..

EL PRESBITERADO, MEDIACIÓN EN EL MUNDO EDUCATIVO

P. Ángel Ayala, Sch. P.

.

A punto de concluir el “Año Sacerdotal” convocado por Benedicto XVI el pasado Junio de 2009, llega el momento de hacer balance y dejarnos interrogar por las cuestiones que ha puesto sobre el tablero de la vida eclesial. El ejemplo de san Juan María Vianney, patrón de los sacerdotes, pero también el de San Juan de Ávila, patrono del clero español, o el de san Pedro Poveda, recientemente canonizado, se proponen como caminos de santidad para los sacerdotes de hoy.

¿Tiene este año sacerdotal algo que decir a los escolapios que por vocación somos consagrados y (mayoritariamente) presbíteros en la escuela? ¿Cómo vivió san José de Calasanz su hacer sacerdotal? ¿Cómo presentar hoy la vida escolapia como testimonio de integración y de plenitud?... Éstas y otras preguntas vienen a confrontar nuestra vida escolapia en este año sacerdotal.            

Sorprende la insistencia de Calasanz de querer sacerdotes en la escuela. Quizás la clave de respuesta a este deseo del fundador hayamos de buscarla en la diligencia-eficacia de la que tanto habla en sus cartas, y que cuenta con un aliado excepcional en el ministerio del presbítero. Calasanz supo unir lo pequeño del quehacer diario en la escuela con lo extraordinario del esfuerzo pionero en una organización escolar sin precedentes hasta el momento; supo acoplar lo cotidiano con lo sublime, hipotecando la existencia en una labor de reforma que nace de la entraña misma del Evangelio. Calasanz fue artífice de relaciones al dar a luz, en la Iglesia, a una nueva familia religiosa, y al crear para laicos, alumnos y asociados, cofradías y espacios de encuentro y diálogo. Fue, al fin, mediador entre Dios y el ser humano, carente de dignidad y de cultura, al querer  empeñarse con tesón y paciencia en reformar sociedad e Iglesia por medio de la educación.

Esta transformación cobra un fuerte sabor eucarístico: ser, medio de la escuela, fermento y agente de transformación personal y social, al modo de Calasanz, generando relaciones, al servicio de la verdad, para cooperar con ella en los espacios que posibilita nuestra misión, el aula, pero también con la presencia eficaz en los diferentes proyectos pastorales en los que andamos embarcados, en diálogo con los laicos o desde iniciativas de cooperación y solidaridad. Todo ello inserto en la comunidad local y abierto a las estructuras diocesanas, a las que aporta lo original del propio carisma sin perder el horizonte, siempre mayor, de la pertenencia eclesial.

Ser presbítero en la escuela se convierte, de este modo, en prolongación de una Existencia, la de Jesús, que enseña a disponer la voluntad para ser puente y  mediación hacia el Padre. Invitación recibida a hacerlo en el acontecer concreto de cada día, como escolapios, en medio del mundo educativo con niños y jóvenes, para ser como Él, alimento para la vida del mundo.