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Ser laico es
también una vocación. Uno no nace laico, del mismo
Dios me ha llamado a mí a ser laico y a ser escolapio. Amo ambas vocaciones y por ello necesito de la Fraternidad Escolapia, pues en ella ambas adquieren sentido pleno, en ella no hay una sin la otra, y viceversa. Dios me llama a sembrar en medio del mundo, en mi trabajo, en mi familia, en la sociedad en la que vivo. Me llama, por otro lado, a entregarme a un Evangelio leído y orado desde los ojos de tantos y tantos niños pobres. Niños pobres, faltos de todo; por favor, no reduzcamos la pobreza a lo material, pues el problema, en ocasiones, es mucho más grave. A veces el problema no es no tener qué comer, sino no tener con quién comer.
A lo largo
de mi vida, más bien corta, he ido avanzando por un camino unas veces
estrecho, otras, formado por amplias
Caminar junto a otros por ese camino sería, es y será duro en ocasiones, pero la meta, ese temblor, felicidad y esperanza que le recorre a uno el cuerpo cuando divisa el Pirineo desde arriba, desde las cumbres, hace que el camino recorrido sea el mejor regalo que Dios nos da. En Grupos Calasanz me enseñaron a ver la vida como una senda pirenaica que nos lleva hacia Dios. Descubrí allí la necesidad de caminar con otros. Si todos llegamos a esas cumbres fue por una suma del esfuerzo de todos, no por grandes heroicidades, sino por una pizca de apoyo, otra de entrega y grandes cucharadas de amistad.
Llegó el
momento de la Confirmación y no dudé en confirmar mi
En Jaire terminé de descubrir que mi vida no es sólo para mí, que mis dones, mis virtudes y mis errores también son para el mundo. Allí comencé a descubrir que hay opciones de vida cristiana más allá de la participación individual. Descubrí que existen otras formas de vivir, quizás más radicales e incluso arriesgadas. Allí descubrí que Dios pensaba para mí una comunidad que, en silencio y sin que nos enteráramos, se iba formando poco a poco. Hice, pues, con mi pareja, el año de discernimiento hacia la Fraternidad Escolapia de Aragón. Ahora, con una cierta perspectiva, descubro la acción del Espíritu en aquel proceso duro pero a la vez apasionante y hermoso.
El día 13 de
noviembre dijimos sí a un sueño, a un proyecto, a un
El Espíritu Santo sopla nuevos vientos para nosotros, y eso es toda una revelación descubierta entre todos. Ese viento del que hablamos nos dice que la Escuela Pía sigue siendo necesaria, actual, importante, que su misión y su carisma están vigentes y que Dios cuenta con ella para seguir creando Reino.
Sueño cada
día con una Escuela Pía abierta al mundo, que
Y
tú, ¿con qué sueñas? |
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