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Unas líneas
sacadas simplemente de mi experiencia. La vida va muy
La Escuela Pía de Aragón ha dedicado el grueso de sus energías en la acción directa dirigida al tramo de la infancia y de la adolescencia, al menos en los últimos treinta años. Una edad en la que sólo hablamos de sembrar, de establecer las raíces de lo que se desarrollará en la vida adulta. En lo tocante a la evangelización, un poco lo mismo: segunda evangelización (la primera generalmente venía ya hecha desde la familia), sacramentos de iniciación y… a volar. Algunos exalumnos volvían a tener contacto con nosotros en el momento de su boda y, salvo contadas excepciones, ahí terminaba todo. Que no está nada mal, por cierto. Echar buenos cimientos permite levantar edificios altos. En el fondo se trataba de preparar para una sociedad oficialmente católica. Las prioridades educativas iban, más allá de los resultados académicos imprescindibles, por el "conocer" las prácticas religiosas y formar la personalidad.
Nuestros alumnos salían ya al
mundo del trabajo o a la universidad, con
Si vamos al campo de lo religioso, resulta que la sociedad no es "oficialmente" católica. Afincarse en la Iglesia es una decisión, no una herencia "inevitable". Y lo de herencia, en sentido bastante estricto, porque la familia ya no está haciendo la transmisión de la fe. Ni siquiera en las que eligen nuestros Centros para la educación de sus hijos. Si lo situamos en el plano de las opciones religiosas resulta que chicos arrastrados por una sociedad en la que lo trascendente no tiene apenas presencia son invitados a hacer una opción contracorriente: la de vincularse con una institución formada por adultos que tiene muy mala prensa. ¡Menudo lo que les pedimos!
¿Una
salida? Pues mostrarles una Iglesia formada no sólo por la jerarquía que
la sacan por la TV (¡y vaya cómo la sacan!) sino por personas cercanas,
felices y solidarias (por aquello de que lo de las ONG´s tan
prestigiadas resulta ser un invento cristiano cuando aún no
Es una urgencia generar unos entornos de nuestros Centros en los que los adultos vivan su fe públicamente. Si esto ha de pasar por acercar los Colegios a las comunidades cristianas del entorno y viceversa, pues bien. Si lo más práctico es generar esas comunidades cristianas adultas en el entorno del Centro, pues también. A ello habría que dedicar atención, tiempo y lo que sea necesario. Sólo así los chicos tendrán una referencia de Iglesia.
Ser religioso parece difícil. Ser
buen religioso desde luego que lo es. Pero
Vías de acción hay varias. Las más
transitadas en nuestros Centros -escuelas de padres, apoyo a las
asociaciones de padres y madres…- sólo son un posible preámbulo para
llegar a lo que estamos hablando. ¿Otras? La catequesis familiar
–alternativa a las catequesis de primera comunión que venimos realizando
en varios Centros-, la animación de grupos de introducción bíblica, la
generación de grupos de redescubrimiento de su fe, o de apoyo a los que
ya la tienen pero la viven en solitario, el mimo para que los procesos
extraescolares de fe con chicos –llámense Grupos Calasanz o como
queramos llamarlos- se mantengan hasta que los chicos tomen decisiones
personales respecto de la fe –hablamos de los veintivarios-… y las que
se nos ocurran, pues, aunque haya muchas ya utilizadas, otras están por
inventar. |
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