I. INTRODUCCIÓN.

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Escribo para los lectores de la Revista "Peralta". Y en ese sentido, las presentes líneas quieren ser una carta dirigida a todos ellos. Tema, el que nos ilusiona, anima, nos hace soñar, pero también, a veces, nos inquieta, es decir, el laicado. En estos últimos tiempos se habla mucho de él; se van dando, cada vez más por todas partes, señales de vida y de vida intensa; van desapareciendo oposiciones e incomprensiones; existen esperanzas y deseos de compartir esfuerzos y empeños, sueños y realidades, trabajo y vida, misión y carisma siempre sin que queden desdibujadas las diversas identidades. Pero no faltan tampoco momentos de desconcierto, de inquietud y aun perplejidad. Nada de todo esto nos tiene que asustar porque todo ello pertenece a la vida. Si no hay vida, no existen sueños; si no soñamos, ¡menuda vida la que llevamos! Y lo mismo sucede con las dificultades. Una vida sin dificultades, no es vida; unas dificultades que ahoguen la vida, no son dificultades, es la muerte.

II. EL MOMENTO ACTUAL

  1. Creo que podríamos distinguir tres situaciones diversas en el tema laical, aunque a veces los límites entre ellas no son fáciles de establecer con exactitud, y cada situación descrita puede amalgamar otras diversas. Se trata, pues, de un amplio mapa.

Primero, se encuentran lugares con un laicado en proceso "de desarrollo esperanzador". En ocasiones con realidades bien concretas, hechas vida y activas, en diversas demarcaciones. Se da vida y vida explícita en este campo. Hay mutua confianza entre el laicado y los religiosos. Se van encontrando cada vez más en el mismo barco, con iguales misiones a realizar, aunque cada uno tiene conciencia clara de lo que es y lo que quiere ser. La experiencia de estos grupos o comunidades es rica y se expresa en ocasiones en la vida misma, en programaciones, materiales elaborados, proyectos que señalan el camino recorrido y el reto de lo que se quiere recorrer en el futuro.

Segundo, en otros lugares yo hablaría de un "laicado en consolidación". Laicos y religiosos han ido descubriendo experiencialmente qué significa el contenido vital de las diversas modalidades de relación entre ellos. En consecuencia, se van estrechando los lazos, cada uno se va situando en su lugar, se van diseñando los pasos, es decir, se va internalizando lo que significa todo el tema laical, los laicos van viviendo cada vez más su participación e integración en la Orden como una vocación. Se ha superado lo "funcional" y se encuentra en fase de "vocación". Ser laico inserto en las Escuelas Pías tiene como horizonte no un trabajo más intenso, sino una vida más carismática o un deseo más transparente de vivir cristianamente en la Iglesia desde una misión, la escolapia.

Tercero, lo que llamaría un "laicado oculto", con tal que sea bien entendida esta expresión. Se trata de un laicado que no puede definirse desde una modalidad concreta. Pero no por eso es menos laicado comprometido con las Escuelas Pías. Se trata de laicos que están verdaderamente insertos en las Escuelas Pías según diversos acentos o peculiaridades; viven el contenido de lo que dice el documento de El laicado en las Escuelas Pías en las distintas modalidades, pero, por motivos diversos, por ejemplo, de sensibilidad, de modo de pensar de la demarcación, de empeño por procurar en principio más la vida que no de su clasificación, no se habla de modalidades, pero hay vida y verdadera. Lo llamo "laicado oculto" no porque no sean visibles estos laicos, que lo son y a veces con fuerza, sino por la desazón que se crearía en la demarcación empezar a clasificar estos laicos en modalidades.

  1. Entrando ahora en las distintas modalidades, subrayo algunos elementos:

  1. Veo que cada vez con mayor intensidad y mayor extensión, a veces hablando abiertamente de modalidad y otras sin usar esta expresión, se va atendiendo al colectivo que el documento de "El laicado en las Escuelas Pías" llama "Cooperación con la acción escolapia y con sus instituciones y obras". Creo no equivocarme si acentúo que hay preocupación, atención y empeño de dar formación a este colectivo. Y cada vez con mayor frecuencia se les va explicando a todos "lo carismático". Con acentos diversos, es verdad; con prácticas distintas, es cierto; en ocasiones de forma puntual, otras de maneras más programadas. Hay preocupación por tener materiales adaptados a este colectivo. Bien pronto aparecerá el "Manual del laicado" con temas de formación para quienes se encuentran en la modalidad de "Colaboración" y de "Participación en la Misión". Y porque es bueno que todos gocen de la riqueza de los demás, me parece importante que el material que se va produciendo en las diversas demarcaciones se haga llegar al Delegado del P. General para el laicado de forma que él lo pueda distribuir a quien lo necesite.

Como ejemplo práctico, me he dado cuenta en la visita de los Superiores Mayores de España a las demarcaciones de su propia Circunscripción la eficacia y las grandes posibilidades que ofrece la presencia de los laicos en la gestión de las Obras. Existen ya experiencias diversas y todas ellas ricas, que indican la identificación de muchos laicos con la Institución, y los efectos positivos que en dicho campo comporta tener profesionales que realizan el trabajo de su especialidad.

  1. Tengo conciencia también de otro colectivo de laicos que trabajan en sintonía con las Escuelas Pías y realizan este trabajo no sólo desde el empeño profesional, sino como explicitación y puesta en práctica de su ser cristiano. De otra manera, no sólo quieren realizar profesionalmente su trabajo, sino que lo hacen como "participación en la misión compartida con los escolapios". Se van situando en esta realidad vocacional más y más laicos. He de subrayar lo que tantas veces he repetido por activa y pasiva, que las modalidades no nacen como empeño de la Orden por clasificar (¡qué horrible palabra en este caso!) a los laicos, sino como vocación que presenta un laico a la Orden y que ésta trata de responder indicando un perfil, unos objetivos y un itinerario a recorrer para responder a lo que un laico le ha pedido. No es que la Orden "ande a la caza de laicos", sino que la Orden "responde" a los laicos que a ella se han dirigido. Ocurre algo semejante a lo que sucede en la pastoral vocacional. La vocación procede de Dios y la Orden responde a una persona que dice haber recibido la llamada de Dios con un discernimiento, lo que no quita que haya que tener campañas vocacionales, no para "andar a la caza de vocaciones", sino para evidenciar las que ya existen y las ha dado Dios. Muchas veces algunos piensan que el tema laical o el de las modalidades es ir a "atrapar" a la gente y clasificarla dentro de una modalidad Quien así lo entiende, no ha entendido nada.

Como ejemplo concreto, pongo el de África. Acaban de tener la reunión de la Familia Calasancia y hay que ver la riqueza del laicado que aparece en las actas y que sin duda responde a realidades concretas de las demarcaciones africanas.

  1. Me admiro de la fuerza con que va naciendo el tema de las Fraternidades. Estamos aquí compartiendo, desde la identidad de cada uno, vida, espiritualidad, misión y carisma. Esta modalidad o forma ha sido llamada "Integración carismática".

Vosotros, los de la Provincia de Aragón, habéis constituido ya vuestra Fraternidad provincial. Creo que fue un momento importante, un paso decisivo. Mi presencia quiso ser un respaldo institucional, un animar a los componentes de la Fraternidad, un gesto significativo también ante toda la Provincia. La Orden apoya, anima, impulsa cuanto hagáis en ese contexto. Ahora es preciso irla cuidando. Y esto significa profundizar en las tres líneas que bien conocéis. Profundizar la espiritualidad, que significa vivir el cristianismo desde las claves de Jesús leídas y encarnadas al modo de Calasanz. Lo calasancio (dejarme decir algo más que evidente) no desplaza o se aparta de lo evangélico. Más bien lo concreta carismáticamente. Y ahí se requiere formación. Otra línea, la misión. La misión consiste siempre en evangelizar, en proclamar la Buena Noticia, y en concreto a los niños y jóvenes, de una manera especial a los abandonados. Línea que cada uno ha de vivir según su realidad, sus posibilidades, y en cuanto sea capaz atendiendo a los olvidados o pobres. La tercera línea ha de ir concretando la comunidad. Lo haréis según vosotros creáis, pero ya tenéis ejemplos de las distintas maneras como se puede vivir en comunidad; existen ya en otras Fraternidades diversos modos concretos de encarnarla. Y así, con todo ello, compartís la vida. Para evitar equivocaciones, recordemos que todo esto va realizado sin que ni religiosos ni laicos pierdan su identidad, antes al contrario conscientes de que la mutua relación puede aclarar y consolidar las identidades. Y todo ello teniendo en cuenta cuanto va saliendo de la Orden, con pasión de hijos y deseo de colaborar.

  1. No olvidéis finalmente la "Comunidad cristiana escolapia". Viene definida en el Directorio del laicado. Cada una de nuestras Obras o presencias necesita una comunidad de fe como referencia. Esa comunidad es la Comunidad cristiana escolapia. Formada en su núcleo por los escolapios y miembros de la Fraternidad, a los que se añaden cuantos quieran vivir su fe en referencia a esa comunidad, con esa comunidad, participando de esa comunidad. Dice, pues, relación a la fe.

III. SUEÑOS, PERO NO DE QUIJOTE.

Os he dicho que es bueno soñar. Es "difícil" creer en los sueños porque con frecuencia se manifiestan en forma simbólica, y es "peligroso" creer en los sueños porque pueden ser interpretados desde claves freudianas. Pese a todo, aquí van.

Plagiando una famosa frase yo también os digo: "He tenido un sueño" en el que he visto:

  • Que la vida laical va por delante de los papeles.

  • Que la vida laical no viene ahogada por documentos y más documentos.

  • Que se van aclarando las cosas a través de un diálogo maduro y un discernimiento auténtico.

  • Que laicos y religiosos van sintiéndose más hermanos, más unidos en la colaboración en la misión que Calasanz ha recibido de la Iglesia.

  • Que existe un espíritu abierto en todos, sin que nadie quiera cerrar puertas que pueden abrir nuevos horizontes.

  • Que aparecían profetas que nos enseñaban a caminar con audacia, atrevimiento, sin miedos, pero con serenidad.

  • Que no existen falsos profetas de mal agüero que intentan cerrar caminos a un horizonte nuevo y profético.

  • Que los laicos van ocupando los lugares y responsabilidades en los que son más expertos que los religiosos.

  • Que se generaba una unidad en la Orden, dejando lugar a las diferencias que presenta cada uno, siendo éstas riqueza para todos.

  • Un gran río, formado por los laicos y religiosos, en el que se profundizaba, desde identidades diferentes, la espiritualidad, la misión, la comunidad y la vida escolapias.

He tenido un sueño maravilloso: que las Escuelas Pías, formadas por laicos y religiosos, con identidades distintas y pertenencias diferentes, volvían a hacer renacer con mayor fuerza el carisma de Calasanz y su servicio a la Iglesia del siglo XXI.

IV. DIFICULTADES, PERO QUE NO MATAN.

Cuando me he despertado del sueño, que no por ser sueño es menos realidad (también en los sueños hablaba el Señor), me han nacido, por mi debilidad y pecado, algunas inquietudes. Como éstas, que:

  • No rechacemos los miedos a lo que puede surgir de la íntima relación entre religiosos y laicos.

  • No nos atrevamos a caminar con audacia y valentía.

  • Dejemos todo por temor a equivocaros, equivocándonos así más.

  • No saquemos conclusiones abiertas y útiles de nuestras posibles equivocaciones.

  • No trabajemos por avanzar e ir tanteando, si fuera necesario, para dar nuevos pasos.

  • No comprendamos la riqueza que significa el laicado para la Orden.

  • No demos a los laicos el protagonismo que deben tener en los diversos campos de nuestra realidad.

  • Creamos que un laico es menos que un religioso o que el religioso aventaja no sé en qué ni porqué a un laico.

  • Los veamos como competidores y no como hermanos en su vivencia escolapia laical.

  • No nos abramos a las posibilidades que nos aportan.

Después del sueño tenido y al ver que al despertarme me venían esas y otras inquietudes, he hecho el esfuerzo por despejarme, he mirado la realidad actual, antes mencionada, y al final, con inmensa alegría, he sentido que más puede un sueño que mil inquietudes.

Roma, 4 de febrero 2005

Miguel Ángel Asiain