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Ser laico escolapìo

(Natxo Torrijos)

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Iglesia laical

(José Manuel López)

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Lar: Familias en ámbito escolapio

(Lar)

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Vivir en Lar

(M. Ángel y M. Lorente)

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¿Escolapios laicos, Laicos escolapios?

(Javier Gutiérrez)

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Carta a los miembro de la Fratern. Escolapia

(Lourdes Goicoechea)

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Unas líneas sacadas simplemente de mi experiencia. La vida va muy deprisa y no leo lo que debiera. Por tanto, no creo que diga cosas nuevas. Sólo espero que éstas sirvan para sentirnos unidos los lectores y el que firma en una misma dirección en el trabajo.

La Escuela Pía de Aragón ha dedicado el grueso de sus energías en la acción directa dirigida al tramo de la infancia y de la adolescencia, al menos en los últimos treinta años. Una edad en la que sólo hablamos de sembrar, de establecer las raíces de lo que se desarrollará en la vida adulta.

En lo tocante a la evangelización, un poco lo mismo: segunda evangelización (la primera generalmente venía ya hecha desde la familia), sacramentos de iniciación y… a volar. Algunos exalumnos volvían a tener contacto con nosotros en el momento de su boda y, salvo contadas excepciones, ahí terminaba todo. Que no está nada mal, por cierto. Echar buenos cimientos permite levantar edificios altos. En el fondo se trataba de preparar para una sociedad oficialmente católica. Las prioridades educativas iban, más allá de los resultados académicos imprescindibles, por el "conocer" las prácticas religiosas y formar la personalidad.

Nuestros alumnos salían ya al mundo del trabajo o a la universidad, con una madurez… que los alumnos de hoy no tienen cuando salen de nuestros centros. El mundo del trabajo les queda aún lejos. El de independizarse, mucho más. La adolescencia termina mucho más tarde. La juventud, mucho más.

Si vamos al campo de lo religioso, resulta que la sociedad no es "oficialmente" católica. Afincarse en la Iglesia es una decisión, no una herencia "inevitable". Y lo de herencia, en sentido bastante estricto, porque la familia ya no está haciendo la transmisión de la fe. Ni siquiera en las que eligen nuestros Centros para la educación de sus hijos.

Si lo situamos en el plano de las opciones religiosas resulta que chicos arrastrados por una sociedad en la que lo trascendente no tiene apenas presencia son invitados a hacer una opción contracorriente: la de vincularse con una institución formada por adultos que tiene muy mala prensa. ¡Menudo lo que les pedimos!

¿Una salida? Pues mostrarles una Iglesia formada no sólo por la jerarquía que la sacan por la TV (¡y vaya cómo la sacan!) sino por personas cercanas, felices y solidarias (por aquello de que lo de las ONG´s tan prestigiadas resulta ser un invento cristiano cuando aún no existía el Estado y porque resulta ser algo tan evangélico como que el César está por debajo de Dios). En la Iglesia puede que falten presbíteros y religiosos, pero lo que sobre todo faltan son laicos cristianos que no se definen sólo por su práctica dominical o por su coherencia doctrinal sino, sobre todo, por su coherencia de vida (en la familia, en el trabajo, en la acción social). Dicho en palabras serias: no por su ortodoxia sino por su ortopraxis.

Es una urgencia generar unos entornos de nuestros Centros en los que los adultos vivan su fe públicamente. Si esto ha de pasar por acercar los Colegios a las comunidades cristianas del entorno y viceversa, pues bien. Si lo más práctico es generar esas comunidades cristianas adultas en el entorno del Centro, pues también. A ello habría que dedicar atención, tiempo y lo que sea necesario. Sólo así los chicos tendrán una referencia de Iglesia.

Ser religioso parece difícil. Ser buen religioso desde luego que lo es. Pero tampoco se queda atrás ser laico cristiano: trabajar sin pisar a nadie; no mancharse con dinero sucio; ¡querer a todos!...; resistirse a tantas y tantas costumbres que se dan de patadas con el evangelio; y, si se forma una familia, ¡educar a un hijo! Los que estamos en la escuela valoramos a diario la importancia de la familia… Acompañar esa exigente vida, especialmente la de quienes han formado una familia, es una tarea perfectamente coherente con la visión de Calasanz especialmente en una sociedad en la que la escuela –y la educación extraescolar- cada vez tienen menos peso.

Vías de acción hay varias. Las más transitadas en nuestros Centros -escuelas de padres, apoyo a las asociaciones de padres y madres…- sólo son un posible preámbulo para llegar a lo que estamos hablando. ¿Otras? La catequesis familiar –alternativa a las catequesis de primera comunión que venimos realizando en varios Centros-, la animación de grupos de introducción bíblica, la generación de grupos de redescubrimiento de su fe, o de apoyo a los que ya la tienen pero la viven en solitario, el mimo para que los procesos extraescolares de fe con chicos –llámense Grupos Calasanz o como queramos llamarlos- se mantengan hasta que los chicos tomen decisiones personales respecto de la fe –hablamos de los veintivarios-… y las que se nos ocurran, pues, aunque haya muchas ya utilizadas, otras están por inventar.
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