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Ser laico escolapio  

(Natxo Torrijos)

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Iglesia laical

(José Manuel López)

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Lar: Familias en ámbito escolapio

(Lar)

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Vivir en Lar

(M. Ángel y M. Lorente)

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¿Escolapios laicos, Laicos escolapios?

(Javier Gutiérrez)

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Carta a los miembro de la Fratern. Escolapia

(Lourdes Goicoechea)

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"Debido a las nuevas situaciones, no pocos Institutos han llegado a la convicción de que su carisma puede ser compartido con los laicos. Estos son invitados por tanto a participar de manera más intensa en la espiritualidad y en la misión del Instituto mismo. Se puede decir que se ha comenzado un nuevo capítulo, rico de esperanza, en la historia de las relaciones entre las personas consagradas y el laicado" (Vita Consecrata, 54).

Entre nosotros, ya en 1983 con las comunidades eclesiales calasancias y en 1988 con la Fraternidad de las Escuelas Pías, se habla del compartir el carisma escolapio para religiosos y laicos (nº 11). Y en el Capítulo General de 1997 se vuelve a profundizar hablando de las distintas modalidades de participación e integración en el carisma.

¿Qué significa eso de compartir el carisma? ¿No es mezclar lo que es la vocación laical y religiosa?1 ¿Eso no es ir hacia unas nuevas Escuelas Pías?

¿Esto no es demasiado atrevido? ¡Pues sí! Como son atrevidas todas las cosas de Dios.

Pero vayamos poco a poco. Calasanz descubre en Roma, en los niños pobres sin futuro, una llamada no sólo para sí mismo sino para muchas más personas. Lo describe con esa frase que todos recordamos: "He encontrado en Roma el mejor modo de servir a Dios y no lo dejaré por nada en el mundo".

¿No es este mismo descubrimiento el que han ido haciendo cientos y miles de educadores cristianos? Cierto, porque compartimos la misión del educador cristiano, aunque con el estilo propio de Calasanz.

¿QUÉ ES ESO DEL CARISMA ESCOLAPIO? Porque es cierto que son muchos quienes descubren en la educación su vocación y su mejor manera de vivir su vida y su fe. ¿Pero es eso y sólo eso el carisma escolapio? ¡No vaya a ser que nos líen en compartir aspectos que ni sabemos qué son!

El carisma tiene un primer elemento en la misión: "Piedad y letras para la reforma de la república y la renovación de la Iglesia" (en boca de Calasanz) o "Evangelizar educando para construir un mundo y una iglesia mejores (de manera más actual).

La misión tiene tres elementos que forman una unidad equilibrada entre los tres vértices de educación, evangelización y transformación. Educamos evangelizando desde valores solidarios, evangelizamos desde la educación y el compromiso, colaboramos en la construcción de un mundo y una iglesia mejores a través de la educación y la evangelización. No es posible separar estos tres polos que constituyen una unidad.

Todavía más. Esa misión escolapia tiene tres "praecipue", acentos que cuidamos especialmente: la dedicación prioritaria a los niños y jóvenes, la prioridad por los pobres y la prevalencia de la acción pastoral.

Hasta aquí hemos hablado de la misión escolapia. Es evidente que son muchos los laicos que colaboran y comparten la misión desde su profesión y voluntariado. Muchos viven su dedicación como una colaboración a un proyecto escolapio o, incluso, como un elemento clave de su vocación cristiana.

Se podrá enriquecer esta situación con una mayor información, formación, implicación, asunción de responsabilidades, oferta de disponibilidades, etc. Es todo un abanico de posibilidades bien rico e interesante, tanto para la persona concreta como para las Escuelas Pías. ¡Así vamos actualizando hoy la misión que inició Calasanz y servimos a tantos niños y jóvenes! ¡Casi nada!

El carisma escolapio tiene en su núcleo la misión: ella es su razón de ser. Pero incluye también otros elementos: la espiritualidad, la vida y la institución.

La espiritualidad escolapia se sustenta en gran medida en su misión: descubre la presencia de Dios y su acción salvadora en muchos ámbitos y circunstancias, pero de un modo especial en los niños, en la educación, en la atención a los alumnos pobres y necesitados. La espiritualidad escolapia se enriquece con muchas aportaciones, pero quizá la fundamental es descubrir a Jesús como el maestro, como aquel que reúne a sus discípulos y les va enseñando y acompañando siempre. También se ve a Jesús como un sanador, como un hombre de oración, como líder,… pero cautiva especialmente el Jesús maestro, que se convierte en el modelo y en el propio maestro.

La vida escolapia, basada en la misión y en la espiritualidad, se ha sustentado en la vida comunitaria de varones que normalmente han asumido en sí tres dimensiones, íntimamente relacionadas con los tres elementos de la misión: ser sacerdotes (evangelización), religiosos (signo de un modo de vivir) y educadores (educación)2. También es cierto que se dignificaba así al máximo la figura del educador tan devaluada entonces con la del sacerdote tan en alza. Y que la manera de dar continuidad a este proyecto y la más avalada eclesialmente era por medio de la vida religiosa. En cualquier caso, son tres claves de la vida y comunidad escolapia: la consagración de vida, el ministerio pastoral y el servicio educativo.

Esta misión ha ido cristalizado a lo largo de la historia en colegios y otras obras. La espiritualidad y la vida han ido organizándose. Y así surgieron LOS escolapios.

Pero Dios sigue llamando a otras personas a vivir y compartir ese carisma. Y así van surgiendo no sólo LOS escolapios, sino también LAS escolapias, y las calasancias, y… así descubrimos que el carisma de Calasanz (su intuición, su espiritualidad, su forma de vivir, su persona,…) no son patrimonio exclusivo de los escolapios. Es Calasanz (Dios por su medio) quien nos va convocando y no los escolapios quienes podemos acaparar a Calasanz sólo para nosotros.

Y descubrimos que Dios llama a LOS escolapios y a LAS escolapias (a las nueve congregaciones que formamos la familia calasancia). ¿Y por qué no también a los laicos como a los religiosos?

De hecho, son muchos los laicos que se van acercando para participar en la oración, en las celebraciones, en determinados momentos de la vida escolapia,… En buena medida participan de la espiritualidad, la vida, la misión escolapias. ¡Son parte fundamental de las Escuelas Pías!

¿Cómo compartir el carisma escolapio?

Hoy tenemos que hablar de cinco grandes modalidades:

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la vida religiosa: la más histórica y consolidada, incluso en varias congregaciones, que siempre ha sido el alma de las Escuelas Pías

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la colaboración: la más numerosa, con tantas familias y educadores, que hacen posible día a día la misión escolapia

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la misión compartida: una forma ya existente a la que conviene dar nombre para quien vive su participación escolapia como vocación personal, como llamada de Dios

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la integración carismática: para quien descubre que el carisma escolapio les ha cautivado el corazón y viven desde una comunidad vinculada a las Escuelas Pías (la Fraternidad es hoy la forma institucional)

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la integración carismática y jurídica: para quien, además de lo anterior, institucionaliza más su integración con vínculos también jurídicos para un determinado tiempo o de forma permanente.

Suelen definir el carisma religioso como el REGALO que hace Dios a la humanidad y a la Iglesia por medio de una persona, su fundador.

No hay duda que este regalo que nos hace Dios en Calasanz es demasiado grande para guardarlo.

Es preciso compartirlo con todos aquellos a quienes Dios siga llamando. Porque la misión es mucha y necesitamos todas las manos. Porque la espiritualidad de Calasanz sirve para muchas más personas que sólo para los escolapios. Porque la vida religiosa (¡y la laica!) necesita nuevas formas de encarnarse hoy en nuestro mundo. Porque las vocaciones diversas se enriquecen enormemente cuando comparten la misión y el carisma, cada una desde su propia especificidad.

¿COMPARTIMOS EL CARISMA? Sí… si tú quieres.

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1 Hay que hacer una referencia a "Clarificación de la identidad del religioso y del laico escolapio". Congregación General 1999. Se aclara bien cómo se puede vivir un mismo carisma desde vocaciones distintas y, precisamente, cómo esto es una riqueza por su complementariedad.

2 También ha habido desde los inicios otros escolapios, como los hermanos que, sin ser sacerdotes ni educadores, han sido una gran riqueza para la misión escolapia y las Escuelas Pías.