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Parto por confesar que no estoy, ni mucho menos, a la altura de ninguno de los que se han ido asomando a las páginas del Foro en Ephemerides en los últimos meses. Confieso que no poseo conocimientos teológicos suficientes como para entrar en mayores profundidades. Me acerco al foro con humildad y casi con la impresión de hacer un poquito el "ridi". Pero, todo sea por la causa.
Me parece
admirable el esfuerzo sostenido de la Orden por
Al mismo tiempo, desde que se está dando un cuerpo más teológico, canónico y jurídico al tema de las relaciones entre los religiosos y los laicos, siento que me pierdo un poco. Reconozco que es culpa mía. Era más fácil cuando se hablaba sólo de los laicos y de la forma en que los religiosos escolapios nos acompañan, animan y hacen participar en el carisma. Entiendo que es del todo necesario hacer todas esas distinciones, especialmente cuando entramos en el juego muchos que no somos expertos y podemos confundirnos.
Me llené de
renovado gozo y entusiasmo cuando nos permitieron
Lamentablemente está instalada en la mente de muchos, incluso educadores con algún nivel de compromiso y vivencia de un cierto estilo calasancio, que el religioso y/o sacerdote está en una escala superior. Esto se complica aún más si - como es obvio - las relaciones entre muchos de los profesores y la Escuela Pía (léase colegio o comunicad religiosa) son básicamente contractuales y que cuando ese aspecto entra un poco en crisis, por las razones que sean, se hace más pesada la pista para hablar de misión compartida. Es cierto que eso no ocurre con tanta fuerza entre los que tienen más claro que su pertenencia a una obra escolapia es mucho más que contractual. Por otro lado, ocurre demasiadas veces, hace más ruido el primer segmento que el segundo. Por eso que, hablando un poco en general, desandar caminos para sintonizar a todos desde el principio no siempre es fácil.
También es
lamentable que el lenguaje, en ocasiones, confirme un
Seguramente estoy mezclando muchas cosas. Ustedes me disculparán, espero. Pero, ¿cómo evitar que al reflexionar y meditar sobre la pertenencia al carisma y el compartir la misión el laico vaya un poco más allá de lo que pueda significar su seguridad laboral - en ello se va la vida - y que el religioso sea capaz de experimentar un poco la inseguridad o algunas carencias o sustos, también como si en ello le fuera la vida?. Muchas veces la conclusión, triste y lamentable de muchos, es que el religioso no tiene nada que perder porque lo tiene todo seguro y garantizado porque él es el "dueño", pese a que, tal vez sus niveles de desempeño, espero que no los de coherencia con su ser religioso, sean inferiores a los del laico. El P. General, en su reciente visita a Chile, nos recordaba la urgente necesidad que tenemos todos de dar un paso más y empezar a experimentar aquello de la gratuidad. Claro que eso también hay que educarlo. Y creo que ahí tocamos uno de los pilares de todo esto que le está ocurriendo a la Orden con el regalo agregado de la discusión sobre la misión compartida. De alguna manera esta lección de la gratuidad no la hemos pasado bien o no hemos invitado a experimentarla en condiciones. Y esto de la gratuidad creo que va para todos, más ciertamente para los laicos. El Padre General nos hablaba, en el mismo contexto, de que por generaciones el escolapio religioso se dio por entero, muchos lo siguen haciendo, intensiva y extensivamente, en los patios, catequesis, labores de administración y otras. Es obvio que eso es pura gratuidad o hacer efectiva la vocación las 24 horas del día, no sólo las contractuales. Entiendo que desde la gratuidad, considerando también que también es gratuito para el laico ser invitado a participar del carisma, seguramente se nos harían menos difíciles algunos acercamientos, desaparecerían sospechas y recelos mutuos y, con más serenidad, se podrían profundizar aún más los aspectos de nuestras relaciones mutuas que tengan que ver con lo jurídico y/o canónico. No me parece que demos una buena señal si nuestra discusión se centra sobre todo en los aspectos jurídicos o canónicos. No creo que el alma de la Escuela Pía se juzgue en ese terreno. Tampoco creo que en ese mismo territorio se nos vaya aquello de participar en la totalidad o en parte del carisma. De nuevo el lenguaje nos traiciona y nos hace llegar a la conclusión de que tomar parte significa "sólo tomar una parte" no el todo. ¿Nos lleva a alguna parte plantear así el debate?. Insisto en que el problema no es semántico, por más que ella nos pueda echar una manito en algún momento. Pero esto de sí pero no, aparece también como te quiero pero sólo por un rato. Por supuesto que es el trato, la convivencia, el conocimiento y aprendizaje de qué es la Escuela Pía para mí lo que me dará apetito de querer saber más para amar más y viceversa. Por lo mismo mi aporte es pedir que, todos los que estamos embarcados en el proyecto de la Escuela Pía, desde nuestra peculiar posición, nos afanemos, recemos, compartamos, dialoguemos y revisemos los documentos para crecer en nuestro compromiso. Lo otro, lo teológico, canónico y de las Reglas, que es de suma importancia, creo que tiene demasiados bemoles como para ser encarado por quienes no tenemos la preparación. Me parece que es una empresa muy noble y compleja para los que somos legos en la materia.
Estoy
convencido de que cuando el Señor asegura la permanencia de la Iglesia,
implícitamente lo hace de la Escuela Pía como manifestación y forma
concreta de ser iglesia en el ámbito esencial
El mismo Padre General no se cansa de afirmar que el religioso tiene que ser religioso y que lo que está ocurriendo no es ceder espacios de identidad. No soy teólogo ni me atrevo a pensar que la vida religiosa podría tener otras facetas. Tampoco sé si cambiar el modelo de vida religiosa significaría renunciar a su esencia. Supongo que todo dependería de lo que se cambiara. Es inimaginable una Escuela Pía sin escolapios religiosos. Durante muchos años existió prácticamente sin laicos ni en lo carismático ni, por supuesto, en lo jurídico, por más que la presencia y trabajo de los laicos con los religiosos se pueda documentar desde casi los orígenes. ¿Podríamos hoy imaginar una Escuela Pía fiel a su carisma de evangelizar educando sin laicos?. Si la mano viene así, lo que tal vez necesitemos con más urgencia, religiosos y laicos, es retomar la tríada "mágica" de santidad, audacia y creatividad y aplicarnos, desde la oración y la reflexión, a soñar la Escuela Pía que, manteniéndose fiel, incorpore, sí ponga en su cuerpo y esencia, el aporte y presencia de los laicos y que, con ellos y desde ellos, siga siendo Escuela Pía, no otra cosa. El lema de alguna de las jornadas vocacionales en Roma era "proponer con audacia nuestra vocación"… ¿sería posible replicar el slogan no sólo para la vocación religiosa sino también para la escolapia laical?. Se me ocurre que, desde la oración, el trabajo y la reflexión compartidos, el Señor irá iluminando nuestra audacia y creatividad y poniéndole el sello de su santidad a las propuestas que se nos vayan ocurriendo en torno a los modos.
Me da un
poco de pena la recurrencia a los aspectos de la
Entiendo que
son necesarios los procesos para ir creciendo en vinculación y
compromiso, para ir integrándose carismática y jurídicamente. Esos
aspectos, del todo punto necesarios, dejémoslos a los especialistas.
Considero que mi vinculación a la Escuela Pía no puede ni partir ni
mantenerse desde la óptica jurídica sino desde la atracción que ha
ejercido y sigue ejerciendo en mi vida, del regalo que ha supuesto para
mí el haberlos encontrado o que ellos me hayan encontrado a mí. Es mi
vivencia de compartir el carisma y la misión. Eso estimula y motiva mi
permanencia, a sabiendas de que por mi estado de hombre casado, con
hijos y una cierta edad, me quedé "fuera de algunas consideraciones de
tipo jurídico" que supondrían, como condiciones, carecer de alguna de
esas características. La verdad es que eso, finalmente, no es lo más
importante. Creo firme, gozosa y responsablemente, que vengo
participando e integrándome carismáticamente desde hace años y que los
cambios producidos en mi, debido a mi estado "laico" no me han impedido
integrarme y hacerlo incluso con más fuerza. No me pasa por la mente
partir directamente preguntando o interesándome primeramente por los
derechos que tengo por esa integración. Me suena más bien desafinado y,
a mi juicio, si se diera ese tipo de intereses o motivaciones profundas
para la integración, significaría la primera señal de habernos
equivocado. |
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