.

 

Ser laico escolapio

(Natxo Torrijos)

.

.

Iglesia laical

(José Manuel López)

.

.

Lar: Familias en ámbito escolapio

(Lar)

.

.

Vivir en Lar

(M. Ángel y M. Lorente)

.

.

¿Escolapios laicos, Laicos escolapios?

(Javier Gutiérrez)

.

.

Carta a los miembro de la Fratern. Escolapia

(Lourdes Goicoechea)

.

.

 

En encuentros y convivencias del laicado es relativamente frecuente escuchar expresiones como: "El futuro está en una nueva Escuela Pía laical" o "el futuro de la Escuela Pía está en los laicos". En la mayoría de los casos provienen de religiosos que, lejos de emplear expresiones de este tipo como algo negativo, las utilizan como una esperanza de continuidad en una sociedad cada vez más alejada de la religión.

Pero yo, desde mi vocación laical, me revelo en mi interior frente a estas expresiones (nunca malintencionadas). No sueño con una Escuela Pía Laical, sino con una Escuela Pía que recoja y alimente la vocación tanto laical como religiosa.

Ya nos queda lejos el tiempo de aquellos noviciados a rebosar o de los colegios en que una comunidad religiosa llevaba toda la "carga" de la obra. Pero no por eso debemos caer en el desaliento o debemos olvidar la importancia que para nuestras obras tiene el religioso. Como laico me niego a resignarme a la falta de vocaciones religiosas y laicales; debemos luchar laicos y religiosos para que, en nuestra Escuela Pía, florezca en cada una de las personas que formamos parte de ella la vocación a la que Dios nos llama, sin dejar de lado ninguna de las dos.

Todos, religiosos y laicos, debemos trabajar para que las vocaciones que surjan de nuestros procesos, en nuestros alumnos y en todos aquellos cercanos a nuestras obras, sean fruto de una maduración humana y cristiana sólida.

Calasanz fue descubriendo en su interior la llamada de Dios, el ministerio que le tenía reservado dentro de la Iglesia, y fue capaz de interpretar los tiempos en los que vivía. Fue consciente de que su labor iba más allá de su persona e incluso de la época que le "tocó" vivir. Descubrió en su interior que era llamado a vivir las escuelas como una forma de llevar adelante su misión como cristiano.

Poco a poco fue consciente de la importancia de vivir su vocación en comunidad, compartiendo con los demás no solo la tarea sino la oración, la vida y una espiritualidad concreta; y fue siendo consciente de que la vida religiosa entorno al proyecto de las escuelas garantizaban su continuidad.

Calasanz fue capaz de ver más allá de él mismo, de ver el horizonte y de interpretar los tiempos, de buscar soluciones a los males que podían aquejar a su Instituto. Muchas fueron las dificultades de la Escuela de Calasanz, pero el hondo sentido de Iglesia, de obra de Dios y de unidad, más allá de un proyecto humano, fue lo que hizo posible que las Escuelas superaran todas las dificultades que se les presentaban.

Y ¿ahora qué? ¿Estamos siendo capaces de interpretar los nuevos tiempos?. La sociedad y en especial los jóvenes se encuentran cada vez más alejados de los modelos convencionales de Iglesia, y la Escuela Pía tiene que dar respuesta a las necesidades y a las dificultades de hoy en día.

Calasanz vio la necesidad de la comunidad, de la vida religiosa, de dar una solidez a la obra de Dios pero no dejó de lado a laicos que Cooperaban con la Verdad; no era algo que estuviera reñido.

La Escuela Pía ha sido históricamente una de las Ordenes religiosas "más pegadas" a la sociedad: la escuela es una plataforma ideal para no estar alejados de los problemas de niños y jóvenes. Estos son los tiempos en los que resulta más importante estar inserto en la sociedad como cristiano comprometido; ahora es el tiempo en que es fundamental la presencia en los ambientes, y todos sabemos que éste es un rasgo fundamental e incluso diferenciador de la identidad del laico.

La necesidad de tomarnos en serio los laicos nuestra vocación va más allá de cubrir los "huecos" que los religiosos han dejado; éste es el menor de los problemas. La auténtica tarea del laico es ser luz en esta sociedad, en lo cotidiano, en la escuela concertada y pública, en la universidad, en los medios de comunicación... en todos los sitios en los que nuestro estilo particular de vivir la fe, nuestro carisma, tiene mucho que decir. Esto no implica tener que llenar nuestros "balcones de pancartas", sino tomarnos en serio nuestra tarea en esta sociedad, el creernos llamados a la vocación laical no por el hecho de no ser religiosos sino porque un día descubrimos que Dios nos quiere como cristianos desde esta opción de vida.

No creo que la Iglesia en general tenga que "echar" mano (como algunos reflejan) de los laicos sólo por la falta de vocaciones, sino que los tiempos de alejamiento de la sociedad está haciendo redescubrir la necesidad de que el laico se tome en serio su opción como cristiano. En la medida en que los laicos seamos conscientes de nuestra identidad y demos testimonio de nuestras vidas en lo cotidiano, florecerán vocaciones de todo tipo en el seno de la Iglesia.

Y en este contexto, en esta nueva sociedad es donde la Escuela Pía necesita de laicos que compartan el carisma, que sean de verdad seguidores de Jesús y de Calasanz.

También en este contexto es donde cobra más fuerza aún la vocación religiosa. Ahora es cuando más necesitados estamos los laicos y la sociedad del religioso. Ahora es cuando necesitamos referentes de entrega, de consagración total de la vida al Señor. Ahora es cuando a nuestros chicos y chicas de los colegios debemos mostrar de lo que es capaz Dios, de mover los corazones como para "nadar contra corriente". El religioso es el que cobra más valor en estos tiempos difíciles en los que aglutina laicos entorno a un carisma. Un carisma que no es de unos ni de otros, un carisma que es del Espíritu Santo y que fue concedido en primer lugar a Calasanz y después a todos aquellos que seguimos a Jesús al estilo de Calasanz. Nadie somos poseedores del carisma, sino que todos nos reunimos entorno a él para realizar el servicio al que nos llama en favor de los demás, desde una motivación más allá de lo humano.

En este contexto es en el que entiendo que no se debe soñar un proyecto de Calasanz sin las dos vocaciones, la laical y la religiosa. Las dos vocaciones se complementan y las dos nos enriquecen.

Los laicos estamos gozosos de que religiosos nos acompañen, de sentirles cerca en la misma tarea y en las preocupaciones en las que nos movemos. Y es fácil oír a los religiosos, en muchos casos, decir que redescubren rasgos de su vocación entorno a una comunidad de laicos que sueñan con el mismo proyecto de Calasanz, sintiendo en la misma línea a aquellos que intentan ser fieles al carisma desde otra realidad.

Por todo esto no sueño una Escuela Pía Laical ni con una Escuela Pía de los Laicos, sino con una Escuela Pía en que los laicos se comprometen con el carisma, se entregan a un ministerio y en la que religiosos y laicos somos fieles al carisma que recibió Calasanz y que día tras día buscamos que marque nuestro estilo de vida.
.