronam, et praeclarissimum eius Nomen in Titulum se habere gloriatur. Huiusmodi patronatus et tituli signum est proprium Ordinis stemma, a primaeva Scholarum Piarum institutione adhibitum, quod ab omnibus ubicumque est retinendum” Y que en la edición del año 2004 se ha mantenido este redactado traducido así en español: “... Expresión de este Patronazgo y Título es el propio escudo de la Orden, usado desde los mismos comienzos de nuestra fundación”; así pues, la imposición a través del SGC de la “nueva imagen corporativa” con la incorporación de “tres trazos”, resta y no suma, divide y no multiplica, desanima y no vigoriza, desorienta y no muestra ningún horizonte a seguir; “trazos en la nueva imagen corporativa” que no significan nada para la inmensa mayoría de los escolapios y que, por lo tanto, la mejor sugerencia que se me ocurre hacer respecto a ella es que se retiren, al menos, del SGC multisite de todos nuestros Centros y déjese, si se quiere, todo lo demás que puede resultar novedoso para unos, atractivo para otros y sencillamente útil para documentos pedagógicos y/o pastorales. Tenemos que ser conscientes que los Directores seglares se sienten más seguros cuando caminamos con ellos que cuando les dejamos solos y nos encerramos en nuestra Comunidad; la teoría de los vasos comunicantes ayudan a uno y a otro a dar un buen servicio en nuestras Comunidades Educativas. Animo a los representantes de la titularidad que asistan a todas las reuniones del Secretariado; se necesita nuestra presencia constructiva y enriquecedora; hay dos facetas en la gestión de nuestros centros a las que los Representantes de la Titularidad se muestran más sensibles y se nos están perdiendo poco a poco, me refiero, por una parte, a la creación de un ambiente adecuado para el ejercicio del trabajo educativo con la adecuada pedagogía de la presencia (antiguamente llamada disciplina y/o autodisciplina) y, por otra, a la implantación de un plan de calidad en la pastoral escolar y puede, que de pasada, también en la pastoral extraescolar. Los directores quieren que vayamos, quieren que encontremos juntos el camino a seguir, quieren sentir nuestro apoyo cerca, quieren saber de nuestra experiencia y aprender de nuestras intuiciones. Si no nos hacemos presentes nos podrían romper como un hermoso jarrón chino y echar nuestros restos a la basura porque, entonces, no estamos más que de floreros; este no fue el pasado, no es el presente ni queremos que sea el futuro. Como dice el documento de la Congregación General “Educar con estilo calasancio”, unos y otros somos necesarios y lo importante no es “quién” sino al servicio de qué proyecto nos jugamos el futuro de cada Colegio concreto; ese proyecto y los documentos-postulado para el próximo Capítulo General abundan en él, es el que es necesario, él debe ser nuestro tesoro, nuestra finalidad educativa, nuestro gozne sobre el que giramos. Trabajando a fondo el proyecto educativo con el desarrollo de las ocho competencias básicas oficiales y curriculares, a las que habrían que añadir “la competencia emocional” y “la competencia espiritual”, es como haremos el presente cada vez más fecundo e iremos construyendo día a día nuestro futuro, juntos seglares, laicos y escolapios, haciendo realidad “la misión compartida”, es decir, evangelizando a la vez que educamos y educando a la vez que evangelizamos. Ánimo, pues; aportemos lo mejor de nosotros mismos como “líderes” escolapios en las sucesivas reuniones del Secretariado de Educación. Nos vemos en la próxima y si no, al menos, que acuda otro escolapio de la comunidad, representando al Representante de la Titularidad puntualmente ausente. Construyamos, juntos, un futuro fecundo y escolapio.
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